Aunque inició su carrera en la radio, durante más de tres décadas su rostro se ha colado en los hogares de los españoles a través de la ‘pequeña pantalla’ con su manera única de contar las noticias en TVE, Antena 3 y Telecinco. Comprometido con la “búsqueda de la verdad” en el ejercicio de su oficio, Pedro Piqueras ha entendido el periodismo “casi como un sacerdocio”. Tras casi 50 años en activo, los últimos 18 de manera ininterrumpida como presentador de Informativos, a finales del año pasado dijo ‘hasta aquí’ y cedió el testigo al mejor sustituto que encontró, Carlos Franganillo. Desde que no tiene que pasar diariamente por los estudios de Mediaset, en Fuencarral, está recuperando el tiempo perdido. Mantiene el enganche con la actualidad, disfruta de actividades relacionadas con la comunicación a través de la docencia y recoge agradecido premios a toda su carrera, como el que Madridiario le ha concedido.
¿Está siendo el retiro como se imaginaba?
Está siendo raro, porque llevaba tiempo pensando en retirarme. Se lo había dicho a las distintas administraciones. Había cumplido 68 años, pero ya lo había planteado a los 67. Lo había pensado para el final de la pandemia. Creo que en la pandemia hicimos un buen trabajo de servicio público, de estar con la gente acompañándola, con entrevistas por las noches con gente conocida que estaba padeciendo los mismos problemas que cualquier otro. Pensé que aquello era un buen cierre para mi vida profesional. Desgraciadamente ocurrió lo de Ucrania y, bueno, un periodista nunca encuentra el momento para irse, así que seguí adelante. Después se planteó que continuara por las elecciones autonómicas y municipales y más tarde vino la convocatoria anticipada de elecciones generales. Entonces sí, ya dije que había que poner fecha. Cuando hubiera un presidente elegido yo me iba a ir, fuera Feijoo o fuera Sánchez, así se lo dije al consejero delegado. La administración de Telecinco ha sido muy amable proponiéndome que siguiera dos años más, que aprovechara las inversiones que se estaban haciendo. Pero cuando uno ya tiene la decisión tomada, es difícil echarse atrás. Yo creo que ya he cumplido de sobra y así lo dije, y buscamos la mejor fórmula que fue incluso buscando un sustituto.
¿Tiene síndrome de abstinencia?
Ninguno, porque me están ocurriendo unas cosas muy positivas, como impartir clases en algún sitio, dar una charla sobre comunicación o alguna entrevista como esta o recoger algún premio como el vuestro. Y todo eso hace que, en cierto modo, siga viviendo la profesión, pero desde otro punto de vista, del de aquel cuyo tiempo ya ha pasado, que ya es mayor y procura aportar lo que puede aportar.
¿Reconoce en los futuros periodistas al que era usted en sus inicios? ¿Ve algunas semejanzas?
Les veo llenos de ilusión, llenos de incógnitas, de dudas, de ganas, de todo lo que tiene un aspirante a periodista. Yo también les digo que ellos lo van a tener más complicado y no en el terreno laboral, porque hay más titulados, pero también hay más trabajos.
¿Cree que informar ahora es más complicado?
Me refiero a que antes nos preocupaban otras cosas: la censura, las presiones o si éramos capaces de contar con honestidad las cosas que teníamos que contar. Hoy van a tener que luchar con más fake news que antes, con una realidad diferente, una inteligencia artificial que procura cosas que no son verdad del todo, van a tener que lidiar con la aparición de presentadores virtuales. Yo lo que les digo es que ahora, más que nunca, precisamente por la crispación que hay también en el país y en la política, hacen falta periodistas comprometidos y, sobre todo, con la búsqueda de la verdad. La verdad absoluta en sí no existe. Cada uno tiene su verdad. Pero yo odio ver en el Parlamento cada día esa crispación, esa polarización artificial. Con lo que nos ha costado la democracia en este país, no nos lo merecemos.

¿Le ha quedado alguna deformación profesional de la que no pueda escapar?
¿Deformación profesional? Enchufarme la radio todos los días para ver lo que pasa. Es lo primero que hago. Estar pendiente de todo lo que ocurre. Pero no son deformaciones, más bien son hábitos de conducta saludables. Yo creo que el hombre y la mujer del presente y el futuro son personas informadas. El hombre culto hoy no puede ser una persona desinformada, aunque hay mucha desinformación, hay que seleccionar mucho, hay que leer mucho y no quedarnos con nuestra verdad. El otro puede tener una verdad también.
¿Hay alguna actividad que estando cada día en la televisión no podía realizar y a la que esté dedicándose ahora, recuperando el tiempo perdido?
Un poco eso sí que ha forzado mi salida de la televisión. Cuando estás todos los días trabajando hasta las diez de la noche, hay muchas cosas que no puedes hacer. No puedes salir a tomar algo con tu familia o con tus amigos; no puedes ir al cine por la tarde, tienes que ir el fin de semana necesariamente, el día de espectador en el cine no está hecho para ti; no puedes ir al teatro un día normal; no te puedes apuntar a asuntos como el Ateneo, que ya me he apuntado, porque no lo puedes utilizar. Mil cosas que ocurren cada día que no puedes asistir a ellas, como el estreno de teatro de un amigo o una amiga. Tantas cosas que no he hecho porque he entendido el periodismo casi como un sacerdocio… Pero le pasa a todos los periodistas. Por eso yo creo que todos deberíamos pensar en que en que a veces el tiempo tiene su valor.
Vista su carrera con perspectiva, ¿habría hecho algo de manera diferente?
No lo sé. Yo me iba adaptando a los tiempos, a las circunstancias. Es decir, he ido aprendiendo las cosas conforme pasaba el tiempo. Pero creo que he procurado hacer algo honesto, equilibrado, a lo largo de mi vida. Quizá en algún momento he desfallecido, en el sentido de que a veces, por momentos, no me he sentido tan ilusionado con las cosas que pasaban. Mi última desilusión ha sido con la crispación, la verdad, y eso me quitaba las ganas de seguir. O sea, creo que la política, determinada política del insulto permanente, ha convertido la política e incluso la información política en algo que no es muy aceptable. Se han convertido en hooligans, partidarios de un lado o del otro. Los penaltis de los nuestros son pequeñas faltas y las faltas del contrario parecen penaltis siempre. Eso hace que cada vez estemos más divididos, más distanciados. Y no es normal que la enajenación política, porque a veces parece una enajenación, se la traslademos al ciudadano. No deberíamos admitirlo, la verdad.
¿Cuáles serían los hitos que le han marcado profesionalmente?
La huelga del 14-D porque me tocó presentar y dirigir el informativo que había y aquello me marcó mucho. Me pareció muy importante estar ahí dando esa noticia, me pareció muy importante ser realmente equilibrado, cosa que se consiguió. Tanto los sindicatos como la dirección de Televisión Española, en este caso Pilar Miró, como la parte del Gobierno, quedaron satisfechos con la información que fue muy equilibrada. La verdad es que lo viví con mucha tensión, precisamente por la vigilancia que había de todo el mundo acerca de ese informativo. Esa huelga general, la información de esa huelga general me marcó mucho.

También la desaparición de ETA cuando decide dejar las armas definitivamente. Cuando se anuncia que, gracias a la lucha de España, de todos los partidos, de los cuerpos de seguridad y con el apoyo de Francia, ETA ha terminado, me pareció extraordinario. La verdad es que hicimos un programa especial de varias horas si tener nada, salimos con la última hora y estuvimos conectando con quien podíamos, porque era una noticia feliz. Mucha gente no lo concibe. He estado con un grupo de estudiantes y para ellos ETA no es tan relevante como lo era para nosotros. No sufrieron el hecho de que si había una explosión en Madrid podía no ser gas butano, sino que siempre era ETA.
Ver que algo que intentaron con toda dedicación, con fe y con ganas, todos los Gobiernos, el del Partido Socialista con Felipe González, el del Partido Popular con Aznar, todos, al final se consiguió en el periodo del Gobierno socialista de Zapatero, que recogió frutos de un esfuerzo colectivo. Que no se reconozca hoy, que se digan cosas como que ETA existe y está en el poder, me parece de locura. Quien diga eso, que sabemos quién lo dice, no ha tenido que ir con escolta cerca ni ha visto compañeros sufrir atentados ni nada de esto. Vivimos en otra época. Afortunadamente ETA desapareció. Otra cosa es que en una determinada lista haya todavía etarras. ¿Eso es criticable? Sí. Pero decir que ETA está en el poder es una barbaridad.
¿Qué cree que ha hecho para convertirse en un personaje tan querido por la audiencia?
No he hecho nada. La verdad es que todo esto me desborda, lo digo de verdad. Estoy recibiendo tal afecto que me desborda. Simplemente he procurado hacer mi trabajo lo más dignamente posible, procurar que todo el mundo tuviera su oportunidad en la televisión, desde Podemos a Vox, que también ha salido y han sido más críticos con la información que llevábamos. Pero todos los protagonistas de la información tenían que estar en la información, creo que es lo único que he hecho, tratar de ser equilibrado y que nunca nadie supiera cuál podría ser mi inclinación aunque lo pudiera sospechar. Como todo el mundo me han dicho que soy de uno y otro, de las dos partes, pues a lo mejor es el valor que tiene. Lo que sí es cierto es que nunca he ido con acritud contra nadie. Yo he procurado contar las cosas, pero no lo he hecho para ir en contra, sino por contarlas. Si eso fastidiaba o beneficiaba, a mí me daba lo mismo.
Comenta que ha recibido afecto. ¿También alguna oferta tentadora para volver?
He recibido ofertas, pero yo ahora mismo quería salir de televisión. Quizá pueda hacer otra cosa más adelante, pero lo que sí he querido es salir de la primera línea, lo tenía clarísimo. Hay gente que no puede hacerlo, que le cuesta, y que simplemente un cambio de turno le parece atroz. En mi caso no. Además, tengo claro que hay gente joven que puede hacerlo mejor que yo. De hecho, lo hacen mejor que yo.
¿Cómo sientan premios como este a toda su trayectoria que le concede Madridiario cuando uno ya está fuera del foco?
Lo agradezco muchísimo. Cuando dicen a toda tu trayectoria quiere decir que hasta aquí, y está muy bien. Además, porque es un premio que viene de profesionales, de compañeros, y creo que eso hay que agradecerlo muchísimo, No es fácil, pero estoy muy feliz. De verdad que me parece demasiado todo esto. Tampoco soy un periodista que haya perseguido la fama, yo he llevado una vida muy apartada, ahora es cuando estoy dando entrevistas, porque mientras estaba en activo no podía ser protagonista de nada y llevaba una vida discretísima, casi secreta.

¿Le ha llegado entonces el momento de ‘salir del armario’?
Sí, como persona física y con sus aficiones, sus historias. Por ejemplo, ahora vengo de dar una clase de comunicación a unos jóvenes que son médicos. Y les digo: sed vosotros mismos, no finjáis, para eso la oratoria es importante, no os convirtáis en personas que no dicen la verdad. Hay que decir la verdad hasta con los gestos. Sin olvidar que la verdad absoluta no existe. Lo que importa es la búsqueda de la verdad, que nos hace a todos más honestos.