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Marcianos

martes 03 de noviembre de 2015, 07:47h

¿De qué va la última de Ridley Scott? ¿Es acaso un episodio piloto de una serie de bricolaje en el espacio? ¿La primera piedra para una futura versión de 'Gran Hermano' cuando Marte sea colonizado, ya que es muy posible que el formato todavía se mantenga hasta entonces? ¿Un publirreportaje sobre la NASA y los superpoderes de EEUU? Pues 'Marte. El Marciano', la última de Ridley Scott, pretende tratar sobre el tesón humano para sobrevivir y el apoyo de la ciencia para lograrlo. Tiene un mérito cinematográfico extraordinario, por cierto: Aunque imaginamos desde el principio el destino final del astronauta, aguantamos casi dos horas y media sin demasiado resentimiento y fingiendo que no lo sabemos. Supervivencia y ciencia ¿acaso suelen ir unidas? Quizá. Pero es legítimo preguntarse por qué no se ha descubierto -o quién sabe si divulgado- una vacuna contra el cáncer o al menos alguna vacuna contra algún tipo de cáncer. El cáncer, con su implacable obstinación para llevarse a los mejores. ¿Acaso ya no nacen científicos como los de antes? Hipócrates, Pasteur, Koch, María Curie, Fleming, Mendel, Edward Jenner, Ramón y Cajal, Jiménez Díaz, sólo por recordar a algunos vinculados con la medicina y sus grandes logros ¿Será que hoy en día se encuentran amordazados por los recortes y/o políticas especuladoras como ya advirtió Le Carré en su pesimista 'El Jardinero fiel'? ¿Por qué seguimos dependiendo del petróleo como palanca para mover el mundo, soportando sus emisiones nocivas para el medio ambiente y para nuestro propio organismo? Y así cabría hacerse un montón de preguntas más.

Parece que la única industria capaz de avanzar a pasos agigantados, con cierta prepotencia incluso, es la de la tecnologías de las comunicaciones y sobre todo en su faceta del entretenimiento en sus distintas vertientes. La industria del consumo tecnológico, en definitiva. En muy poco tiempo hemos pasado la transición de las cintas del VHS al BLU-RAY parece que ahora superado también por el 4-K. Los televisores ha experimentado una transformación tan fulgurante que ya casi vemos mejor la vida a través de las pantallas que con nuestros propios ojos. Pronto vendrán los robots para consolarnos cuando tengamos un mal día mientras nos hacen, como mínimo, la colada. Y ellos serán además los encargados de ocuparse de nuestra agenda, eso sí con el último modelo de teléfono móvil. Pronto nuestra vida será la de los otros. Virtualmente. Pronto se fabricarán gafas que podrán ver el alma del prójimo, pero nosotros seguiremos sin entenderla. De momento, si no tienes el último modelo de cualquier “gadget” que se precie, ya no es que estás obsoleto, sino que pareces idiota. Un ser sospechoso.Las personas ya no cumplimos años. Los cumplen los aparatos que poseemos. Pero ¿y la mirada humana? ¿Y nuestra desolada y frágil condición? ¿Quién se ocupará de ella?

Hace unos días, La OMS alertó de ciertas costumbres nocivas para nuestra salud. No estaba señalándonos por cierto a nosotros los españoles, se supone que tan protegidos detrás del escudo de la dieta mediterránea, sino al mundo en general. Por algo es una llamada Organización Mundial. Enseguida saltaron las alarmas y se produjo un curioso efecto conocido como el de “matar al mensajero”. Más que el contenido del estudio pareció incluso indignarnos la existencia del estudio en sí. Enseguida salieron al paso, indignados y dispuestos a liarla, los defensores del jamón de Jabugo, los de las salchichas o el beicon, que hay quién se lo zampa a diario, dependiendo de sus posibles. No consentimos que se nos quite de la mesa nuestros caprichos. El antídoto para la advertencia de la OMS fue el de siempre y el más obvio: que el secreto está en no pasarse y no caer en el exceso. Precisamente aquello de lo que advertía el dichoso informe. Lógico. Nadie cae fulminado por un primer cigarro. Nadie engendra un cáncer de colon por tomarse un día un buen filete o una hamburguesa. Pero ojo porque para ser un candidato a padecerlo tampoco es necesario comerse todo el ganado de La Pampa argentina. Es fácil de entender. Quizá difícil de asimilar cuando hay detrás tantos intereses.

Así que no es de extrañar que cada vez haya más voluntarios excéntricos para ir a Marte un día de estos. Incluso sabiendo lo difícil que resulta regresar.

A este paso, total para qué.

IN MEMORIAM. Desde aquí un recuerdo y un homenaje para nuestra compañera Mónica Adánez, la voz durante casi veinte años del inolvidable programa 'La mañana en Madrid' de José María Alfageme, en la Cope. Ninguna mañana es ya la misma. Pero ahora ella y su voz permanecerán entre nosotros, pues la voz jamás es acallada. También en el firmamento ha nacido otra estrella.

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