Constantino Mediavilla ha muerto. El artífice y alma de Madridiario se marchó el sábado 15 de junio. Ese día, mi hija Leire me mandó un mensaje anunciándome su fallecimiento y diciendo ‘lo siento’. Me quedé parado y no supe reaccionar. Los recuerdos vinieron a mi memoria. El día que se reunió el jurado de los últimos Premios Madridiario, que cada año premia a los mejores en cada apartado, me tocó sentarme a su lado. Me extrañó verle acompañado de un andador. Ya me dijo que la enfermedad que padecía hace años golpeaba más duro y con más intensidad. No perdió su ironía habitual y hasta pidió ayuda para levantarse a saludar al presidente del Atlético de Madrid que estaba en el mismo restaurante. También me comentó que ahora sentía en su propia piel las barreras arquitectónicas que tanto denunciamos las personas con distintas capacidades. Días después, recibió otro premio, el enésimo que recibía en su larga carrera profesional. Le felicité y me pidió que le dedicara alguna de las columnas que escribía en su diario digital. No me dio tiempo a hacerlo y lo hago ahora.
He de retroceder mucho en el tiempo para traer a mi memoria sus recuerdos. Me llevó a tertulias televisivas de un canal que entonces controlaba. Todo se grababa en un local de un barrio de la capital que parecía un garaje o un taller de no sé qué. Era de fiar porque no había personas ni grupos políticos o vecinales vetados. Siempre supo de qué pie cojeaba yo y nunca recibí sugerencia alguna sobre mis escritos.
Más tarde abrió este diario digital, uno de los primeros en la región madrileña, y mostró su gran interés en la información local y autonómica. Solo informaba y pasaba de bulos, mentiras y demás argucias para señalar y descalificar a nadie. Era amigo de todos. Su periódico se ganó la confianza de muchos. Era Cronista de la Villa y recientemente recibió la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo. No le faltaban medallas, reconocimientos ni amigos.
Llevó su enfermedad con entereza. Vivió y murió como un jabato. La RAE dice que además de cría de jabalí, jabato es alguien valiente, osado, atrevido. Estuvo trabajando hasta el último día, murió con la pluma puesta en su mano y deja una gran huella en el periodismo local y regional. Constan aguantó hasta el final como un jabato. Descansa en paz, koleguita.