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Invertir en el futuro de todos

viernes 01 de mayo de 2020, 13:07h

La actualidad de la semana nos ha dejado dos grandes mensajes: uno negativo, sobre el enorme impacto económico y social del COVID-19; y otro positivo, sobre la esperanzadora respuesta del Consejo Europeo al encargar a la Comisión la creación de un fondo de recuperación europeo. En el mejor de los casos, este último se concretaría en un paquete histórico, tanto por volumen como porque podría implicar el nacimiento de un verdadero presupuesto federal de la Unión.

España afronta la salida de esta crisis en un escenario de retroceso del PIB de entre el 6% y el 14%, según distintos organismos, y con una escalada del desempleo que se acerca al 20%. Cierto es que cuenta con la ayuda de una política fiscal expansiva compartida con los socios europeos. El objetivo de esta inversión sin precedentes, sin embargo, debe estar claro: desafiar las estimaciones y evitar que se cumpla el peor escenario. Y para conseguirlo, debe movilizarse toda la ciudadanía a través de las Administraciones Públicas, las empresas y el Tercer Sector. Todos deben colaborar y sumar con un espíritu transformador y emprendedor.

El elevadísimo volumen de gasto público que se pone ahora en marcha incluye, de un lado, políticas de transferencia de rentas a las familias para reducir el impacto social y sostener la demanda. De otro lado, aporta ayudas y liquidez a las empresas para facilitar la reactivación de la oferta. Pero toda inversión debe incorporar una política reformista para adecuar la oferta -tanto pública como privada- de bienes y servicios a las verdaderas necesidades de la sociedad.

Desde hace décadas vivimos un cambio en el paradigma económico causado por la globalización, los cambios tecnológicos y un aumento sin precedentes de la esperanza de vida y de la población mundial. Esto ha provocado una mayor demanda de bienes como la energía o los alimentos y de servicios como la educación, la salud o la atención a mayores. Nos encontramos ante un desafío mundial que debemos afrontar usando las mejores herramientas del ser humano: innovación y ciencia. Esa es la alternativa frente a las recetas regresivas que vienen de la mano de la autocracia, el extremismo y los nacionalismos.

La gran pandemia no es ajena a esta situación. El aumento de la población y de la movilidad global favorecen su expansión. Sus efectos, además, aumentan la brecha entre oferta y demanda. Por este motivo, la política económica de la reconstrucción debe estar orientada a cerrar esa brecha, creando un ecosistema propicio para la investigación, el emprendimiento, la producción de bienes sanitarios, la prevención de enfermedades, los servicios de atención a mayores y personas en riesgo de exclusión, la formación on line -particularmente en profesiones emergentes como la prevención de riesgos- y el diseño -o rediseño- de actividades de ocio, culturales o de restauración.

Debemos dedicar el esfuerzo de gasto a generar estructuras científicas y sanitarias resilientes, dinámicas y flexibles, que se adapten a las necesidades de cada momento. Igualmente, tenemos que fomentar una industria capaz de reorientar su producción en un tiempo récord. Ya sabemos que no solo necesitamos un Green Deal, sino también un Science & Health Deal.

La nueva política económica, en definitiva, no es una política de gasto indefinido que viene para quedarse, sino que llega para inaugurar -y dejar tras ella- una economía competitiva, sostenible e inclusiva basada en la investigación, el conocimiento y la diversidad del talento humano. Esta es la única forma de prosperar sin dejar a nadie atrás.

Enrique Martínez Cantero

Diputado del Grupo Parlamentario Ciudadanos en la Asamblea de Madrid

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