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Javier Gutiérrez.
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Javier Gutiérrez. (Foto: Javier Bernardo)

Javier Gutiérrez: "El cine actual es un producto de usar y tirar"

Un actor todoterreno. Es la definición más ajustada para Javier Gutiérrez, un hombre polifacético al que los dos Goya conseguidos en su fulgurante trayectoria no le restan un ápice de humildad. Nacido en Luanca (Asturias), pero de corazón ferrolano, este “culo inquieto” brilló en La isla mínima o El autor y ahora protagoniza Campeones, el taquillazo del momento. Sin embargo, no ha olvidado sus años como animador de discoteca en Madrid, cuando era uno de tantos artistas que no pueden vivir de su profesión. Quizá ello le haya llevado a describir a los intérpretes como “frágiles y altamente inflamables”, aunque lo único que echa humo en la actualidad es su teléfono. La consolidación de este camino profesional exitoso y la huella que sus actuaciones han dejado en los espectadores le han hecho merecedor del Premio Madrid al ‘Hombre del año’, distinción que recogerá el próximo lunes 28 en el Westin Palace.

La prensa local madrileña le reconoce como ‘Hombre del Año’, ¿es este el año de Javier Gutiérrez?

Lo primero, tengo que agradecerlo. Me siento muy honrado con ese título. No sé si es un año excepcional, pero sí de recoger frutos por el trabajo hecho desde hace mucho tiempo. A veces acertando y otras equivocándome, pero sobre todo teniendo suerte con los proyectos que elijo. Además, no es solamente responsabilidad de uno. Cuando haces una película, una serie de televisión o un espectáculo de teatro eres una pieza más de un engranaje, del trabajo de mucha gente. No solo es un premio para mí, sino un reconocimiento para equipos de trabajo y compañeros.

Después de una lluvia de premios en la última década, culminada con dos Goya, ¿qué queda del Javier Gutiérrez que vino a Madrid con 19 años?

Creo que queda todo. La ilusión intacta, las ganas de seguir trabajando, aprendiendo y de enfrentarme a nuevos retos. Me queda mucho por hacer, mucho camino por recorrer. ¡Ojalá!

Fueron años de papeles cómicos en televisión, ¿tuvo miedo de encasillarse?

El miedo de los actores es que no suene el teléfono. Hay pocos actores de este país que puedan elegir proyectos o tengan sobre la mesa varias ofertas de trabajo. En mi caso, estuve haciendo el personaje de Satur en Águila Roja nueve años, en una serie en la que aprendí muchísimo y transité por el drama y la comedia, pudiendo llegar a millones de personas. Aunque pueda parecer que después de tanto tiempo te encasillas o va a costar quitarte la etiqueta de actor cómico, para mí no significó nada negativo.

Luego he tenido la inmensa fortuna de encontrarme directores, productores y directores de casting que han apostado por mí a la hora de interpretar papeles como el de La isla mínima con Alberto Rodríguez. Con su confianza me han ayudado a dar una nueva versión y a que el público conozca otra faceta dramática del actor que puedo ser.

"El 90 por ciento de los actores no pueden vivir de la profesión. Soy un privilegiado"

Pero no solo le vemos en televisión o en cine, también en el teatro y en el cortometraje. No hay disciplina que se le escape.

Bueno, es muy difícil trabajar en este país. Hay un estudio de Aisge (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) que habla de más de un 90 por ciento de actores y actrices que no pueden vivir de su profesión. Yo soy uno de los privilegiados. Sí es cierto que el trabajo llama al trabajo. Hay algo que retroalimenta las ganas de que los actores que estamos muy presentes nos sigan llamando. En ese sentido yo estoy muy agradecido. Trato de aprender absolutamente de todo. Me gusta darle cancha a la gente que empieza, a la gente nueva.

Soy un culo inquieto. Cuando parece que estoy cómodo en televisión de repente me apetece hacer teatro. Ahora voy a producir un espectáculo que estrenaremos en septiembre, dirigido por Peris-Mencheta, con Cristina Castaño. Vuelvo a hacer Estoy vivo, pero también tengo proyectos de cine. Trato de no quedarme parado.



Centrándonos en el personaje de El Autor, por el que ha conseguido su último ‘cabezón’, ha dicho que le marcó especialmente porque le obligó a “tocar teclas difíciles de afrontar”. ¿Cuáles?

Primero, tener la inmensa suerte de ponerme a las órdenes de Martín Cuenca, que para mí es el mejor director de actores de este país. Luego, más allá del desnudo físico, que hay varios en la película, el desnudo emocional. Cuando topas con directores como Monolo, que te llevan de la mano hacia lugares que a veces no te apetece entrar o no habías transitado, una vez ves la peli te das cuenta de dónde puedes llegar como actor.

En la misma cinta se habla de encontrar “la verdad” de la literatura, ¿cuál sería la del cine?

El cine tiene que entretener y divertir, pero sobre todo educar. Es un buen medio para sensibilizar y enseñar a los espectadores. Es una pena que se haya convertido en un producto de consumo de usar y tirar y que las películas que vemos se olviden rapidísimamente. Forma parte de un negocio ya imparable en el que se piensa en términos económicos, en dar una rentabilidad. Se ha dejado a un lado ese tipo de cine más pequeño que tiene que ir directo a la inteligencia del espectador.

¿Qué personaje le queda por interpretar?

Me quedan todos. Absolutamente todos. Siempre digo que los actores somos el 50 por ciento o más de lo que está escrito en el guion. Cuando hay un buen personaje tenemos mucho trabajo recorrido. Bienvenidos sean los personajes bien escritos en los que uno puede aportar, pero también le aporten a uno.

"Me gustaría explorar el Madrid de la periferia en el cine"

¿Qué cuestiones de la realidad social tiene que abordar el medio?

A mí me gusta mucho el cine social, el que muestra las miserias del ser humano y nos enseña los problemas cotidianos.

¿Qué rincón de Madrid tiene una historia que llevar a la gran pantalla?

Hablando de cine social, hace tiempo que no se hace una película con los mimbres de Barrio, de Fernando León. Hay un Madrid más escondido, el de la periferia, que a mí me gustaría explorar y reivindicar.

¿Y cuál es el perfecto lugar de la capital para desconectar del ritmo frenético de rodaje?

El Retiro. Tengo un niño pequeño y creo que es un espacio maravilloso, sobre todo ahora en primavera y en verano. Es uno de los rincones preferidos para echarse una siesta, para dar un paseo, para enamorarse. Siempre es un bonito lugar.

¿Nunca se ha planteado pasarse al otro lado de la cámara?

Un rodaje me parece una guerra y no estoy llamado a ella. Un director o directora tiene que tomar muchas decisiones en muy poquito tiempo y es harto difícil. Me conformo con ser una pieza de un puzle tan complicado como es una película. Sí me apetecería mucho dirigir teatro. Quizá estoy más capacitado, pero todavía no he encontrado el texto o el momento.

En un año de reivindicaciones feministas en el que el maltrato a las mujeres en la industria se ha hecho más evidente, ¿qué talento femenino considera infravalorado?

Es una pena que se confíe tan poco en la mujer en nuestro cine. Cualquier directora que nombre ahora mismo es sinónimo de calidad y de talento. He tenido la oportunidad de trabajar con Icíar Bollaín y es de los personajes más interesantes de este mundo, todo sensibilidad e inteligencia, pero también Isabel Coixet o Mar Coll. Hay nombres muy importantes y seguirán apareciendo. Tenemos que confiar más en ellas. Igual no me toca tanto a mí y sea una cuestión más de productores y gente que puede levantar un proyecto, pero los actores también tenemos mucho que decir y yo estoy deseando ponerme otra vez a las órdenes de una mujer.

¿En qué proyectos trabaja en la actualidad?

Estoy inmerso en la segunda temporada de Vergüenza en Movistar y vuelvo a rodar Estoy Vivo, la serie de Globomedia para TVE. Hago lo del teatro y tengo varios proyectos en cine, que a ver por cuál me decanto. Pero estoy muy orgulloso de haber participado en una película de Javier Fesser, Campeones, que está dándole visibilidad a la discapacidad. Este tipo de cine social, aunque con un envoltorio familiar y de humor blanco, es muy necesario. Reivindico un cine como este, de un alto valor educativo, que está causando sensación en la sociedad porque se ha convertido en un auténtico fenómeno. Llevamos más de dos millones de espectadores y seguimos compitiendo codo con codo con las grandes producciones americanas. Esperemos que nos quede Campeones para rato.

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