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Se acabó la broma

jueves 03 de septiembre de 2015, 07:49h
Actualizado: 03/09/2015 07:55h

Mientras el mundo sigue empeñado en complicarse la vida, los políticos continúan haciendo lo que mejor les define y para lo que se prepararon, algunos incluso con estudios: Política. Nada más y nada menos. Como mucho, atentos a cualquier desvarío, nos avisan de que se acabaron las bromas.

Europa se constriñe en sus fronteras y arroja a las orillas de la indiferencia los cadáveres de los desesperados. La dueña de Europa canta sin alegría y en tono fúnebre que ya “no hay cama pa tanta gente” mientras Rajoy se ofusca haciendo hueco para ponerse a su lado en la foto. Debe ser una tradición en los presidentes del PP, hacerse selfies con los poderosos poniendo los pies sobre la mesa si hace falta. Aprovechó la Merkel para recordar que Rajoy lo estaba haciendo muy bien y ambos parecieron emular la portada del mítico himno de Semen Up. Fue el mismo día en que Rajoy admitió, para alivio alemán, que abriríamos el cupo para acoger a algún refugiado más. Los refugiados van avanzando. Ahora ya son más que números. Ahora son númerus clausus.

Pero cualquiera se fía. También dijeron que la Constitución mejor no tocarla y al día siguiente urgieron a modificar el tribunal que la representa que es algo parecido a reformarla mucho o algo. Hernando y el candidato Albiol y compañía enfilaron los pasillos del congreso como si acabasen de ver la escena final de “Grupo salvaje” del inolvidable Peckinpah. Caminaban resueltos casi apartando cámaras y micrófonos para improvisar un cuadrilátero donde poder noquear a Artur Mas en cuanto se cierren las urnas. No es de extrañar en cuanto el candidato del PP, el señor García Albiol, evoca el púgil retirado y bonachón con el que mejor no hacer coña en la taberna por si acaso, como, en realidad, él mismo se ha encargado de recordarnos al sentenciar que se acabaron las bromas. Cualquiera le lleva la contraria a pesar de ser de sonrisa fácil. El caso es poner paz. Lejos de acobardarse, seguro que envalentonado o atrapado en su propio envite, Artur Más, tan ocurrente y original para tantas cosas, no ha encontrado más explicación que considerar una leyenda urbana la presunta financiación irregular de CDC y, en consecuencia, su investigación una persecución política. Una serpiente de verano, vaya. Así que lleva razón el candidato del PP a la Generalitat. Se acabó la broma.

Pero igual no hacía falta tanto para recordar tan poco. La gente, en su gran mayoría, ya sabe que no está, ni estamos, para bromas. De momento llegó Septiembre con su habitual impertinencia y los sufridos figurantes de la película de Agosto han abandonado los platós de manera que el aumento del paro ha vuelto a la cartelera de nuevo en su versión más dramática. Y eso no es para hacer broma. Ni los abusos empresariales que permite la actual legislación laboral, ya puestos. Y por supuesto que tampoco-y éstas ya son palabras mayores- la imparable racha de violencia machista y familiar que no ha cesado en este verano infausto en demasiadas cosas. Como no invita a la chanza el desinterés de la clase política en meter mano a esos aquelarres disfrazados de fiestas populares que este año han alcanzado una cifra de muertes intolerable. Ni ahora, de nuevo en Septiembre, puestos a vivir, el coste de la educación y la vivienda…en fin, quizá esas cosas con la que la gente admite ya poca broma y que diríase que siguen alejadas del hecho de hacer política. Cosas que afectan a la convivencia como sin duda afectarán los resultados del 27S, una consulta con la que tampoco cabe hacer broma tal y como están las cosas.

En las escalinatas donde tantas veces se ha escrito la historia, frente a una estación que niega su propia condición de refugio y alivio, cientos de policías uniformados han impedido durante días inclementes que seres humanos sin rumbo validen sus billetes mientras agotan sus esperanzas y quién sabe si su paciencia condenados a seguir en vía muerta, mientras los que mandan se ponen de acuerdo. Mucho habremos avanzado cuando los políticos dejen de confundirlos con la cola para entrar en un concierto. Ya se abrirán las puertas. A saber hacia dónde conducen. De momento, cada día parece traernos una nueva desgracia en este verano en el que la muerte ha viajado en barco, tren y carretera sin respetar ni a los niños. En el sagrado mar, ya sin el consuelo de las playas y en autopistas lúgubres donde yacen camiones hacinados con cadáveres.

Un verano ya en declive, de ecos violentos, en tantas cosas triste, en efecto como una serpiente venenosa. Así que como para andarse con bromas.

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