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Huelga de limpieza

Por Luis Miguel Boto
martes 19 de noviembre de 2013, 11:56h

Cuando los sindicatos hicieron una huelga general a Zapatero, Rajoy no la apoyó al entender que iba en contra del interés general. Políticamente podía haber sacado provecho, pero la responsabilidad de un partido que aspira a gobernar no se debe basar en el regate corto, sino en las consecuencias a medio plazo.

En el año 2010, Coalición Canaria apoyó los Presupuestos Generales del Estado porque, según sus propias palabras, "no son los mejores para España, pero sí lo son para Canarias".

Estos son dos ejemplos de cómo la forma de actuar de algunos partidos si bien a corto plazo puede tener bajo su punto de vista réditos electorales, a largo plazo si no se toman las decisiones adecuadas, la realidad se impone y las consecuencias son desastrosas.

Si actuamos así podemos quedar atrapados en diversas formas de lo que se conoce como el dilema del prisionero, que pude aplicarse a situaciones donde los participantes, dejando a un lado la cooperación y persiguiendo su propio interés, consiguen salir todos perdiendo.

Dicho esto, es lógico pensar que la obligación de un buen gestor público es dar los mejores servicios a la ciudadanía con el menor coste posible, pues indefectiblemente eso significa menores impuestos.

En el caso de la ciudad de Madrid, el Ayuntamiento ha optado por ese camino, como no podía ser de otra forma. Sacó a concurso unos pliegos de limpieza donde las empresas ajustaban el precio que deberían obtener por ese servicio dentro de la competencia que actualmente existe, lo que ha redundado en una baja del pago (o un ahorro para los madrileños de un 30%). Ese ahorro se tradujo en una teórica implantación de un ERE para más de mil trabajadores que después de la huelga que hemos sufrido se ha anulado. Los trabajadores contentos, las empresas satisfechas y los madrileños beneficiados pues teníamos unas calles que estaban en una situación de limpieza lamentable.

Partiendo de estos hechos, tengo que criticar la postura de la oposición, utilizando un conflicto laboral como ariete contra la alcaldesa. Se le ha criticado como responsable de la huelga, pero nadie le ha agradecido haber conseguido el acuerdo. Pues ni lo uno ni lo otro. Eran relaciones entre dos partes donde el Ayuntamiento no ha cedido un ápice en la defensa de los intereses de los madrileños: no ha puesto un euro más sobre la mesa; la huelga no ha supuesto un gasto por las actuaciones de los denominados "piquetes informativos"; no se va a pagar por los días en los que no se ha limpiado y se ha ido a los tribunales denunciando lo que está siendo demasiado frecuente sin que nadie le ponga remedio: el incumplimiento de los servicios mínimos.

Bajo mi punto de vista, la actuación del Ayuntamiento ha sido impecable: sin inmiscuirse en negociaciones externas y aplicando la ley. Y si la ley no se cumple, acudiendo a los tribunales. Me gustaría ver en qué queda ese incumplimiento de los servicios mínimos, que tienen que ser efectivos en limpieza, en transporte o donde toque, porque si lo normal va a ser que no haya servicios mínimos y su incumplimiento no supone consecuencias, el equilibro entre los derechos de los trabajadores y usuarios será una quimera.

La oposición, en vez de apoyar al Ayuntamiento en su defensa de los intereses de los madrileños, exigiendo a empresas y trabajadores que cumplieran lo que la ley les obligaba, se ha puesto en el lado fácil, llegando incluso a pedir la dimisión de la Alcaldesa.

Qué tiempos aquellos cuando los controladores aéreos hicieron huelga y el Presidente del Gobierno, en vez de "dimitir", lo que hizo fue enviar al ejército a Barajas. Pero entonces el PSOE justificaba la intervención gubernamental y Zapatero defendía la libertad de los usuarios para coger un avión, y ahora defienden lo contrario.

Con tanta víctima de cacería política uno ya no sabe donde empieza el telediario y donde empieza jara y sedal.

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