El singular registro de tortugas mesozoicas españolas
viernes 06 de julio de 2012, 00:00h
Actualizado: 06/07/2012 17:58h
Las tortugas son un grupo de reptiles singular, cuya característica más llamativa quizá sea la presencia de un caparazón, dentro del que, la mayoría de sus especies actuales, pueden retraer tanto el cuello y la cola como las extremidades. Esta estructura les otorga una protección especial que, unida a otras modificaciones corporales, les ha permitido sobrevivir durante más de 220 millones de años. De hecho, su peculiar morfología hace que existan muchas hipótesis actualmente vigentes sobre su origen, considerándose probable que puedan estar cercanamente emparentadas con los lagartos o con el grupo en el que se incluyen tanto cocodrilos como aves.
Las tortugas están adaptadas a diferentes entornos, identificándose especies que habitan en ambientes marinos, otras en aguas dulces e, incluso, algunas siendo completamente terrestres. Sin embargo, a pesar de su relativa diversidad actual, ésta fue mucho mayor en el pasado, especialmente durante el Jurásico Superior y a lo largo del Cretácico, es decir, entre hace unos 155 y 65 millones de años. De ese periodo se identifican numerosos yacimientos europeos, en los que se han hallado abundantes especies de dinosaurios, muchas de ellas muy conocidas, como por ejemplo Stegosaurus, Allosaurus e Iguanodon, presentes en el registro de la Península Ibérica. Sin embargo, junto a los restos fósiles de estos reptiles, frecuentemente se preservan los de otros animales con los que convivían. Debido a que los elementos óseos que constituyen el caparazón de las tortugas son muy resistentes, es común su hallazgo en esos yacimientos. No obstante, la información sobre las especies de tortugas europeas que habitaron con los dinosaurios no avianos era, hasta ahora, muy limitada.
Investigaciones en proceso
En el Departamento de Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid se está desarrollando un proyecto de tesis doctoral que persigue analizar la diversidad de tortugas que habitaron en el Mesozoico de Europa, con especial énfasis en el análisis sobre las especies ibéricas. Algunos de los resultados obtenidos han sido publicados en prestigiosas revistas especializadas, entre otras Journal of Vertebrate Paleontology, Acta Palaeontologica Polonica, Palaeontology y Cretaceous Research.
Se ha observado que, durante el Cretácico Inferior (entre hace unos 135 y 95 millones de años), Pan-Cryptodira, es decir, el linaje de tortugas que incluye a un alto porcentaje de las especies actuales, era más diverso en Europa que en cualquier otro continente. De hecho, su mayor diversidad se ha registrado en España, concretamente en yacimientos situados en lo que es actualmente la Cordillera Ibérica. Aunque algunos de los descubrimientos se realizaron hace más de un siglo, éstos apenas habían sido estudiados. Sin embargo, gran parte de los hallazgos se han efectuado en excavaciones realizadas en los últimos años del siglo XX y a lo largo del siglo XXI. Además de algunos esqueletos relativamente completos, este registro se compone de varios caparazones y numerosas placas. Su estudio está aportando datos muy relevantes sobre el origen de varios de los grupos de tortugas presentes, así como sobre su diversidad y sus modos de vida.
Excepcionalidad del registro español
Durante el Mesozoico, la posición geográfica relativa de los continentes actuales cambió considerablemente. La comparación y el estudio detallado de los fósiles de tortugas hallados en el Cretácico Inferior de la Cordillera Ibérica permiten reconocer grupos de tortugas muy variados. Debido a su posición, la Península Ibérica fue poblada por grupos de tortugas también presentes en otros continentes, tales como Norte América, y Asia. Además, formó parte del área de distribución de grupos de tortugas exclusivamente europeos e, incluso, de especies no conocidas fuera del territorio peninsular.
Muchos de los fósiles hallados se reconocen como pertenecientes a varios grupos de tortugas primitivas, diferentes a las conocidas actualmente. Sin embargo, también se identifican algunas especies que estaban relacionadas con grupos que han sobrevivido hasta nuestros días, como son las actuales tortugas de caparazón blando o las tortugas marinas. Enterrados durante millones de años, estos fósiles están permitiendo conocer cómo eran algunas de las tortugas que poblaron nuestro país durante el Mesozoico. Su estudio ha permitido describir varios géneros y especies nuevos para la ciencia, así como desentrañar algunos misterios sobre su origen y modos de vida.