Cristina Cifuentes es el oscuro objeto del deseo de propios y extraños. De propios, porque tiene un papel protagonista dentro del partido; continúa emergiendo; tiene futuro y un activo con posibilidades de revalorizarse, y esas circunstancias entorpecen el camino de aspirantes a tener el poder político en la Comunidad de Madrid, y la posibilidad de mayor presencia dentro del PP.
Oscuro objeto del deseo de extraños, porque es en estos momentos el gran rival a batir en la derecha; el bastión que le falta a la izquierda, sobre todo a la izquierda radical, para hacerse con todo el poder en Madrid, y de cara a los comicios de 2019, hay que proseguir la cruzada contra Cifuentes, no dejar que llegue limpia de sospechas a la cita con las urnas.
Pero quizá el peor enemigo lo tiene en casa. Puede que esté comilitando con él. Es más que probable, que desde dentro, tanto o más que desde fuera, quieran ir minando su prestigio y buen hacer por intereses personales.
Y digo todo esto porque, Cristina Cifuentes lo ha dado a entender con motivo del “caso” de su máster, cuando ha dicho “que lo achaca a una cacería por destapar la corrupción”.”El levantar alfombras tiene un alto precio”, ha dicho, y percibo que los dardos van contra algunos de los suyos, porque, la regeneración emprendida por ella, la denuncia de presuntos casos de corrupción, han apuntado directamente al PP, y esto, en vez de agradecérselo, hay a algunos que les molesta, y emprenden el contraataque de forma brutal.