Si, ¡Que vienen los rusos!, con temor y cautela, es lo que dirían los ciudadanos de la Europa democrática, que realmente creen en la libertad y en la defensa sin reparo alguno, de los derechos humanos. Seguro que cualquier ciudadano, ucraniano, polaco, letón, búlgaro o rumano, entre otros, de “nuestra Europa” tienen y sienten pánico por la actual escalada militar rusa en la frontera ucraniana.
Nuestro Gobierno de España, presidido por Pedro Sánchez, padece ante estos acontecimientos un sentimiento de elevada “bipolaridad”. Por un lado, los socialistas que se resisten a abandonar su sentimiento socialdemócrata y atlantista y, por otro lado, una parte del gobierno, Podemos y sus “partidos hermanos”, por muchas de sus declaraciones pro rusos y anti-OTAN.
En los últimos días se han publicado un gran número de declaraciones de Pablo Iglesias como: "…Hemos escuchado a la ministra de Defensa decir algo que yo creo que los electores del PSOE no se creen, y es que la OTAN nació para defender la paz, al colectivo LGTBI, los derechos humanos, la democracia, la Sanidad pública... Es como, ¿usted se cree que la gente es tonta?”
Púes sí, creo rotundamente que nuestro mundo occidental y la OTAN, defiende mejor que nadie, la paz, los derechos humanos y la democracia y si no, que se lo pregunten a los miembros de la oposición y a los periodistas críticos con Putin en Rusia.
Quizás Pablo Iglesias vio de joven, la película norteamericana, ¡Que vienen los rusos!, una comedia bélica estadounidense del año 1966, basada en la novela “The Off-Islanders” y adaptada al cine por William Rose.
La película, ambientada en plena guerra fría, trata sobre un submarino ruso, el Sprut ('pulpo' en ruso), que accidentalmente encalla frente al litoral de una pequeña localidad de Nueva Inglaterra, desatándose el pánico entre los residentes del pueblo ante lo que creen que es una invasión soviética.
Tras la tensión inicial y la psicosis que genera la noticia, en el puerto de la isla, la situación comienza a ponerse tensa cuando el capitán ruso amenaza con bombardear el pueblo si no les son devueltos algunos de sus hombres.
De pronto un niño, Jerry Maxwell, que estaba viendo el tenso enfrentamiento subido en el campanario de la iglesia, se resbala y cae hasta quedar colgado de un canalón. Los rusos y los isleños, olvidando sus diferencias, se lanzan a salvar al niño formando una pirámide humana. Al final el niño es rescatado de caerse.
Una vez se ha hecho la paz y la armonía, el submarino sale del puerto escoltado por los vecinos de la isla en sus respectivas barcas para protegerlo hasta llegar a aguas seguras, momentos después, llegan un par de aviones F-101 de las fuerzas aéreas estadounidenses, cuyos pilotos contemplan atónitos cómo los residentes protegen a los soviéticos.
Pero señores, lo que pasa en Ucrania no es una película y la realidad es que Pablo Iglesias y Podemos, nunca han ocultado su simpatía, con regímenes como: Venezuela, Irán o Cuba, que, de demócratas y defensores de la libertad, tienen muy poco.
Veremos cómo evolucionan los acontecimientos y los esfuerzos diplomáticos, pero la realidad es que hoy por hoy están desplegados 120.000 soldados rusos, “armados hasta los dientes”, y que muchos creemos que no están ahí, “para repartir flores”, ni tampoco son los “rusos amigables” de aquella divertida película.
Ignacio Pezuela Cabañes, diputado del GPP