Tiempos difíciles en los que nada es lo que parece
lunes 15 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 22/02/2010 14:22h
No hay ninguna duda. Los datos que cuentan parecen ser ciertos. Hasta hace muy poco tiempo, no había unanimidad sobre la situación real de la economía española. La derecha, el PP y sus escasos socios, venía anunciando desde que José Luis Rodríguez Zapatero se sentó en La Moncloa por segunda vez que España iba en picado hacia la catástrofe y que las políticas del PSOE aceleraban el recorrido. No lo hacía por patriotismo ni tampoco porque estaba interesada en el futuro inmediato de los parados, a los que trata de poner en contra de los campeones del paro, como gusta decir la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, cada vez que se refiere al Gobierno socialista, al que costó mucho reconocer la crisis porque afectaba a sus expectativas y porque, equivocadamente, cayó en la necedad de hacerse trampas en el solitario.
Ahora ya todos están convencidos de que la realidad de nuestro mapa del paro y de la economía, lleno de nubarrones en los que el déficit y el desempleo son los protagonistas, no tiene vuelta de hoja. A la hora de ponerse manos a la obra para capear el temporal, nos damos cuenta que nadie parece querer ocupar el lugar que les corresponde, ni ejercer su responsabilidad. Al Gobierno central le compete sanear las cuentas públicas, meter la tijera en gastos innecesarios para equilibrar los balances y garantizar que la falta de dinero no afecta la calidad de los servicios públicos educativos, sanitarios o sociales. Tampoco a las pensiones. La intención de alargar la edad de jubilación ha hecho saltar a los representantes de los trabajadores y han convocado movilizaciones de rechazo a esta conquista social de jubilarse a los 65 años. UGT y CCOO, conscientes de que la crisis está dejando en la estacada a muchos españoles a los que les trae sin cuidado que las duras medidas de Zapatero son, según ellos, agua bendita en comparación con las que aplicaría la derecha si estuviese gobernando, quieren formar parte de la solución y no del problema y se preparan para ocupar la calles en demanda de mayor sensibilidad y compromiso con aquellos que además de no tener trabajo ni ayudas para salir adelante, empiezan a desconfiar de los políticos en general de una manera tan descarnada que sus intenciones de voto para las siguientes elecciones asustan a todas las formaciones políticas en general.
Los sindicatos, que han estado lentos de reflejos para no parecer que criticando al PSOE hacían el juego al PP, empiezan a situarse en el lugar que les corresponde. La derecha y el PSOE andan metidos en un juego peligroso en el que las cartas están marcadas y en el que ambos contendientes tratan de engatusar a los demás a base de criticar al contrario y no de argumentos propios. Zapatero gobierna y es su responsabilidad adoptar compromisos para reflotar la economía, pero no con políticas de derechas que parezcan de obligado cumplimiento para agradar a los mercados, porque ése no es el lugar de una izquierda socialdemócrata comprometida con una fiscalidad diferente a la actual.
Hacer en política significa pisar callos, por lo que tratar de hacer tortillas sin romper huevos, es casi imposible excepto que la tortilla sea de mentiras. El PP, que no para de arremeter contra las decisiones de Zapatero, no se pronuncia sobre su oferta a los pensionistas y a los parados, más allá de repetir que la mejor política social es la creación de empleo. Una obviedad si no va acompañada de realidades que reduzcan el paro. Su solución pasa por bajar impuestos y privatizar hasta donde sea posible. Una receta que agrada a los empresarios dispuestos a sacar del desempleo a muchos parados encantados de engordar los beneficios de sus patronos aceptando sueldos para ir tirando y condiciones laborales que los tiren del todo.
La izquierda quiere jugar a ser la derecha, pero sin que se note, y la derecha sabe lo que quiere pero sin decirlo hasta que se alcance el objetivo anhelado: la Presidencia del Gobierno de España.
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Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.
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