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Una nueva era

sábado 13 de junio de 2015, 18:27h
El Palacio de Cibeles era el sábado una plaza en la que todos andaban perdidos: no sabían dónde sentarse, ni qué fórmulas utilizar; si hablar desde su escaño o en la tribuna (como le pasó a la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís) , si jurar o prometer, y hasta hubo quien (Guillermo Zapata, de Ahora Madrid) salió con un latinajo.
Fue un acto de proclamación de la alcaldesa de Madrid diferente a otros, con un cambio profundo de los protagonistas -sólo repetían siete personas de las 57 que forman la Corporación-, y también en las formas. Manuela Carmena quiso restarle formalidad y lo hizo primero con las palabras, tuteando a todo el mundo -sólo se refirió de "usted" a Aguirre- y luego con gestos. Como el de salir a la calle "a saludar a la gente" que se concentró a las puertas del Ayuntamiento por cientos.
La pena de los populares era evidente, tras más de dos décadas de hegemonía absoluta en el lugar. La alegría de los nuevos ocupantes del palacio, también. Sólo Villacís tuvo un momento de recuerdo para los grupos municipales que ya no existen: IU y UPyD, que tanto trabajaron en otros mandatos por el bien municipal, y que ahora han sido arrastrados como hojas secas por los vientos del cambio.
Como decía el sábado la ya alcaldesa en su primer discurso, "nadie hizo nada para que esto pasara; pasó". Por eso, se planteó como reto "seducir" a quienes no la han votado, y quitarles el miedo. Queda ahora lo más difícil: el día a día. Nombramientos, toma de decisiones, situarse de un lado y no en la ambivalencia, ser responsables del "ejército" de Policía Municipal y de sus actuaciones, de las 21 juntas de distrito, y de las ilusiones y esperanzas que muchos han puesto en ellos. Carmena quiere cambiar las cosas; que en los plenos haya "más debate y menos discursos". Y que la política sirva a la gente, y no al revés. De su capacidad para conseguirlo dependerá la confianza de muchos en este nuevo estilo político. Ya hay quien augura un futuro próximo lleno de desencuentros entre los ahora compañeros de camino, y un aluvión de mociones de censura. ¿Será realmente posible otro modo de hacer política? 
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