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Pablo tocando la batería
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Pablo tocando la batería (Foto: Familia de Pablo)

Cuando la batería elige al músico: el talento de Pablo con 16 años

Por Pablo García Sanz
miércoles 11 de marzo de 2026, 11:07h
Actualizado: 23/03/2026 14:06h

Hay músicos que aprenden a tocar un instrumento y otros, más raros de encontrar, para quienes es el instrumento el que elige a su músico. Es el caso de Pablo García, un madrileño que con 16 años ya golpea la batería con la misma naturalidad con la que lo hace un veterano con años de experiencia.

Pronto hubo quienes lo supieron ver antes que él: sus padres, que le compraron su primera batería de juguete con tan solo cuatro años. “Desde muy pequeño parecía que se iba cuando tocaba. Tiene algo muy especial”, recuerda su madre, Marta. Ese “irse” es algo de lo que Pablo es muy consciente cuando se sienta frente a la batería: “Cuando me pongo a tocar, me olvido del resto del mundo, somos la batería y yo”. Y es que no es una metáfora, el que lo ve tocar, se da cuenta de que es muy cierto.

"Cuando me pongo a tocar, me olvido del resto del mundo, somos la batería y yo"

Los primeros años de Pablo con la música fueron casi por intuición, una llamada del instrumento al que lo hace sonar, y que no ha soltado, casi nunca, desde entonces. “Casi nunca” porque como ocurrió con casi todo, la pandemia paró el transcurso natural de las cosas.

Su tío Edu, principal promotor del muchacho, le regaló sus primeras baquetas, un gesto al que han seguido horas de ensayo y aprendizaje junto a sus profesores. Su formación ha pasado desde la escuela La Caja de Música de Collado hasta ser pupilo de José de Bruno, conocido por su trabajo con músicos como Leiva, Andrés Calamaro o Joaquín Sabina.

De hecho, uno de los referentes del joven desde que cogió aquellas baquetas ha sido su tío Edu, guitarrista y voz del grupo madrileño LalalaBand, quien afirma que el talento de Pablo trasciende el tocar bien la batería: su oído, su capacidad de interpretación lo diferencian del resto. “Muchas veces le enseño una idea que tengo para una canción y, antes de que le explique nada, él ya está tocando justo lo que yo tenía en la cabeza… pero mejor”, relata su tío.

"Antes de que le explique nada, él ya está tocando justo lo que yo tenía en la cabeza"

Su padre, Goyo, otra de las figuras más importantes en la vida de Pablo, destaca otra de las bondades del joven: su extenso conocimiento de bandas y músicos destacados, tanto actuales como leyendas de la música. “Tiene una cultura musical que no es normal para su edad. Habla de música con adultos y conoce artistas, discos y canciones que ni yo mismo sabía que existían”.

Y no es para menos, una de las máximas de cualquier artista es tener referentes: seguir sus pasos, evitar sus errores y lograr lo que ellos han logrado, ese es el objetivo de Pablo.

A pesar de tan solo tener 16 años, su experiencia en el escenario no es precisamente escasa. El joven madrileño ya ha actuado en conciertos escolares y en salas de eventos como Moe, en Madrid; incluso ha tocado frente a 5.000 personas en la Jamscout, uno de los eventos canónicos en la incipiente carrera del joven.

También ha tenido la oportunidad de tocar durante un intercambio en la Universidad de Stanford, en San Francisco, o de subirse al escenario acompañando al grupo al que pertenece su tío, LalalaBand. La forma en la que Pablo afronta estas actuaciones también es reseñable. “Antes de salir puede estar nervioso, pero en cuanto empieza a tocar ya no hay nervios, solo música”, añade su madre.

"En cuanto empieza a tocar ya no hay nervios, solo música”

Aunque soñar es gratis, es mejor hacerlo a su debido tiempo. Aunque Pablo continúa muy relacionado con la batería cursando asignaturas en la Escuela de Música creativa de Madrid, en la actualidad se encuentra centrado en sus estudios en Bachillerato, de obligado cumplimiento para lograr sus objetivos.

Pablo tocando la batería (Foto: Familia de Pablo)

Como se puede observar, la familia en su conjunto ha conformado una red de apoyo para Pablo, una red de apoyo que, incansable, le ha mantenido los pies en la tierra mientras nunca le ha soltado la mano. Sus padres le recuerdan que, para poder llegar lejos, es necesario no descuidar sus estudios del Bachillerato, paso previo antes de poder echar a volar. Es gracias a ellos que el adolsecente puede soñar a lo grande. Su primera meta es poder estudiar después del Bachillerato en centros destacados de la música como Berklee College of Music, donde poder aprovechar al máximo el potencial de la joven promesa.

Pero las aspiraciones de Pablo conocen límite, un límite con el que se topan miles de músicos cada día en España: la educación musical es compleja y muy costosa. No todo el mundo puede contar con los mimbres necesarios para costear su formación, o ni siquiera, en muchos casos, para dedicarse completamente a la industria musical. Conscientes de ello, la familia ha lanzado un crowfunding para financiar sus estudios en la Escuela de Música Creativa de Madrid, una meta fijada en torno a los 45.000 euros.

La meta, aunque ambiciosa, es inasumible para su familia, por lo que Pablo se dirige a los lectores de Madridiario: “Ójalá podáis ayudarme, os estaría eternamente agradecido”. La familia, en su defecto, ya ha barajado con él posibles planes alternativos de futuro, aunque ninguno parece convencer al joven porque la batería tiene que estar presente en esos planes. Su madre cuenta: “Intentamos hablar con él de otras carreras, pero parece complicado, Pablo es música”.

El joven todavía tiene mucho que aprender, su juventud ahora mismo es su mayor obstáculo, aunque una de sus mayores virtudes, esas ganas de comerse el mundo se van perdiendo con los años. Para él la música no es un pasatiempo ni una vocación, es un estilo de vida y, como él mismo dice, “un lugar al que ir cuando todo lo demás desaparece”.

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