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El Encín: Un soto casi prohibido

El Encín: Un soto casi prohibido

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 13 de mayo de 2009, 00:00h
Actualizado: 14/05/2009 12:21h
A tan solo unos minutos de los núcleos urbanos de Meco y Alcalá la naturaleza crece exuberante junto al río Henares. Madridiario ha visitado el Soto de El Encín, una de las joyas del patrimonio verde de la región, que abrirá al público en unos meses.
El agua fluye con tranquilidad, los diferentes graznidos de las aves se superponen unos a otros, el color verde necesita adjetivos y el frescor de la tierra sube por los pies. En el Soto de El Encín, uno de los lugares más cuidados del Soto del Henares, la naturaleza se convierte en una experiencia para los sentidos de los niños que acuden al centro educativo de Naturalcalá y sus trabajadores, así como para los del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural (IMIDRA), que tiene reservadas algunas zonas de este paraje para desarrollar su trabajo.

Por ahora, no se puede acceder a esta parte del Soto de Henares, que ofrece una buena muestra de la vegatación riparia del centro peninsular, aunque hay gente que lo hace utilizando una vía de servicio. Sobre todo son personas que, saltándose la prohibición de pescar, acuden a ver si pica alguna carpa y, a veces, dejan un rastro de basura, según comenta Ricardo Domínguez, técnico del departamento de gestión ambiental de Naturalcalá.

A falta de una ordenación de los recursos naturales de las más de 300 hectáreas protegidas por leyes regionales de la ribera del Henares fuera del Parque Regional del Sureste, la empresa pública Naturalcalá prepara un Plan de Gestión para la parte de El Encín. El objetivo, según explica Domínguez, es regular las visitas y otras actividades que podrían resultar dañinas, y así poder abrirlo al público, lo que esperan que pueda producirse antes de que acabe el año.

Torcecuellos y regaliz
Hasta ese momento el Soto de El Encín, con casi 100 hectáreas, seguirá siendo un casi bosque privado, en el que los álamos con sus hojas temblorosas, los chopos plateados o las flores rosas de los tarays acompañan al paseante por la senda que bordea el río. Además, hay otras especies propias de las riberas de los ríos, como sauces, fresnos y olmos.

Junto a los altos árboles crecen hasta 206 tipos de plantas vasculares -esto es, con su tallo y sus hojas-, según el recuento que lleva un investigador del IMIDRA que pasea en busca de nuevos hallazgos y que se convierte en la única persona mayor de 16 años, sin contar monitores, con la que una se encuentra por estos parajes entre semana. También reseña que junto al Henares crecen ejemplares de paloduz, la planta protegida de la que se extrae el regaliz.

Toda esta vegetación es el refugio ideal para un montón de animales. Junto al jabalí, la jineta, el ratón lagunero o el conejo -que está provocando problemas por superpoblación también aquí- hay muchas aves, y no sólo acuáticas aprovechando el cauce y las lagunas artificiales, sino también rapaces como las águilas calzadas y perdiceras o el halcón peregrino y aves tan curiosas como el torcecuellos que gira su cabeza como la niña de 'El Exorcista', si se siente amenazado.

Pérdida de virginidad
La ribera del Henares a su paso por El Encín va perdiendo virginidad según nos alejamos del agua. La actividad investigadora y la agricultura llegaron a transformarla, pero desde hace años se vienen realizando trabajos para devolver la vega a su estado natural. Comenzó el IMIDRA en el año 1993 y los retomó Naturalcalá en 2006 cuando se hizo cargo de la gestión de este espacio, en el que se ha ampliado la escuela de educación ambiental y donde se construirán al otro lado de la A-2 un complejo deportivo, con dos campos de golf.

El último plan de mejora contemplaba la retirada de escombros, la mejora de algunas instalaciones, el soterramiento de un kilómetro de líneas de media tensión o la plantación de 12.000 árboles y 7.000 arbustos, así como el apeo de los que estaban secos o enfermos. Donde se vuelve casi innecesaria la mano del hombre para que naturaleza se multiplique es en la franja de la finca más cercana al Henares, como puede comprobarse viendo crecer nuevos árboles que solo han necesitado el impulso del viento para arrastrar la semilla y la humedad del lugar para salir adelante.
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