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¿Informar antes o informar bien?

¿Informar antes o informar bien?

sábado 28 de septiembre de 2013, 19:11h

La muerte de la niña Asunta en Santiago de Compostela, y la posterior detención y encarcelamiento de sus padres, ha puesto de nuevo en primera línea los riesgos de querer informar antes de tiempo; antes incluso de que las noticias hayan tomado el cuerpo suficiente para dejar de ser simples rumores. Es algo consustancial al periodismo querer dar novedades los primeros. Así ha sido desde siempre, puesto que no hay nada más codiciado para un profesional de la información que una primicia. Pero en la época digital, y sobre todo con la entrada en juego de las nuevas tecnologías, la rapidez a la hora de informar trae consigo el riesgo de la falta de rigor, e incluso de la caída sistemática en elevar el bulo a la categoría de noticia, a golpe de titular.

He comenzado mencionando el caso de la niña Asunta porque es el último en que se ha producido el fenómeno, aunque desgraciadamente no el único. La repercusión del caso, el revuelo mediático que ha despertado, y la presión social en torno a la muerte violenta de la niña han lanzado a muchos medios a una auténtica vorágine donde lo que menos parece contar es la verdad. Y si algo distingue al periodista de la portera de la esquina -con todos mis respetos para el gremio de porterías- es que lo que aquel cuenta debe ser lo más cercano posible a la verdad, y no la habladuría de barra de bar, siempre sin olvidar que en el fondo la verdad es un enorme caleidoscopio con casi infinitas caras y matices.

Se ha dicho de todo en el caso de Asunta: que el móvil era económico porque la niña era heredera universal de los abuelos; que había dudas también sobre la muerte de los abuelos y la Policía podía investigar sobre ellas; que la niña había confesado ante sus profesoras el temor a que su madre la matara... mentira tras mentira, como se ha destapado muy poco después de que estas "noticias" se hicieran públicas.

Si a alguien interesa reflexionar sobre el periodismo en el siglo XXI es, precisamente, a los periodistas. A veces es difícil confirmar las cosas; en ocasiones, la presión que se ejerce sobre el trabajador le puede empujar a saltarse algunas garantías básicas para el ejercicio de la profesión. Y las prisas, muy ligadas a internet y los medios digitales, son malas consejeras y peores jefas. La clásica broma que la familia nos hace a los periodistas cuando nos vamos a trabajar -"no escribas muchas mentiras"- no debe dejar de ser nunca eso: una broma sin fundamento. En el rigor con que contemos las cosas -aunque eso nos haga tardar un poco más en informar- nos jugamos nuestra credibilidad y, probablemente, nuestro futuro. Si no somos capaces de aportar algo más, o de más valor, que lo que cualquiera puede escribir en twitter sin datos y sin comprobación ninguna, es decir, un rumor, habremos perdido la batalla definitivamente.

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