Madrid
es mucho Madrid. Lo dice el refrán popular y la experiencia diaria. Sólo en una
ciudad tan ecléctica como ésta puede estar coincidiendo una multitudinaria procesión
siguiendo el lienzo de una Virgen, en un barrio adornado con mantones de Manila
pero donde residen o tienen sus negocios en la actualidad porcentajes altísimos
de ciudadanos indios, pakistaníes, árabes, chinos o africanos; con una
exposición sobre el surrealista Salvador Dalí por la que han pasado cientos de
miles de ciudadanos y que lleva camino de convertirse en la más vista de la
historia del Centro de Arte Reina Sofía.
En
Madrid conviven personas de más de 180 nacionalidades, y lo hacen, en términos
generales, sin mayor problema. Es, como bien dice su fama, una ciudad abierta
donde todo el mundo es bienvenido y donde a nadie se le pregunta por el origen.
Ya lo dice el célebre chotis de Olga María Ramos: "... todo el que llega de fuera
y bebe a pitorro, a los dos meses vive mejor que si hubiera nacido en Cascorro.
Y por eso, no siendo de aquí, se figuran que sí que lo son". Y remataba: "A mí, personalmente, no me parece mal que en
Madrid salga el sol para todos por ser la capital". Pues eso.
Ese
es el gran atractivo de Madrid. Un atractivo que no tienen otras ciudades,
mucho más internacionales e incluso más visitadas, protagonistas de películas y
de novelas, primeras en ser nombradas por los extranjeros cuando se les
pregunta por España. Entramos ya en los últimos 20 días antes de que los
miembros del Comité Olímpico Internacional decidan en Buenos Aires qué ciudad
quieren que organice los Juegos de Verano de 2020. Y aunque las tres opciones
son fabulosas oportunidades, vaya desde aquí mi particular -e insignificante-
empujoncito para Madrid, la ciudad que, sin duda, celebraría unos Juegos con
alegría, con calor humano y con un excelente recibimiento a atletas y turistas.
Ojalá estas cualidades sean tenidas en cuenta por el COI, además del montón de infraestructuras
ya realizadas, el excelente aeropuerto, los buenos transportes públicos, el AVE
que conecta todas las subsedes, y el deseo más que demostrado de una mayoría de
la sociedad española y de sus políticos, empresarios y sindicatos por organizar
el evento.