Negar a la Ciencia vuelve a ser hoy, en pleno siglo XXI, una decisión de alto riesgo. Hace quinientos años era la ciencia quien negaba a la fe, y sus actores acababan abrasados en la hoguera. Hoy es la fe la que niega a la ciencia y sus actores también acaban en la hoguera de los inquisidores mediáticos. Parece como si cuestionar la eficacia de las vacunas en fase 4 de experimentación contra el COVID-19 te convirtiese de repente en un hereje, en un anti algo, y algunos pro vacunas, valedores de la fe ciega que profesan por la ciencia, ya se encargan de señalar, estigmatizar o marginar a esos insolidaridarios herejes.
¿Pero que sería de la ciencia si no fuese permanentemente cuestionada? Pues algo parecido a la religión, que no evolucionaría. Copérnico, Galileo, Darwin o Einstein, ridiculizados y estigmatizados primero, son notables ejemplos que cuestionaron a la ciencia de entonces provocando una auténtica revolución en ésta a posteriori. Los grandes filósofos de nuestra historia cuestionaron a su vez los principios del pensamiento humano para conducirnos a nuevos destinos filosóficos. Y los actuales eruditos de la física cuántica cuestionan si la realidad que percibimos no es, ni más ni menos, que una más de las probabilidades infinitas que nos brinda la Teoría del Todo o de los Universos Paralelos.
El Ordenamiento Jurídico español, a día de hoy, no establece ninguna obligatoriedad para que las personas residentes en este país sean vacunadas o se les administre forzosamente un antidepresivo; igual que tampoco establece ninguna obligatoriedad para que los españoles lleven a sus hijos a un colegio público, del Opus o de la pedagogía Waldorff; o igual que dispone que nadie puede ser discriminado por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Este país todavía garantiza un elenco importante de derechos y de libertades que costaron mucho sudor y lágrimas y que no deberían ser cercenados. Cualquier estigmatización, señalamiento o marginación del que piensa diferente es un atentado contra lo dispuesto en nuestra Carta Magna. El apartheid que pretenden algunos dirigentes políticos (apoyados por determinados medios de comunicación de proyección nacional) contra los que han decidido hacer uso de su libertad a decidir no ser inoculados de una vacuna en fase experimental contra la Covid es una auténtica ignominia. Esta actitud mediática y política solo propicia la confrontación social además de poner en entre dicho verdaderos valores constitucionales.
Que Novak Djokovic mienta sobre su estado de salud y se mezcle con otras personas con riesgo de contagiarlas es merecedor de reproche, pero que haya decidido no vacunarse es un derecho legítimo que no debe ni puede ser censurado.
Así que... señores y señoras políticos y periodistas... las personas que han decidido no vacunarse no son anti nada, no son negacionistas, ni ultraderechistas, ni insolidarios sociales… son, tan solo, personas que ejercen sus derechos constitucionales por razones diversas como… desconfianza, miedo, convicciones, etc.
Señalar y estigmatizar como chivos expiatorios discriminando al que legítimamente ha decidido no vacunarse es, a mi humilde parecer, algo que resta, y ya hay bastantes personas que restan en España cuando lo que nuestro país necesita es… SUMAR.