Uno de los episodios más trascendentales a la par que tristes de la historia de España es la historia de Juana I de Castilla, Juana la Loca, con mayúsculas.
Una mujer a la que le fue arrebatado todo cuanto ella quería, su corona, sus hijos, su marido.
En un mundo gobernado por los hombres una mujer debe tener más testosterona que todos ellos juntos para hacerse respetar y a pesar de que Juana fue educada a imagen y semejanza de su madre, Isabel la Católica, su primogénita no tuvo la fuerza, ni el empuje de su madre para hacerse con el poder y evitar que los conspiradores aprovecharan la “debilidad emocional” de Juana para tomar un lugar que solo a ella correspondía.
Fue mujer, esposa y madre antes que reina. Era lo que ella quería ser. Y esa “flaqueza” fue aprovechada por sus enemigos para apartarla de la vida en la corte, para silenciar su voz.
Una voz que ahora resuena poderosa, alta y clara sobre las tablas del teatro gracias al enorme talento interpretativo de Mar Galera quien es Juana en el teatro Arlequín. La actriz se declara “mero instrumento para transmitir una realidad perdurable a día de hoy como es la de muchas mujeres que solo por su condición han sido y son silenciadas”. Y ahora a través de Juana, alzan su voz: “es la misión por encima de la profesión” declara la actriz.

Sobre el escenario se mezclan la dulzura y el encanto romántico de las flores, con la austeridad de una única estancia ocupada tan solo por una mesita, una cama y un tablero de ajedrez, que le sirve a Juana para contar su historia, una historia de sentimientos, soledad, desesperación, delirios y lucidez de una mujer que, como bien justifican los creadores de esta obra “si estuvo loca no le faltaron motivos”.
Juana dialoga consigo misma, con su hija Catalina, la última que le arrebataron, con los dioses y con los fantasmas de aquellos que la traicionaron y la pusieron en el centro de una trama de poder que la despojó de sus derechos.
El rico mundo interior de Juana hizo soportables sus cincuenta años de encierro, al que en realidad consideraba como un retiro que le ayudó a trascender el dolor, al amor y el perdón, “esto es lo más catártico de la obra”, según nos cuenta Mar Galera, que a nadie deja indiferente permitiéndonos conocer de manera mucho más cercana a un personaje único en la historia de España.
Hasta el 25 de julio tendremos oportunidad de disfrutar en el teatro Arlequín de la capital de una representación que emociona con una puesta en escena sencilla pero cargada de una energía brutal que descarga sobre las tablas del teatro una sola actriz en el papel de Juana.