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Madrid Central y la importancia de los matices

jueves 15 de noviembre de 2018, 08:26h

“Las ciudades se han convertido en auténticos sujetos globales. Hoy puede ser más eficaz una política de reducción de emisiones gestionada por una ciudad que por un gobierno nacional”. Así se refiere el prestigioso economista, y siempre colaborador con las Comisiones Obreras, José Moisés Martín Carretero, en su ensayo “España 2030: Gobernar el futuro” sobre la relevancia de las urbes en un futuro que ya está aquí.

Creo que la cita viene muy a cuento con la puesta en marcha por parte del Ayuntamiento de la capital, el próximo 30 de noviembre, del denominado Madrid Central”. A todas las derechas madrileñas y españolas: PP, Ciudadanos y Vox les ha faltado tiempo para convertir la iniciativa en una virulenta campaña contra el Consistorio presidido por Manuela Carmena.

Desde la independencia de partidos políticos que caracteriza a las Comisiones Obreras, siempre consideramos la importancia de la política, del noble arte de la política, frente a intereses partidistas, más aún, cuando se acercan periodos electorales. No renunciamos a nuestra pata sociopolítica engarzada a la estrictamente laboral y que más que contradicciones genera debate, conclusiones, alternativas y progreso.

Más política y menos partidismo en los gobiernos es abogar por el bien común. Es debatir, dialogar, votar, ejecutar y corregir errores que pueden surgir en la práctica. Sin enrocarse.

En el caso de Madrid Central es criticar y matizar desde todos los ámbitos (vecinos, comerciantes, hosteleros y por supuesto trabajadores) en el modelo de una ciudad sostenible. Algo que no es exclusivo de nuestra capital, ni de las grandes urbes occidentales. París ha peatonalizado 3,3 kilómetros del Muelle Pompidou a la Puerta del Arsenal, una auténtica autopista urbana.

Nueva York, la capital del mundo, con permiso de Bilbao, ha peatonalizado Broadway a su paso por Times Square (lugar conocido gracias a las películas por ser donde se celebra fin de año). Jan Gehl, arquitecto del proyecto, asegura que “la circulación de personas, no de coches, favorece el comercio”. Pero medidas similares se están acometiendo en el centro de Moscú, Berlín, Melbourne, Shangai…

Madrid, cuyo crecimiento vino determinado por la desordenada especulación franquista, es ya esa gran urbe que requiere una especial atención porque, tal como concluimos en la Conferencia de Sindicatos de Regiones Capitales (ECTUN), las grandes ciudades padecemos problemas muy específicos sobre movilidad, transporte, desplazamiento al trabajo o contaminación.

Esta preocupación no es nueva para las Comisiones Obreras de Madrid. En nuestra tradición, compartimos y debatimos con organizaciones ecologistas (Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra, ADENA, Greenpeace…) y, en su día, con partidos progresistas como IU y PSOE encarnados, respectivamente en la ciudad de Madrid tanto tiempo por Julio Misiego y por uno de los mayores expertos y profetas de la movilidad como fue Eugenio Morales. En nuestra hemeroteca particular podemos comprobar cómo en un número especial de Madrid Sindical (febrero de 2008), bajo el titular “Madrid nos mata”, alertábamos de que las emisiones globales alcanzarían su máximo en diez o quince años, como trágicamente ha sucedido. En marzo de 2010 ya insistíamos con un decálogo para una movilidad sostenible, que no ha perdido vigencia.

Como primera medida destacábamos el “priorizar el transporte público y las inversiones para mejorar su calidad. Dotar de este tipo de transporte a polígonos industriales, zonas empresariales y otras áreas de actividad”. Asimismo abogábamos por el aumento y protección efectiva de los carriles-bus; la accesibilidad universal de los transportes públicos; creación de una red de itinerarios peatonales; impulsar la red básica de vías ciclistas; plan de recuperación de entornos urbanos; moratoria en la construcción de más túneles y nuevas infraestructuras de alta capacidad; disminución de la velocidad; cierre al tráfico de los espacios verdes de la ciudad y aplicación de la legislación sobre calidad del aire.

Este último punto, calidad del aire, es fundamental para aplicar una iniciativa como el actual “Madrid Central”. Una iniciativa, que como mencionaba recientemente el abogado y miembro de la Fundación Alternativas, Manuel de la Rocha, requiere de tres cuestiones clave para ser efectiva: transporte público, información y aparcamientos disuasorios.

Estas cuestiones entroncan con las preocupaciones de CCOO de Madrid y que tampoco son nuevas: movilidad a los centros de trabajo y medidas a tomar en el periodo de transición. Y no se trata de asuntos baladí teniendo en cuenta los retrasos y averías que padece la red de Cercanías tal como venimos denunciando junto a los usuarios desde antes del verano.

Respecto a los aparcamientos disuasorios, los presupuestos de la Comunidad de Madrid del PP & Ciudadanos, que parece están siendo negociados en la clandestinidad, prevén 69 millones para un plan de aparcamientos que concluirá ¡dentro de diez años!

Madrid, la ciudad, requiere de mucho cariño por sus gobernantes. Tras la guerra civil, fue una ciudad perdedora por su resistencia ante el fascismo; tanto, que en venganza, pudo perder la capitalidad, tal como nos recuerda el cronista de la ciudad, Pedro Montoliú, quien en su libro “Madrid, de la dictadura a la democracia, 1960-1979”, insiste en el loco y especulativo urbanismo de la ciudad, en donde el coche se hizo con el espacio de la ciudad:

“Si a finales de 1964 había 418.000 vehículos, en 1970 se alcanzaron los 800.000; en marzo de 1971, los 900.000 y en octubre de ese mismo año, por decreto, se cambió el sistema tras la entrega de la matrícula 960.985”, explica Montoliú, quien nos recuerda que la decisión de absorber coches pasó por hacer pasos elevados y esa herida en la ciudad que fue la M-30. En 2016, según el Instituto de Estadística, el número de turismos en la región era de 4.484.019 y en la capital, 1.894.329.

El PP de Esperanza Aguirre siguió aquella estela insostenible con el desastre de las radiales, permitiendo llegar antes a los atascos, al caos circulatorio, al embotellamiento de la ciudad, a la famosa boina de contaminación…, y además pagando.

Sea como fuere, la derecha madrileña se ha desgañitado históricamente ante las propuestas de la izquierda a la hora de racionalizar la movilidad y el medio ambiente, sin embargo, algunas ideas de la izquierda fueron puestas en marcha por el PP como quien no quiere la cosa, con el beneplácito de sus medios de comunicación afines: peatonalización del barrio de las Letras, “para reducir la contaminación y el ruido”, decía el concejal Pedro Calvo en 2004; práctica peatonalización de la Puerta del Sol y “Sol volverá a ser de los ciudadanos”, proclamaba ABC en 2009…, periódico que en 2003 celebraba los cierres de Gran Vía iniciados por Gallardón en diciembre de ese año.

La memoria es floja, tanto como para no recordar los parquímetros de Ana Botella... Fue por cierto, Ana Botella, quien preveía poner en marcha un plan heredado de Gallardón para peatonalizar la calle Atocha, “columna vertebral peatonal antesala de los sitios reales…”

Madrid tiene que mirar al futuro como una de las principales ciudades del mundo. La derecha, y las administraciones que gobierna, tienen que hacer un alarde de responsabilidad y remar en ese rumbo y dirección. Para ello es imprescindible tomar medidas porque esta ciudad, si no, revienta por contaminación, ruidos y atascos.

Desde CCOO de Madrid hemos planteado nuestras preocupaciones y el Ayuntamiento se ha comprometido a incorporar a los sindicatos a la Comisión de Seguimiento y Evaluación del Madrid Central y la movilidad en la ciudad. Ahí también podremos debatir y progresar sobre la distribución de mercancías del comercio electrónico o las nuevas fórmulas precarias que se generan en torno a esta actividad.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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