La música y el régimen nazi han dado mucho juego, sobre todo para el cine. No es tan habitual que esa conjunción suba a un escenario. Lo hizo de manera extraordinariamente jocosa en el musical de Mel Brooks, Los productores, donde se representaba una hilarante Primavera para Hitler.
Juan Carlos Rubio suele escribir muy pegado a la actualidad, con personajes y situaciones de nuestro tiempo. A principio de año estrenó en Madrid Una madre de película y ahora tiene recorriendo la geografía española El novio de España y Querida Agatha. Seguramente en estas dos comedias -y En tierra extraña- se ha aventurado a sacar a escena personajes reales del pasado: Concha Piquer, Lorca, Rafael de León, Carmen Sevilla, Luis Mariano y Agatha Christie.
En Música para Hitler, Rubio y Yolanda García Serrano, presentan a un protagonista de excepción en una situación dramática que fue real. El violonchelista Pau Casals, uno de los grandes artistas del siglo XX, aparece en el año 1939 en la localidad donde se ha exiliado. Casals tiene entonces 66 años y está acompañado por Titi, su actual pareja, con la que no puede casarse porque su esposa no le concede el divorcio. Junto a ellos, una joven sobrina, Enriqueta, que tienen tutelada.
El músico recibe una visita inquietante: un teniente que le lleva la invitación para tocar ante Hitler. Una invitación que más parece una orden porque los nazis ya vigilaban a Casals. La invitación existió y la negativa a aceptarla, también. Al militar se le presenta un dilema, porque también es violonchelista, reconvertido en soldado. Y admira profundamente al maestro. Partiendo de la situación real, los autores elaboran una trama en la que no todo lo que pasa, o se cuenta, tiene por qué responder a la realidad. Lo que pretenden que reflexionemos sobre la conveniencia de no repetir los errores del pasado, que no convirtamos en normalidad determinados abusos.
Los autores han estructurado la acción siguiendo los seis movimientos de la Suite nº1 de Juan Sebastian Bach. Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio ganaron en 2013 el premio Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid por su obra Shakespeare nunca estuvo aquí.
Con dirección de Juan Carlos Rubio, el actor Carlos Hipólito pasa de ser un burro ilustrado a un instrumentista de fama mundial. Es cierto que en ningún momento pretende parecerse físicamente al músico, no es una caricatura del mismo, sino un personaje que existió, del que los más mayores tenemos recuerdos, y a cuya personalidad pretenden acercarse. La pareja de Hipólito es Kiti Manver, una actriz con la que Juan Carlos Rubio ha trabajado una decena de veces desde que coincidieran en Humo, el año 2007.
Cristóbal Suárez encarna al músico militar y, como Carlos Hipólito, debe acercarse al instrumento que se supone dominan. Durante los ensayos han recibido el asesoramiento musical de Enrico Barbaro para poder aparentar con rigor que saben tocar el violonchelo. Parece que el resultado es convincente.
El cuarto personaje de esta historia es Marta Velilla, de actualidad por aparición en la serie Sueños de libertad. Tanto Marta, como Kiti Manver y Cristóbal Suárez ya trabajaron juntos el pasado verano en la producción teatral El inconveniente.
Música para Hitler se representa hasta el 20 de abril en la Sala Roja de teatros del Canal.