Temo estas temporadas electorales porque se convierten en un suplicio interminable, antes, durante y después del gran acontecimiento que son fiestas para los políticos. Pero lo peor es esa sensación de invasión general que hace que el tema del voto sea lo único, la esencia de la vida de todos, la quinta esencia de cada 24 horas diarias.
Estamos ahora empezando y ya están hablando del 2015, que si el nombre del candidato del partido no puede hacerse esperar, que si hay que tomar decisiones...
La única realidad es que no me parece que estemos viendo perfiles políticos muy brillantes se mire por donde se mire, o es que sus líderes nacionales son opacos mates y no les dejan brillar con luz propia a la espera de lucir...
Entre las sombras de las dudas de unos, los perfiles osados, los pasados ruinosos, la permanente puesta en duda de cada acto y hecho, con el descrédito que eso acarrea, no sabemos hacia donde se dirige el camino de nuestro futuro. Antes estos asuntos estaban más o menos pautados, ahora todo es una gran incógnita.
Queremos políticas racionales, que nos permitan vivir dentro de los marcos legales y los márgenes tributarios justos. Que nos permitan vivir. No queremos políticas que solo nos quiten el alma, pasando por la ilusión, esperanza y hasta el ultimo euro de nuestros bolsillos, para que se los den en exenciones a otros por el eterno complejo quijotesco de que quién más aporta mas tiene que regalar y pedir perdón por existir y seguir entregando hasta la extenuación. Los madrileños somos gente abierta, razonable, sensata y muy inteligente a la hora de aceptar o reaccionar frente a la injusticia. Y el presidente del gobierno, cualquiera que gobierne, sabe que Madrid es un punto fuerte, muy fuerte, es una plaza esencial. La esencial que sirve como locomotora nacional y no sería de sensatez política dejar Madrid a su suerte, ni malgastar desde la indiferencia de Moncloa una comunidad y un ayuntamiento que claman por una deferencia, una mirada, o un guiño de animo.
En los gobiernos socialistas, por aquello de que Madrid es del PP se le deja en la estacada económica; y cuando gobierna Partido Popular, como ahora, más de lo mismo, porque hay que hacerle el rendez vous a otros lares, más desleales desagradecidos y menos productivos que nuestra comunidad, que siendo tan pequeña en proporción geográfica es grande en peso político nacional.
La era Aguirre-Gallardón ha tocado a su fin, y ahora nos estamos dando cuenta que tal vez no fuera tan mal ese duelo al sol de quienes hicieron de Madrid la plaza más fuerte del gobierno. Queremos discursos novedosos y sinceros, con promesas electorales reales y asumibles, que cuenten sensateces que construyan y no destruyan. Políticos que vayan de frente y dejen de mirar de costado y siempre hacia atrás.
Es tiempo de plantearse cambios, despejar dudas, mirar la cantera y aprender de una santa vez que, para ilusionar y crecer hay que renovarse, dejar entrar a la sangre joven...o morir. Eso o más de lo mismo eternamente? ¿Baile de asientos de nuevo?
Y que "no solo de política vive el hombre" ni las mujeres... ni nadie, excepto ellos.