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10-N: ¡A votar!, con enfado, pero a votar

jueves 10 de octubre de 2019, 08:07h

Los líderes de los partidos políticos de izquierdas han logrado con su irresponsabilidad, no sé incluso si con cierto infantilismo de machos alfa, que millones de votantes progresistas, de izquierdas, de clase trabajadora, hayamos pasado de la perplejidad a la incredulidad y de ésta a la frustración. Una frustración que ha devenido en un enfado que puede alentar la pereza para acercarnos a las urnas a votar el próximo 10 de noviembre. En el peor de los casos se puede haber sembrado un peligroso abstencionismo activo y “cabreado” como respuesta, fundamentalmente entre una juventud ya desencantada, traicionada. Lo que sí es seguro es que los votantes de la derecha volverán a votar en masa.

No tengo la más mínima intención de analizar qué circunstancias han llevado a esta situación de desgobierno y mucho menos entraré a formar parte de guerras fratricidas entre las diferentes opciones de izquierdas. Estoy convencido que hay mimbres para una causa común que legisle y ejecute en beneficio de los más desfavorecidos, por eso también me llama la atención que siga vigente el cainismo en la izquierda española hasta límites incalificables, mientras desde las derechas se observa el espectáculo con satisfacción.

La nueva convocatoria de elecciones generales ha supuesto la paralización del país, algo que ha afectado fundamentalmente a quienes más necesitan unos presupuestos generales del estado sociales, reformas estructurales que combatan la desigualdad, que recuperen derechos arrebatados, medidas que tumben de una vez por todas una crisis que pervive en miles de hogares españoles y que abocan a la exclusión.

Y es que a estas alturas se siguen prorrogando presupuestos redactados por un Partido Popular expulsado del Gobierno a través de una moción de censura. Como la memoria es floja, no podemos olvidar que ese PP es el mismo que estaba, está enfangado en múltiples causas de corrupción. Estos días de octubre Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre habrán declarado en el juzgado. Pero el griterío, al que habrá que añadir en breve la respuesta al juicio del procés nos hará obviar la razón última de este proceso electoral: Mariano Rajoy tuvo que dimitir y la derecha no puede dirigir el rumbo de España.

Tampoco podemos ser extremadamente negativos. Que votar no es malo lo sabemos muy bien quienes padecimos cuarenta años de dictadura en los que estaba prohibido ejercer el derecho al voto, entre otros muchos derechos y libertades. Fueron años en los que muchas personas, muchísimas del PCE y de CCOO, dieron su vida para que ahora podamos votar a quienes nos representen. Es innegable que padecemos crisis de liderazgos serios, como está ocurriendo en Europa y en el mundo, y que ese noble arte de la política, cuyo objetivo es alcanzar acuerdos, se está diluyendo en beneficio del eslogan, la frase fácil y el gobierno del tuit.

El sindicalismo tiene una visión diferente a los partidos políticos. Los sindicatos estamos a pie de tajo, organizando y representando a la clase trabajadora, y la clase trabajadora es muy práctica. Es impensable no actuar con prontitud ante despidos; es inviable alargar hasta el infinito la firma de un convenio. Y España, ahora, necesita respuestas rápidas. Esperemos que no sea demasiado tarde para poder abordar una agenda reformista al servicio de los trabajadores y de las trabajadoras.

Evidentemente no nos encontramos ante una alarma económica, pero es innegable que navegamos con rumbo a la incertidumbre gracias, fundamentalmente, a dos extravagantes y peligrosos políticos con exceso de poder: Donald Trump y Boris Johnson. El primero está tambaleando el tablero geoestratégico mundial y se embarca en peligrosas guerras comerciales contra China y la Unión Europea como ya sabemos bien en España por los aranceles impuestos a productos como aceitunas, vino o cerdo. El segundo está llevando a Gran Bretaña a una salida loca de Europa con consecuencias difícilmente cuantificables.

Es decir, mientras muchas personas no han salido de la crisis provocada por la Gran Recesión de 2008, aparecen en los medios de comunicación palabras como ralentización y desaceleración, ciertamente lejos de lo que sería una recesión (dos trimestres continuados de crecimiento económico negativo). Por ello es necesario un Gobierno que garantice estabilidad y acometa reformas.

Nuestro país tiene que abordar de forma urgente una reforma fiscal para evitar el crecimiento y cronificación de la desigualdad. Al tiempo que debe acometer dos cambios estructurales fundamentales: emergencia climática y feminismo (igualdad absoluta de derechos, desaparición de brechas y lucha sistemática contra el terrorismo machista). España tiene que coger el toro por los cuernos de la transición a la economía digital y a los inminentes cambios en la industria, además de atender a una cada vez mayor España vaciada y, escasas y desbordadas, ciudades gentrificadas. Para acometer algunas reformas necesarias, incluido el histórico problema territorial y de emergencia climática, hay que plantearse la reforma constitucional.

Y desde CCOO no hemos olvidado las propuestas sociales que realizábamos en abril para el giro social estructurado en diez ejes: un nuevo modelo productivo sostenible; empleo de calidad; mayor recaudación y más justa; garantizar la igualdad entre mujeres y hombres; lucha contra la pobreza; viabilidad y suficiencia de las pensiones públicas; servicios públicos de calidad; combatir la siniestralidad laboral; igualdad de trato y oportunidades, y mejorar la calidad de la democracia.

Cada uno de estos ejes contiene una serie de propuestas, entre las que destacaría el establecimiento de una Banca Pública; la derogación de la reforma laboral; establecer una Prestación de Ingresos Mínimos; derogar la reforma de las pensiones de 2013, el factor de sostenibilidad y el índice de revalorización del 0,25%; incrementar sustancialmente los recursos para mantener y mejorar unos servicios públicos de calidad; desarrollar un sistema que garantice la salud integral de los trabajadores y derogar la llamada ley Mordaza y el artículo 315.3 del Código Penal, que criminaliza el ejercicio del derecho de huelga.

Termino parafraseando a Almudena Grandes en un reciente artículo titulado Istoria refiriéndose a las vomitivas declaraciones de Ortega Smith sobre las Trece Rosas, victimas del fascismo y verdugas de nadie: “Merece la pena votar a favor de un Gobierno capaz de reformar el Código Penal, para que la manipulación de los datos históricos, la difamación y la calumnia sean delitos severamente castigados. Ya sé que no les apetece, pero si creen que nuestra democracia no se respetará a sí misma mientras no respete la dignidad de quienes lucharon por ella, no les queda más remedio que votar el 10 de noviembre”

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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