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Envidia

Envidia

sábado 15 de septiembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 25/09/2012 17:29h
   
Ya sé que es un pecado, y de los gordos. Pero no puedo evitar sentir, cada vez más, envidia. De otros países, de los que oigo cosas que me maravillan. Envidia de Estados Unidos, donde es lógico y comprensible que una ciudad sureña celebre cada año el triunfo confederado en una batalla contra los yanquis, reproduciendo los escenario, vistiendo los uniformes y ondeando las banderas del bando que entonces perdió. ¿Alguien imagina una cosa así en España, que se reprodujera un triunfo republicano contra los rebeldes con la bandera tricolor? Esa naturalidad asumiendo la historia es impensable en una nación como la española, donde ni siquiera se permite aún buscar y enterrar a las víctimas de la Guerra Civil, como si esto no fuera algo normal.

Siento envidia de los países donde pagar impuestos no es considerado un castigo a evitar a la menor oportunidad, sino una obligación ciudadana asumida y respetada. Donde la pregunta de “¿quiere la factura con IVA o sin IVA?” sería inimaginable. Donde defraudar suena tan mal como en realidad es.

Me dan envidia los países en que cuando un político es descubierto mintiendo o ejecutando alguna acción fraudulenta en su actividad pública, no espera a que se lo pidan y presenta su dimisión. Envidia y estupefacción, en este caso, porque la costumbre en España es que cada cual se aferre a su cargo con uñas y dientes y hasta  más allá del entendimiento humano.

Me da envidia de la educación cívica de otras latitudes, donde si a alguien le recriminan que haga ruido por la noche en la calle, molestando al vecindario, calla avergonzado y pide perdón, en lugar de revolverse contestando aún más fuerte eso tan español de “lo hago porque me  sale de los c...”. Esperanza Aguirre cuenta una anécdota de su señora madre, que estando en un país nórdico, encendió un cigarrillo y tiró la cerilla al suelo. De inmediato, un ciudadano se le acercó, recogió el fósforo y dirigiéndose a la dama, le dijo: “Se le ha caído esto”. A lo que la señora, como lo era, sólo pudo responder recogiendo la cerilla y tirándola a una papelera.¿Se imaginan la contestación a un gesto así en este país?
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