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En capilla

lunes 31 de octubre de 2016, 08:27h

Ya vamos a tener gobierno. Un alivio para muchos y una preocupación para muchos otros también. Al menos se acabó la nostalgia. De modo que hemos salido de esa capilla en la que el rey nos situó a todos con ese guiño al socarrón humor de su padre cuando se iba de viaje. A la peña la cosa le ha pillado de puente, de Todos los Santos por si había alguna duda o por si pudiera ser de otra forma, dado que todo se he resuelto con las prisas y la agitación de un último día de clase cuando se supone que era el primero. Hay que ver la afición de la política por buscar fechas señaladas. Por ejemplo, el congreso extraordinario del PSOE podría caer en los aledaños de Semana Santa, si se hacen oídos sordos a las urgencias del secretario dimitido, y también como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que Pedro Sánchez ha anunciado que se va a dedicar a predicar la palabra del señor entre las bases y la militancia. También que es el nuevo mártir creado por la gestora y quién sabe si elevado a la santidad en un futuro no muy lejano por la militancia. Y si es en el día de Resurrección, pues mejor. De todas formas que no olvide que Rufián ya le ha advertido que el suyo es un partido de Iscariotes. Rufián que manera de buscar que se hagan chistes fáciles con su apellido. A él le da igual porque tiene la campechana osadía de los cómicos antiguos de teatrillo de pueblo, inmunes en el escenario al insulto y la burla, aunque él se crea una estrella del Club de la Comedia.

Ya tenemos gobierno y también tenemos por el mismo precio un candidato claro a la secretaria del PSOE: Pedro Sánchez El Empecinado. Estaba claro que Pedro Sánchez se guardaba alguna treta y en las vísperas de su comparecencia, también sin preguntas de la prensa, qué manía, como si creyesen los políticos que con hacer pucheros ya es suficiente como si fueran futbolistas, los analistas todavía albergaban alguna duda sobre si iba o no a dejar su acta de diputado. Pedro Sánchez no se había ido ni se irá así como así. Es, a día de hoy, El Fantasma de la Ópera, aparentemente desparecido pero habitando en los pasadizos ocultos de Ferraz. Puede que también, por lo dicho anteriormente, a saber si hasta Jesucristo Superstar, en todo caso desaparecido pero presto a atacar y al tiempo doctrinar; acechante, desde los escondrijos y las bambalinas del escenario o en los áridos desiertos cuya larga travesía está dispuesto a realizar en su coche como si fuera un representante farmacéutico . El caso es que ahora que por fin tenemos gobierno resulta que tampoco parece que era para tanto y la gente apenas ha pestañeado. Ya lo escribió Albert Camus “A la fuerza de esperar, se acaba por no esperar nada”.

Toda urgencia acaba conduciendo a la indiferencia y a Rajoy igual habría que recordarle ahora aquello de que hay que tener cuidado con lo que se desea no vaya a ser que se consiga. ¡Toda esa emoción contenida para derramarla en un par de sesiones apresuradas! Debían de imaginarlo, de ahí el circo que se montó y total para hacer coincidir unas cuentas que ya estaban previstas, incluidos los disidentes que lo que sí han anticipado es la frágil tregua en el PSOE en espera de nuevas contiendas. Si la legislatura que nos espera ha de medirse por lo visto y oído estos días de investidura, ya podemos reiniciar de nuevo el bucle de estos meses y no dejar las urnas demasiado lejos.

Mientras tanto, en cuanto Rajoy vuelva del puente con la lista de nuevos ministros –ay aquellos tiempos en que eso importaba tanto que se cruzaban quinielas con los nombres- sacará del cajón la larga lista de deberes no hechos entra la que destaca uno: Los recortes que clama Bruselas, ese cobrador del frac impertinente, que reclama las deudas del gobierno, pero aporreando nuestras puertas. Será entonces cuando más de uno –y de una- quizá eche de menos este tiempo pasado de holganza en el que las cosas no solo aparentaban ir igual, sino que al menos no sucedían.

Puede que haya sido un alivio no ir a votar en Navidad, pero para cuando lleguen igual ya no las han amargado igualmente o de peor manera. Así que a la espera de saberlo habrá que aceptar que todos, ahora sí, estamos en capilla.

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