La subida de la temperatura en el ámbito político impide olvidar que estamos en un año electoral. Desde que comenzó el régimen del 78 en España -y desde que los ciudadanos elegimos a los que, en última instancia, son los administradores de gran parte de lo que ganamos- existe interés por la influencia del elemento económico para cambiar las mayorías de gobierno. En definitiva, ¿qué factores hacen que en España caigan los partidos en el poder y sean sustituidos por los de la oposición?
La primera legislatura de esta etapa democrática fue la de los nueve gobiernos de la Unión de Centro Democrático (UCD), con Adolfo Suárez como presidente desde abril de 1979 a febrero de 1981, y con Leopoldo Calvo Sotelo como presidente de febrero de 1981 a julio de 1982.
Las medidas económicas aplicadas fueron poco drásticas, en unos momentos que lo requerían, pero había temor en que se relacionase la democracia con el empobrecimiento, y eso fue deteriorando la economía nacional. La lacra del terrorismo dañaba profundamente al país, pero no se utilizó de forma muy destructiva en la confrontación política.
EL Partido Socialista Obrero Español (PSOE) hizo una oposición frontal a la UCD y, para descabalgarla del Gobierno –además de hacer una vistosa propuesta de crear 800.000 puestos de trabajo (cosa que no ocurriría, aunque tampoco tenía mucha credibilidad para la ciudadanía)- se centró en una tríada de campañas de propaganda sobre acontecimientos específicos que pondrían en peligro a la población.
1- Acontecimiento dañino para la salud de la población: el síndrome tóxico ocasionado por el aceite de colza desnaturalizado. Acoso al Gobierno de la UCD con el argumento de no proteger a los ciudadanos.
2- Acontecimiento que crea un clima de peligro bélico: campaña contra el ingreso de España en la OTAN (no obstante, el PSOE, cuando llegó al Gobierno cambió de opinión y apoyó la permanencia en la OTAN, convocando un estrafalario referéndum que ganaría).
3- Acontecimiento desastroso a nivel nacional: golpe de estado del 23-F de 1981. Acoso al Gobierno por la desestabilización del país.
La economía tuvo su influencia, pero parece que lo decisivo para acabar con la UCD es este tridente electoral, que acentuó el estado de desasosiego e inseguridad en la población.
Tras las elecciones del 28 de octubre de 1982, comenzó la etapa más prolongada hasta ahora de gobiernos del Partido Socialista Obrero Español, con todos sus gobiernos presididos por Felipe González: desde la segunda legislatura hasta la quinta (diciembre de 1982 a mayo de 1996).
Para terminar con la racha de gobiernos estables de Felipe González, hubo dos factores principales: corrupción y economía. En primer lugar, los numerosos casos de corrupción con miembros del PSOE involucrados, que permearon en gran parte de las más altas instituciones del Estado. En segundo lugar, la grave crisis económica que afectaba de forma notable al bolsillo del contribuyente, a la vez que al Estado no le cuadraban las cuentas ni para hacer frente al pago de las pensiones (el siguiente Gobierno tuvo que pedir un préstamo a la banca para costearlo). En definitiva, la economía, además de la corrupción, jugó un papel clave para cambiar del PSOE al PP como partido de Gobierno.
Tras las elecciones del 3 de marzo de 1996 comenzó una etapa de gobiernos del Partido Popular (PP), todos ellos presididos por José María Aznar: de la sexta legislatura hasta la séptima (mayo de 1996 a abril de 2004).
Para dar el vuelco electoral en 2004, con un acontecer económico notablemente positivo (entrada en el euro, crecimiento considerable, reducción del desempleo, baja inflación y saneamiento general de las cuentas públicas) los hechos vinculados a este campo tuvieron poca influencia; salvo por la vertiente ideológica que responde al eslogan de “hay más dinero, pero mal repartido”.
Sin embargo, el PSOE hizo una oposición enconada al PP, para lo cual aprovechó el guion que le había dado buenos resultados, con una tríada de campañas de propaganda y agitación análoga a la que acabó con la UCD; sobre unos acontecimientos específicos, sobrevenidos o no, y con el caballo de batalla catastrofista de poner en peligro a la población:
1- Acontecimiento dañino para la salud de la población: naufragio del buque Prestige, y mucho chapapote en los informativos.
2- Acontecimiento que crea un clima de peligro bélico: campaña del “No a la guerra”, por la participación española (aunque a nivel de “restablecimiento de la seguridad” y “ayuda humanitaria”) en la segunda guerra de Irak.
3- Acontecimiento desastroso a nivel nacional: atentado terrorista del 11-M. Acoso al Gobierno por la desestabilización del país.
En este caso, el tridente electoral -con especial incidencia del atentado del 11-M-, la agitación correspondiente y el desasosiego en la población llevaron a un vuelco electoral sobre las encuestas en el último momento, que dio la victoria al PSOE. La influencia de la economía fue escasa; en este sentido, el PSOE mantuvo al principio de la siguiente legislatura una política económica continuista con la del PP, pero sin escuchar los avisos de agotamiento del modelo de crecimiento económico basado en el ladrillo y el endeudamiento.
Con las elecciones generales del 14 de marzo de 2004 volvió a acceder al gobierno el PSOE, comenzando una etapa de dos legislaturas, con José Luis Rodríguez Zapatero al frente: la octava legislatura y la novena (de abril de 2004 a diciembre de 2011).
En 2011, Zapatero, ante la grave crisis económica, se vio forzado por autoridades europeas y mundiales a aplicar políticas fiscales de ajuste y reformas estructurales contrarias a la doctrina del Gobierno (partidario de políticas expansivas). La percepción general de fracaso de la política económica del Gobierno resultó crucial para decidir el resultado de las elecciones generales, a las que Zapatero renunció a presentarse.
El 20 de noviembre de 2011 se produjo un vuelco electoral que supone otra etapa de gobiernos del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, hasta la moción de censura de 2018: de la décima legislatura hasta la duodécima (de diciembre de 2011 a mayo de 2019). En la duodécima legislatura, después de que prosperase la moción de censura contra el ejecutivo de Mariano Rajoy por parte del Grupo Socialista el 1 de junio de 2018, es elegido Pedro Sánchez como presidente del gobierno (nombrando al último de los gabinetes).
Los gobiernos de Rajoy realizaron una drástica política de ajustes y reformas estructurales, con la que se fue reorientando la economía, hasta salir de la recesión en 2014 y emprender la senda de la recuperación y el crecimiento económico. En este caso, tampoco la economía parece decisiva para el siguiente cambio en el partido de Gobierno.
Las campañas del PSOE pretendieron ajustarse al mismo guion que les había dado resultados, pero con reformas. Se utilizó una tríada de campañas de propaganda para desgastar al Gobierno, aunque en este caso se reemplazó el peligro bélico por los casos de corrupción:
1- Acontecimiento dañino para la salud de la población: temor a la epidemia de ébola mediáticamente inflado (al final, un sólo contagio y se sacrificó a un perro llamado Excálibur). Acoso al Gobierno con el argumento de no proteger a los ciudadanos.
2- Denuncia por los casos de corrupción con miembros del PP involucrados, que resultaría decisiva en la moción de censura.
3- Acontecimiento desastroso a nivel nacional: referéndum de independencia de Cataluña de 2017 y declaración unilateral de independencia de Cataluña. Se achacó al Gobierno la responsabilidad de no evitar que se produjese este golpe a la soberanía nacional.
De cualquier modo, y aunque se utilizase esta tríada, el hecho decisivo para que se pusiera en marcha la moción de censura fue la sentencia de la Audiencia Nacional, corregida posteriormente por el Tribunal Supremo, en la que se condenó al Partido Popular en el caso Gürtel por ser “partícipe a título lucrativo”.
En la decimotercera legislatura (mayo de 2019 a enero de 2020) permaneció como presidente Pedro Sánchez en funciones, al no contar con la mayoría suficiente para ser investido nuevo presidente, y con el último gobierno de la duodécima legislatura. En la decimocuarta legislatura (de enero de 2020 hasta la actualidad), Pedro Sánchez es investido presidente del Gobierno. En la recta final de una legislatura convulsa, marcada por la pandemia, la invasión de Ucrania, la exigua recuperación económica y unas polémicas leyes ideológicas, nos adentramos en un año electoral.
Con vistas a las próximas elecciones, el PP se centra en su competencia en gestión económica para hacer frente a la crisis actual. Como el ciudadano (pese a las declaraciones entusiastas de los miembros del Gobierno con cualquier dato -sea bueno o malo-) donde nota la crisis es en su cuenta corriente, esto resulta inapelable y, en condiciones normales, le da ventaja al partido de la oposición para ganar en las elecciones venideras.
Para mantenerse, el PSOE defiende su gestión de forma hiperbólica, haciendo juegos malabares para ello, y ofrece continuidad; a la vez, tira de la estrategia de hacer oposición de la oposición. Como el PP no gobierna, se centra en aplicar su guion en las medidas en que tengan competencias las comunidades autónomas gobernadas por el PP, y la más señera es Madrid.
De ahí que pretendieran, durante la epidemia del COVID, centrar el foco sobre el gobierno de la Comunidad de Madrid, achacándole mala gestión e intentando crear una imagen desastrosa (incluso cuando el Gobierno de la Nación tenía asumido el mando único), o apoyando recientemente una manifestación por la sanidad pública, precisamente en Madrid, donde los ciudadanos sostienen tener la mejor sanidad de España. En cualquier caso, esta estrategia que se concreta en ir contra una persona como Ayuso, con su capacidad de liderazgo y de gestión, es pinchar en hueso; y no hace más que presagiar un nuevo varapalo electoral para el PSOE.