El primero de los dos derbis madrileños del fin de semana se inauguró con un disparo directo de Arda Güler que pasó por encima de la portería vallecana. Sin Mbappé y con Vinicius aún en régimen de dosificación, el turco se repartió el ataque con Brahim y Rodrygo. Bellingham, en la mediapunta, y Valverde y Modric, en el doble pivote, completaron el 4-2-3-1.
No le había dado tiempo al ministro Bolaños a encontrar su sitio en el palco cuando el Rayo marcó el primero (3’). De Frutos mareó a Fran García con varios recortes en banda derecha y colgó un centro perfecto al segundo palo que Unai López cabeceó al contrapié de Courtois. Remató sólo a la espalda de Lucas, que se había visto arrastrado por una excesiva basculación de Tchouameni. Ninguno de los centrocampistas, por cierto, siguió la carrera de López.
El gol noqueó al Madrid durante un rato, incapaz de contener las embestidas locales y desahogarse de la presión de los de Íñigo Pérez. A la táctica de los once futbolistas se unía el ardor de 15.000 bucaneros que parecían siempre al borde de la invasión de campo.
Peligro constante. Güler perdió un balón comprometido en uno de esos pases –dicen que– prohibidos y obligó a aparecer a Courtois. Un instante después, el Rayo se volvió a plantar en el área con una pared por izquierda que acabó con remate alto de De Frutos. Aún no habían pasado los primeros diez minutos de partido y Ancelotti ya había engullido medio paquete de chicles. Se echaba de menos la figura de Ceballos, tan importante en los últimos partidos.
El Madrid seguía sin sobreponerse del todo, pero empezaba a responder al peligro con peligro. Comenzó entonces un toma y daca que fue el preludio de un choque emocionante con reflejo en el marcador. Casi todo el ataque visitante se construyó desde la banda derecha. Con un Lucas muy activo, en asociación con Rodrygo, Güler, Bellingham y alguna contribución esporádica de Brahim. Pasada la media hora, el extremo brasileño arrancó en slalom desde la izquierda y puso un centro raso que recorrió con suspense todo el área hasta llegar a Lucas, que devolvió de primeras al punto de penalti. Güler le arrebató el remate franco a Bellingham.
En dos minutos se pasó del posible empate al 2-0. Mumin remató a placer un córner botado al segundo palo (35’). Resulta llamativo que fueran Güler y Lucas, en clara desventaja de estatura, los encargados de cubrir al central rayista.
El segundo gol local espoleó a un Rayo que parecía venirse a menos, pero el arrebato no duró demasiado. Bolaños aprovechó el momento para quejarse a Florentino y Martín Presa de la cacería política, jurídica y mediática que sufre el presidente del Gobierno y entonces… ¡Zas!, golazo de Valverde para recortar distancias (38’). El uruguayo lanzó un derechazo –¡un disparo de ultraderecha!– desde 30 metros que entró pegadito al palo, imposible para Batalla.
El Madrid encontró sus mejores minutos y no tardó en asestar el segundo golpe. Rodrygo, que ya se había echado al equipo a la espalda, centró desde la izquierda y Bellingham se anticipó a Pathé Ciss con un testarazo cruzado (44’). Seis goles en los últimos seis partidos lleva el inglés. La dinámica ascendente del Real Madrid se mantuvo al inicio de la segunda parte, pero el Rayo no dejó nunca de enseñar el colmillo.
En el 55’, Rodrygo puso al Madrid por delante, tras amago y disparo de zurda que se envenenó al rozar en un defensa. Lejos de adormilar el duelo, el gol volvió a imponer un ritmo de rock and roll y Ancelotti sacó a Camavinga por Brahim. Al poco, Isi puso el 3-3 tras desviar ligeramente un centro-chut de Lejeune.
Ancelotti sacó toda la artillería: Vinicius, Ceballos y Endrick (Valverde acabó de lateral derecho). El Madrid consiguió empujar sin demasiada clarividencia –cansado, desordenado– pero tuvo las suficientes como para poder ganar el partido. Las más claras, un paradón de Batalla a Vinicius y un no-remate de Rüdiger en el 93’. Vinicius prolongó un centro pasado de Fran García y, con el portero superado, el central madridista no llegó a empujarla sobre la línea por un número de bota.
Algo antes, Martínez Munuera había hecho oídos sordos a una reclamación de penalti por parte de Vinicius. Casi imposible de ver en directo, la repetición a cámara lenta muestra el claro contacto del defensa rayista con el delantero brasileño. Difícil de entender el silencio del VAR.
El Rayo tuvo la última con una falta directa en el 97’ que despejó Courtois. Partido bonito en Vallecas, con un nivel insuficiente –aunque bueno por momentos– del Real Madrid, que ni siquiera podrá dormir líder a la espera del partido del Barça.