Reclamo al Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid que retire de
mi calle los contenedores destinados a la recogida de vidrios y papeles. El
destino de tales artilugios callejeros se ha prostituido de tal forma que
muchos de ellos no son otra cosa que vertederos urbanos insoportables. Tamaño
desafuero se viene perpetrando por culpa de la desidia municipal, el descuido
inoperante y culpable de las empresas privadas concesionarias del servicio, la
falta de civismo de algunos vecinos, la impunidad con la que actúan ciertos
chapuceros y la rapiña de los que rebuscan en la miseria algo que se pueda
aprovechar o revender. El resultado final de tantos abusos salta a la vista en
muchos puntos de nuestra ciudad. También en mi distrito.
A dos pasos de mi casa, a pocos metros de la entrada
principal del Mercado Municipal de Arguelles, pegados a la fachada de un
internado de señoritas, frente a la terraza de un restaurante repleto de
comensales, nuestro Excelentísimo Ayuntamiento mantiene estacionados en la vía
pública dos de los muchos recipientes que invaden y denigran mi barrio. Apenas se
puede transitar por la acera vecina a tales incordios nauseabundos. Junto a
ellos se amontonan colchones mugrientos, muebles desvencijados, cachivaches
domésticos inservibles, ropa vieja, restos de obra, chatarra despiezada, bolsas
de basura, porquerías malolientes y enormes cajas de cartón.
El espectáculo que tanta mierda almacenada ofrece a la
ciudadanía es tan bochornoso como insalubre y tercermundista. Tanta suciedad
parece impropia de una capital europea que presume de serlo. Acercarse a los
contenedores, sorteando la barrera de inmundicias que los rodea, es una aventura peligrosa. Arrojar en sus
entrañas la mercancía reutilizable se nos presenta como una peripecia digna de
mejor causa. Lo que en su día fue un buen invento es ahora un atentado a la
salud pública.
Me indigno cuando veo a los escolares saltar entre los
desperdicios para regresar a casa. Me siento muy incómodo cuando observo a las
personas mayores deambulando entre los coches aparcados para evitarse un
tropiezo en el improvisado basurero. Cuando pago la tasa
que grava la recogida de basuras, ganas me entran de reclamar la devolución del
importe. ¡Qué habremos hecho los madrileños para merecernos tanta mugre
ensuciándolo todo!
Encuentre el Ayuntamiento nuevas soluciones que resuelvan un
problema tan grave, aunque las nuevas medidas que se apliquen acaben con el
negocio de las compañías incapaces de mantener limpio nuestro entorno
callejero. Dótese a las comunidades de vecinos, por ejemplo, con más cubos de
otros colores, donde los residentes puedan echar los vidrios y los papeles que
cuidadosamente separan en sus cocinas. Mientras se hace lo que acabo de sugerir
o desarrollan otras alternativas que se les ocurran, retiren los estercoleros
en que se han convertido los contenedores de reciclaje.
Devuélvannos el entorno saludable que antaño teníamos. Si así
no lo hicieran, hagan ustedes como yo y denuncien la situación a los servicios
que para estos menesteres mantiene abiertos el Ayuntamiento. Llamen una y otra
vez hasta que los quiten. Si dan la callada por respuesta, recuerden que en
mayo pueden mandarles a la oposición.