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Contra el peatón

Contra el peatón

jueves 22 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 09/08/2010 19:20h

Hasta hace unos meses había entre la calle del Prado y la Carrera de San Jerónimo un reducido remanso de verdor, un tanto asilvestrado, que proporcionaba un respiro a los peatones. Ahora, tras la horrenda reforma de esa plaza ante el Congreso, sólo quedan unos supervivientes árboles y una gran lámina grisácea que emana un calor terrorífico. Algunos de los castaños que se han plantado para disimular ya están secos. Otros llevan el mismo camino. No hay verde, no hay apenas bancos. Sólo unas cuantas moles graníticas, algunas a pleno sol. Ni al que asó la manteca se le ocurre plantar en plena solanera estas piedras termo-acumuladores. Bueno, a arquitectos como Siza, sí. Porque  la reforma viene firmada por Álvaro Siza, que quede constancia. Hay peligro. Un graderío que baja hacia Neptuno se ha revelado como un peligroso desnivel, apto para descalabrarse al más mínimo descuido. Para remediar el barranco proponen ahora instalar unas pantallas transparentes, de esas que tanto gustan a los vándalos grafiteros para usar sprays abrasivos. Como los brillantes proyectistas no se habían dado cuenta de que los peatones suben y bajan, han tenido que improvisar una escalera metálica de las que se usan provisionalmente en la obras. Para constatar el fracaso, se han instalado unas vallas, como protección ante el peligro. ¡Qué enorme desatino urbanístico! ¡Qué tremenda agresión –una más- al corazón de la ciudad! Un peligro similar se da en la llamada plaza de los cines Luna, muy publicitada en los últimos días. Allí existen otros peligrosos escalones en los que uno se puede romper fácilmente el alma.

Se afirma que estas reformas se hacen para beneficiar al peatón. Pero el resultado demuestra que acaban siendo contra el peatón. ¿Quién va a estar en una plaza a 45 grados al sol, como marcaba el termómetro el lunes por la tarde, sin sombra y con esas bancadas? Se está echando descaradamente al paseante de los pequeños pulmones verdes que tenía Madrid. Esta reforma de la plaza de la Cortes es, posiblemente, de las más espantosas en los últimos años. Y eso que es difícil establecer diferencias entre destrozos como la Puerta del Sol, plaza de Vázquez de Mella, la de Ramales, la de Chueca, Callao o la de Santo Domingo. Por cierto que esta última –proyecto estrella de la pasada legislatura- muestra un grado de deterioro francamente preocupante. Además, es el gran urinario del centro madrileño. Los regueros de meados y el olor a pis son nauseabundos. Como en tantos rincones, por otra parte.

No cesa esta destrucción masiva del Centro con la plaza de las Cortes. Se han liberado ya algunos metros de la plaza de Isabel II (Ópera) con la nueva entrada al suburbano. Por lo que ya se ve, esta obra va a ser de las que pasará –presumiblemente- a los anales de los destrozos. Francisco Herrera y su Fundación para el Progreso de Madrid necesitarán más espacio para su lista anual de horrores urbanísticos. Le pediría que añadiera un escalafón con los arquitectos que firman más horrores de este tipo.

No he leído nada –no sé si lo ha escrito- de Paloma Sobrini, decana del Colegio de Arquitectos, sobre los proyectos madrileños de sus colegiados, convenientemente aprobados por la mayoría municipal del PP en Madrid.

Al hilo de esta reflexión sobre la plaza de las Cortes, me viene otra que pone los pelos de punta: Álvaro Siza firma también el proyecto Prado-Recoletos. ¡Dios quiera que me equivoque, pero el bosque de plátanos de ese paseo puede tener los días contados! La piedra granítica, el gris, amenaza a ese gran pulmón histórico. Va siendo hora de decir ¡basta!

Antonio Castro.

Cronista de la Villa.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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