Por
José Ricardo Martínez
miércoles 02 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 16/03/2011 19:42h
Cuanto más analizo la realidad madrileña más creo que se precisa un pacto por el empleo para corregir los serios desequilibrios que afectan a esta Comunidad, un pacto que tenga cara de mujer, de joven y de mayor de 45 años, los tres colectivos más afectados por la crisis. Un pacto que detenga el ciclo de precariedad laboral que amenaza al conjunto de la población activa y permita recuperar el papel que la Administración Pública y los sectores generadores de valor añadido, como el industrial, deben cumplir en la recuperación económica, evitando la fuga de empresas y la destrucción de puestos de trabajo de calidad.
La evolución del desempleo en la Comunidad de Madrid desde que estallara la crisis no ha hecho sino empeorar. Acostumbrados a preocuparse los dirigentes madrileños durante el boom inmobiliario por la temporalidad y la precariedad laboral, la discriminación salarial de las mujeres y el elevado número de accidentes de trabajo, el crecimiento del paro en cerca de diez puntos porcentuales quizás les sorprendiera con el paso cambiado. Las sucesivas medidas de carácter fiscal y la supresión de trabas administrativas, aprobadas con la esperanza de insuflar ánimo en el inversor, han desembocado en un proceso que inevitablemente nos recuerda la aparición de empleo precario tras la reconversión industrial de los años ochenta del pasado siglo. Entonces, tanto el comercio como la hostelería se erigieron en ramas de actividad potencialmente creadoras de empleo, es cierto, pero un empleo que ciertos economistas calificaban como EBC, empleo de baja calidad, esto es, peor retribuido y con peores condiciones, también, laborales. El dinamismo del sector servicios obedece a esta pauta. Algunos ven la crisis como una oportunidad para precarizar más el mercado laboral.
Las cifras que maneja el Gobierno regional, si bien revelan un mejor comportamiento en relación con el conjunto nacional, presentan estas paradojas. Lo dije la semana pasada en Alcobendas, invitado por la UGT de la zona norte a estudiar la situación de estos municipios, y lo vuelvo a repetir ahora: los dos problemas que hoy tienen los trabajadores y trabajadoras de la Comunidad de Madrid son el desempleo y la precariedad laboral. Estos problemas hay que resolverlos con urgencia, si no se desea que se conviertan en estructurales. No puede permitirse que el costo de la crisis recaiga solamente en las espaldas de los trabajadores y las trabajadoras.
Parece que las mencionadas políticas de corte fiscal poco o nada han conseguido enmendar el torcido fuste del crecimiento económico regional, los problemas de fondo del mercado laboral. Las buenas condiciones de las cuales se partían en 2000, con una mayor incorporación de la mujer al mercado laboral y una mayor formalización de los procesos de trabajo, tras años de comportamiento titubeante, se han disuelto como agua en la lluvia tras un decenio marcado por una pauta de crecimiento basada en factores como el mileurismo, la baja productividad, el endeudamiento de empresas y hogares, la especulación inmobiliaria y la pérdida ingente de participación de la industria en el PIB regional, de modo que hoy por hoy Madrid está desnortada.
Es necesario, así, que en estos momentos, cuando se aproximan las elecciones autonómicas y municipales, los líderes políticos abandonen actitudes alineadas con obtener réditos electorales inmediatos y realicen un esfuerzo de autocrítica para reconocer en qué se han equivocado. Hoy por hoy, el diálogo social se revela con un instrumento particularmente efectivo para corregir tendencias perniciosas de la economía y del mercado de trabajo y ofrecer soluciones sostenibles a largo plazo. Sólo mediante el acuerdo entre todas las partes implicadas en la recuperación podremos hacer de Madrid no ya una región próspera, sino comprometida con los problemas de las personas, eficaz en las respuestas ofrecidas y cuidadosa con la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, es decir, con su bienestar. Más de medio millón de trabajadores en situación de desempleo y millares que sufren la precariedad laboral no pueden esperar a mayo para tan sólo oír medidas convincentes. Es imprescindible actuar con decisión ya.