No solo Fernando Fernán Gómez resucita estos días en los escenarios madrileños. También lo hace el escritor Miguel Mihura, revisitado por un jovencísimo colega: Adrián Perea. Este se confiesa autor de comedias y, por tanto, deudor de los grandes artífices del género, como don Miguel. Para trazar esta especie de biografía teatral, Perea confiesa haber leído toda la obra dramática de Mihura, sorprendiéndose por los avatares por que los que pasó Tres sombreros de copa.
Es, precisamente, esta comedia la que inspira el montaje, que dirige Beatriz Jaén. Tiene tres partes (¿actos?) bien diferenciados. Asistimos primero a los años juveniles de Mihura cuando, a causa de una lesión, pasó muchos meses en cama. Fruto del aburrimiento por la situación escribió Tres sombreros de copa. Corría el año 1932. Después, Mihura se va de gira con la compañía de Alady, enamorándose de una de sus bailarinas, un amor que se tornará imposible, aunque también, inolvidable.

Es sabido que cuando el escritor presentó su comedia a los empresarios, estos se llevaron las manos a la cabeza, negándose a estrenarla por su disparatado, o absurdo, humor. Así que el autor decidió olvidarse de ella hasta que un joven del teatro universitario, Gustavo Pérez Puig, se la pido para una sola representación. La génesis de este encuentro y los ensayos por el grupo universitario, serían el segundo de los actos de esta comedia. El estreno en el Español, el 24 de noviembre de 1952, fue un acontecimiento que sorprendió a don Miguel. Después, escribiría algunos de los mejores textos cómicos del siglo XX: Ninette y un señor de Murcia, Maribel y la extraña familia, Sublime decisión (¿para cuándo una reposición?, o El caso de la mujer asesinadita. Pocas de estas obras se reponen actualmente. Seguramente el humor de muchas de ellas ya no hará gracia en estos tiempos.
Perea introduce de su cosecha, como tercer acto, un delirante encuentro entre el director y la sobrina heredera de los derechos de autor de Mihura. La sobrina existe realmente. En este epílogo Perea despliega su humor corrosivo, un punto absurdo en algunas frases y encuentra en Esperanza Elipe, la actriz idónea para transmitirlo.
Beatriz Jaén, que en las últimas temporadas ha llamado la atención con la dirección de Breve historia del ferrocarril español y, sobre todo, con Nada, se confirma como uno de los valores en la actual dirección de escena. Cuenta, en este montaje, con Rulo Pardo, en una estupenda composición de don Miguel anciano; con David Castillo, que personifica al escritor en su juventud; con Kevin de la Rosa, cuya encarnación de Alady es magistral, y con las actrices Paloma Córdoba, Esther Isla y la citada Esperanza Elipe. Tratándose de Tres sombreros… no podía faltar un Bubby negro, en este caso Álvaro Siankope que, como sus compañeras, se multiplica en varios personajes.
La historia provoca la nostalgia entre quienes vieron algunos de los grandes estrenos de Mihura y siguieron sus aventuras humorísticas en distintas publicaciones. Para el público joven, será una especie de lección magistral sobre uno de los autores, junto a Jardiel, Arniches o Muñoz Seca, que defendieron a capa y espada el valor de la comedia, la virtud sanadora del humor.
Mihura, el último comediógrafo, se representa en la Nave 10 del matadero de Legazpi, hasta el 15 de junio.