lunes 22 de noviembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 30/11/2010 14:31h
"A pesar de haber creado todo tipo de aparatos para ahorrar esfuerzo y tiempo, estamos empezando a tener la sensación de que tenemos menos tiempo para nosotros que cualquier otro humano en la historia” (Jeremy Rifkin, Presidente de la Fundación de Tendencias Económicas de Washington)
La reflexión que hace Jeremy Rifkin cobra especial importancia en el caso de las grandes ciudades, demasiado grandes como para proporcionarnos una vida feliz. Ciudades muy grandes en las que dedicamos un tiempo excesivo al transporte y disfrutamos de las actividades de ocio y esparcimiento solamente cuando nos visitan. Sacrificamos el ocio por el trabajo y renunciamos a horas de sueño para poder consumir más y adquirir "comodidades" en un compulsivo frenesí que pudiera parecer absurdo a los ojos de cualquier civilización alienígena que sitiera la tentación de visitarnos. Mejor pasar de largo, estos humanos parecen muy atareados...
¿Es la felicidad disponer de una casa grande, un mejor coche y poderse permitir unas vacaciones de catálogo? Eso sin olvidar la planificación de la jubilación y un buen plan de pensiones privado. Hago propia la frase que alguien me ha dicho recientemente: "soy feliz cuando dispongo de tiempo para mí mismo". Y añadiría "en este momento", por aquello de no sacrificar la felicidad presente pensando en un futuro que no termina de llegar.
Pudiera parecer una cuestión personal y de ámbito privado, y sin embargo creo que los poderes públicos pueden y deben hacer algo por hacer las vidas de los ciudadanos más felices. Para empezar, hablemos de ciudadanos y problemas concretos. Son ellos quienes definen con calidez y personalidad las demandas reales a las que hay que dar respuesta. Pero demandas concretas y tangibles para mejorar sus condiciones de vida.
Y lo que a todos nos falta en este frenesí para vivir mejor es tiempo. ¿Puede la política dar más tiempo a los ciudadanos? La respuesta es afirmativa. Por ilustrarlo con un par de ejemplos, tendremos más tiempo si terminamos antes de trabajar, con jornadas laborales razonables y horarios racionales; y podremos disfrutar de más tiempo para nosotros mismos si no deidcamos tres horas diarias al transporte. Y tanto lo primero como lo segundo está en la mano de los políticos, solamente tienen que cambiar el chip y pensar en términos de ciudadanía y felicidad.
Javier Flores encabeza la plataforma Responsabilidad Social Ciudadana - RSCi