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La mala memoria

Por Pedro Fernández Vicente
martes 24 de febrero de 2015, 07:59h

La memoria es frágil, débil, olvidadiza. Es curioso que sea, precisamente la memoria, la que se olvide del recuerdo.

Estamos en un momento crucial de la vida en nuestro país. Nos acechan cambios y amenazas no siempre convenientes para el momento tan delicado que vivimos. Experimentos poco fiables. Algunos representan grandes intenciones de manipulación. Es preciso reflexionar antes de votar para evitar errores de futuro porque en política una decisión inadecuada cuesta muchos años superarla. No debemos decidir por unos errores, que es verdad que se han producido, para querer destruir eso que tanto trabajo nos ha costado levantar y que se llama España. España, un nombre que levanta ampollas en sectores con intenciones poco confesables, como las que ya le hemos visto a la familia Pujol y su nacionalismo, pero España es como Francia, como Italia, como Suiza un país como tantos otros hay en el mundo.

Pues esta España de 2015 no se parece en nada a aquella otra que empezamos a construir entre todos después de morir el dictador, el General Franco, que tanto daño hizo a la libertad y al desarrollo de todos nosotros. Daño mayúsculo para los que estamos en una edad más avanzada. La dictadura nos hurtó tantas cosas en el aprendizaje que nunca llegaremos a saberlo de verdad. Pero aquí estamos, a pesar de todo. Menos, muchos menos, influyó en los jóvenes de hoy, aunque algo les habrá llegado a través de nuestra educación.

Pero me gustaría recordar como estábamos cuando Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y otros decidieron firmar los Pactos de la Moncloa. Recuerdo que la inflación superaba el 40%.

Muchas cosas han pasado desde entonces. España abandonó la dictadura, vivimos la llegada de un gobierno socialista, entramos en la Unión Europea, hemos visto un desarrollo jamás conocido en nuestro país, el número de trabajadores ha crecido desde los 10 a los 18 millones aproximadamente, y otros muchos avances que han permitido que España dejara de ser tercermundista para ser desarrollada y respetada en nuestro entorno. España es, hoy, un país con el que cuentan en Europa, en la vieja Europa. Nuestra economía responde a las exigencias, aunque no al ritmo que a todos nos gustaría, pero eso no significa destruir, bombardear todo lo que hemos levantado a lo largo de tantos años.

Todo eso se ha hecho de la mano del bipartidismo, del PSOE y del PP. Esos a los que ahora, algunos quieren demonizar. Es cierto que han cometido errores, es verdad que necesitamos cambios en las leyes y en las costumbres, pero eso no significa destruir nada. Tirar a la basura tantos esfuerzos como los realizados para llegar aquí, entregando nuestro futuro a grupos recién llegados que pretenden borrar lo realizado, crear un nuevo periodo constituyente porque, dicen, que esta Constitución no les sirve.

Y todo ¿para qué? Para coger el poder y llevarnos no se sabe por donde. Para hacer experimentos que la historia ya ha calificado. Experimentos de los que ya conocemos el final.

Ya ven lo que está pasando en Grecia con las fórmulas experimentales. Al final no consiguen sus aspiraciones irrealizables y vuelven a las reformas que ya tenían, pero con un marco negativo: la enemistad con las instituciones.

Como decía un responsable europeo: gobernar es decidir sobre la realidad.

No podemos olvidarnos que en estos años se ha construido muchísimo más de lo que se ha dejado sin hacer.

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