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La mejor juventud

martes 07 de junio de 2016, 08:14h

Ya estamos en elecciones y los políticos descienden de la nube en la que han permanecido estos meses haciendo lo mejor que se supone que saben hacer: prometer cosas. De nuevo la molestia de ocuparse de nosotros. Incluso de los niños. Incluso de la juventud. Incluso de los mayores. Campaña tras campaña, elecciones tras elecciones, los mensajes se repiten. Excusatio non petita, accusatio manifesta. Es momento de votar. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, repiten los candidatos en la caja tonta. Y de paso los mayores también. Ya tendremos tiempo de volver a olvidarnos de ellos. Rajoy, siempre tan perspicaz, decía el otro día que el objetivo es crear empleo. ¿Cuántas veces lo habremos oído? Mejor dicho, envalentonado por los datos de descenso del paro, matizó que había que crear “más empleo”. Y añadió: “Empleo de calidad”. Pues eso, lo dicho: “Excusatio non petita, acccusatio manifesta”. Bueno, no nos pasemos tampoco. A ver si nos vamos a acostumbrar mal, señor Rajoy.

Pero ¿qué trabajo? Una gran mayoría de los jóvenes en España carece de oportunidades. Aunque encuentren trabajo porque estarán mal pagados cuando no explotados. Este es un país en el que esos empresarios, a los que el Banco de España por cierto ha cateado recientemente sin ningún miramiento, utilizan todas las argucias posibles para conseguir aquello por lo que cualquier empresario suspira sin tener en cuenta nada más que su beneficio a corto plazo. Nuestros jóvenes -los empleados- han de soportar sueldos diseñados justo para que no puedan establecer un mínimo plan de vida. Padecen todo tipo de triquiñuelas, como esos cursos de formación -cuyo rigor también echa en falta el Banco de España- que en absoluto están para formarles sino para utilizar mano de obra ya no barata, eso era antes, sino prácticamente gratuita. Y por supuesto sin la menor garantía de que sirvan para que luego consigan un empleo. Muchos de ellos, viven bajo la angustia de que sus contratos se renueven incluso cada semana a meced del caprichoso juicio de quién les evalúa. Cómo no. España, un país en el que los becarios son ya no explotados sino que son objeto de chistes. “Es lo que hay”, como suele decirse y tanto repiten los verdugos de sus esperanzas. “Y si no te gusta, hay otros ahí esperando”, suelen repetir, amenazadores. Los jóvenes de hoy están incapacitados para construir su futuro y ayudar a sostener incluso el de sus viejos. Si no hay empleo, sin no hay cotizaciones, efectivamente, ¿cómo se mantendrá el llamado estado del bienestar o lo que pueda quedar de él? Hoy en día, la desesperanza de encontrar un trabajo une dos polos generacionales como si fuese un fenómeno de la naturaleza imposible de detener.

Los padres de muchos de estos jóvenes, tenían un plan de vida por el cual hacían la mili, se casaban y luego se peleaban para conseguir “que te hiceran fijo”. Un concepto del siglo pasado, según el presidente de la CEOE. Hoy ya ni se puede hacer la mili. Será por eso que a los jóvenes les resulta tan difícil establecer buenos contactos. Y mientras, a tantos que parece que nunca los necesitaron, se les llena la boca con aquello de que “se acabaron los empleos para toda la vida”. Lo peor es que se quedan cortos: se acaban hasta los empleos que duran un mes. O una semana, incluso. Que se lo digan a muchos de nuestros jóvenes. Así que ahora que es tiempo de promesas, sería bueno que éstas viniesen acompañados por un mínimo de autocrítica y de examen de conciencia. Midan señores políticos muy bien sus palabras. Sobre ellas se edifican muchos de los sueños de aquellos que van a votarles confiando en ellas. Si prometen algo, procuren cumplirlo. No jueguen con las esperanzas de nadie. Algún día lo que se está haciendo con nuestra juventud, pasará factura a este país. Y quizá entonces será el momento en que, como temió Gabo, nadie tendrá “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

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