La instalación eléctrica de una vivienda no es algo que se renueve a menudo. De hecho, en muchas casas es tan antigua como la construcción de las mismas, por lo que presentan problemas que se deben al paso del tiempo. Estas instalaciones no suelen ser seguras, de manera que conviene cambiarla por completo. Si crees que la tuya ya es muy vieja, haz clic en este enlace en donde te darán toda la información necesaria para renovarla.
Falta de toma de tierra
Si el cableado de la vivienda tiene ya más de 40 años, no es raro que los enchufes no posean conexión a tierra, o que solo la tengan algunos en la cocina o en el baño. Ver si hay conexión a tierra es tan sencillo como desconectar la electricidad y desmontar un enchufe. Debería tener tres cables, con uno de color verde y amarillo.
Cuando ese tercer cable de dos tonalidades está presente, significa que ese enchufe tiene toma de tierra. En el caso de que el enchufe esté en un dormitorio, una sala de estar, etc., lo usual es que el resto estén conectados a tierra (habría que verificar si luego esos cables están enchufados a una pica puesta en el suelo).
Es muy importante que exista esa conexión a tierra, pues es lo que previene que las personas sufran descargas eléctricas cuando algún electrodoméstico no funciona bien, hay derivaciones, etc.
No tienen capacidad suficiente para soportar la demanda de los dispositivos modernos
Otro problema muy común es que las instalaciones antiguas no están preparadas a la hora de soportar los dispositivos que se usan ahora. Esto se puede ver en la sección del cableado, que es muy fina. De ese modo, eso supone un problema y un peligro al enchufar electrodomésticos como un radiador, puesto que el cable se llega a calentar y puede arder.
Otra situación que también se da es la falta de potencia contratada. Hace décadas no se necesitaban tantos kW en las casas, por lo que ahora el contador no deja de “saltar” por un exceso de potencia consumida.
Aquí surge un gran inconveniente. Para subir la potencia contratada, las diferentes comercializadoras solicitarán un boletín. Los de estas viviendas están obsoletos y ningún electricista firmará uno con una instalación tan vieja.
Los cables se han deteriorado
Los cables actuales están hechos con aislantes plásticos que son casi eternos. Sin embargo, es muy común que los de los más antiguos no sean igual de duraderos. En muchos casos, incluso se puede ver que están aislados con tela.
Eso multiplica el riesgo de incendios y cortocircuitos, más cuando la instalación está hecha por fuera de la pared y expuesta a la humedad, golpes de los muebles, etc.
Empalmes hechos de cualquier manera
Puesto que no se necesitaba una potencia como la actual, a la hora de hacer empalmes no se pensaba mucho. Tanto es así, que no es extraño encontrar cables que se empalmaban retorciéndolos entre sí y protegiéndolos con cinta aislante.
No se empleaban las clemas o las regletas como las que hay ahora, así que los fallos eléctricos están a la orden del día, por no decir que son un riesgo para la seguridad de las personas que habitan esa vivienda.
Protecciones anticuadas y que no funcionan bien
Todos los reglamentos de instalaciones de baja tensión han ido cambiando con el tiempo. Con el paso de los años se han hecho más rigurosos y eso ha impedido una gran cantidad de accidentes.
Así, los cuadros antiguos tienen protecciones que no reaccionan bien ante las sobrecargas o las derivaciones. Además, es posible que no salten hasta que ya sea demasiado tarde (cuando el usuario se ha llevado una descarga).
Otro de los problemas que dan es que pueden saltar continuamente. Los magnetotérmicos se estropean y bajan sin motivo, al igual que ocurre con los diferenciales. En muchas casas antiguas piensan que esto es por algún problema con un electrodoméstico, pero lo cierto es que es debido a los años que ya tienen estas protecciones.
En este aspecto, otro fallo es que las instalaciones no están bien segmentadas. Por ejemplo, tienen todos los enchufes en un magnetotérmico y lo mismo ocurre con las luces.
Esto hace que, si hay un problema en un enchufe de una habitación, todos los de la vivienda se queden sin electricidad con las molestias que ello conlleva. Hay casos más graves, en los que ni siquiera hay diferenciales y magnetotérmicos “modernos”, sino lo que antes se llamaban “los plomos”, que no protegían y controlaban toda la casa en un único dispositivo.
Cables dispuestos al azar
Las instalaciones actuales están estandarizadas. Los cables van del cuadro eléctrico a las distintas estancias. En todas ellas hay una o varias cajas de registro, desde las que se hacen los empalmes y se llevan los cables a las llaves de la luz y a los enchufes. Cuando hay una avería esta es sencilla de arreglar, pues todos los electricistas saben por dónde transcurren los cables.
En viviendas antiguas esto no es así. Los cables no se pusieron siguiendo un estándar, sino que se instalaban según se iban necesitando. Por eso, saber por qué zona transcurre el cable de un enchufe o una llave es toda una odisea.
Sobrecarga en los enchufes
Hace ya muchos años en las casas apenas había electrodomésticos. Por eso, la cantidad de enchufes es bastante escasa. Una solución es poner regletas, que multiplican las tomas de corriente de las diferentes estancias. Esto, en muchas ocasiones, crea problemas porque se sobrecargan.
Siempre hay que mirar los kW que aguanta la regleta, sumando los de cada uno de los electrodomésticos que enchufemos. No siempre se hace y al final se sobrecargan los enchufes, los cuales terminan hasta por derretirse. Además, no hay que olvidar que estos no están en su mejor estado debido a lo viejos que son y que lo mismo pasa con los cables.
Corrosión en las conexiones
Otra situación que se suele dar, en especial en entornos húmedos, es la de la corrosión de las conexiones. Sótanos, garajes subterráneos, cocinas, baños, etc., son lugares muy dados a padecer este problema. Tanto los cables, como en especial los tornillos con los que se realizan las conexiones, se terminan corroyendo.
Eso hace que la conductividad empeore y que existan fallos. Uno de los típicos es accionar el interruptor de la luz y que esta solo encienda algunas veces.
Dificultad a la hora de encontrar repuestos
Arreglar una instalación eléctrica con muchas décadas es complicado, ya que no hay piezas de repuesto. Algo tan simple como cambiar un enchufe es difícil, puesto que ese tipo de enchufes hace décadas que no se fabrican y los nuevos no mantienen las mismas medidas. De hecho, hay que buscar modelos que las marcas denominan “antiguos” y que aún tienen en stock (lo que no sucede en todas las compañías que venden accesorios eléctricos).
Si no se encuentran, no queda más remedio que dejarlos a medio colocar o realizar un agujero mayor en la pared, pudiendo poner así una caja nueva y un enchufe de los actuales.
Los enchufes no admiten las clavijas de los electrodomésticos de gran consumo
Comparando la clavija de un cargador de un smartphone con la de un radiador, enseguida se ve que son muy diferentes. Debido a su consumo, las patas de la clavija del radiador son más gruesas. Esas patas no entran en los enchufes antiguos, por lo que hay que comprar adaptadores que no siempre funcionan bien.