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Dèjà vu

viernes 06 de mayo de 2016, 07:53h

Como consecuencia de los avatares de la historia y el pensamiento, los franceses han colonizado el mundo con sus innumerables galicismos y expresiones aparentemente indescifrables. No hace tanto, el estudio del francés en nuestro sistema educativo resultaba más urgente y cotizado que el inglés hasta que éste impuso su mayor valor como moneda de cambio. Estudiar francés era más fino. Estudiar inglés, más práctico. Esa dicotomía separó el país en bandos irreconciliables casi tanto como los que estudiaban ciencias o letras hasta que alguien cayó en la cuenta de que también en España se podía estudiar más de un idioma al mismo tiempo. Esas expresiones incluyen por supuesto la gastronomía -esa “nouvelle cousin” y esos programas con jefes de cocina disfrazados de Chefs-, pero alcanzan a definir hasta misterios más complejos del comportamiento humano: Cherchez la femme; avant la lettre; laissed faire, laissed passed, ménage à trois y el hoy en día tan actual para nosotros déjà vu, esa sensación repentina que acontece como un relámpago en los vastos territorios de nuestra memoria. Hoy en día, en efecto, todos tenemos una acusada sensación de déjà vu, casi permanente, porque creemos haber visto, y oído, en suma haber vivido, las mismas cosas de antaño en nuestro atribulado presente. Desde la política hasta el fútbol.

Presumen nuestros llamados representantes políticos de estar buscando una reducción en los gastos electorales. Miedo nos dan. No sería de extrañar que en base a su extraordinaria habilidad para complicar aún más las cosas, esta próxima campaña acabe saliendo más cara. “saliendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria”, decía Groucho Marx. De momento, tampoco en esto parecen estar muy de acuerdo, así que empezamos bien. Igual es que no están muy acostumbrados a apretarse el cinturón. Tampoco a negociar nada, sea avant la lettre, como en ménage à trois, o a dos, o a tres y a cuatro. Nos quedan por vivir los déjà vu –aunque así dicho parezca una contradicción metafísica- de las desavenencias de los debates electorales. Ni siquiera se trata de cherchez la femme porque ya nadie quiere a Soraya. Todos quieren sacar de la cueva a Rajoy y no se dan cuenta de que Rajoy no es consciente de estar en cueva alguna. Vive una realidad paralela. Como en el mito de la caverna de Platón, no parece discernir el mundo real, sensible, atado como está a quién sabe qué cadenas

De momento, los primeros pasos de esta campaña como un bucle, invitan al bostezo, y más que nunca al déjà vu, como si nos hubiéramos despertado de un sueño dentro de un sueño. Ya puestos a reducir costes, igual se trataba de eliminar directamente la campaña si nos van a contar las mismas cosas que aún todos recordamos. Y más si, como parece, nadie va a ganar -o perder- por reiterar lo que nos habían prometido sino por lo que han incumplido tan recientemente. Y todo eso también lo sabemos. Está por ver qué harán los ejércitos, ya organizados, de los indecisos. Si serán capaces de cambiar la relación de poder ejerciendo su vocación de indecisos o si, por el contrario, no podrán evitar la furia contenida, tal vez aún agazapada, del electorado dispuesto a agitar sus banderas.

Van a ser días de banderas de aquí a la llegada del Gran Verano. Tampoco faltarán las que enarbolen los seguidores de los equipos que también se juegan el futuro estos días. Hay uno que se sostiene entre su fe en el futuro y el poder nostálgico de su pasado. Una combinación letal y poderosa. Es el Atlético de Madrid que quiere regresar al pasado del inolvidable año 74 para saltar al futuro de este incierto 2016. A su rival, el Madrid, le empuja no ya sólo su codicia y su insaciable sed de prestigio, sino su necesidad de creer en el futuro. . Hambre contra abundancia. La elegancia risueña de príncipe egipcio de Zidane contra la astuta mueca de bucanero de Simeone. Será una final de chotis y barquillos en un mes de por sí tan madrileño como Mayo. Por fin encontramos, de nuevo en el fútbol, algo de coherencia. Que debatan Zidane y Simeone y los políticos salten a correr por el campo. Ya veremos cómo influye todo esto en la intención de voto. Porque de la Liga, mejor no hablar. O de la Copa del rey y más si parece que este año, sólo silbarán de un lado. De momento, ya se han reforzado las Urgencias para los próximos fines de semana. El 26 de junio no será un domingo cualquiera. Se ha perdido la oportunidad de que en ese día no pensásemos más que en La Roja. Ojala para entonces no estemos todos de “humeur de chien”.

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