El ganador del Premio Madrid a la Iniciativa Cultural se siente abrumado, aunque complacido, con tantos reconocimientos y halagos. Flamante Premio Cervantes, Luis Mateo Díez es el único autor en lengua castellana que ha recibido dos veces el Premio Nacional de Narrativa y el de la Crítica por sus novelas ‘La fuente de la edad’ (1986) y ‘La ruina del cielo’ (1999), galardones a los que se suma el Premio Nacional de las Letras en 2020 y el de Literatura de la Comunidad de Madrid en 2015. Leonés de Villablino, acaba de ser nombrado Hijo Adoptivo de Madrid, ciudad a la que ha prestado servicio como funcionario del Ayuntamiento en buena parte de sus 82 años y en la que ha se ha dejado llevar por la “pasión irremediable” de escribir.
Premio Cervantes, Hijo Adoptivo de Madrid, un nuevo libro en el mercado, este premio de Madridiario… Se le está juntando todo. ¿Cómo lo lleva?
Pues lo llevo como buenamente puedo. Con tanto halago, esto ya está empezando a ser halagüeño y, bueno, me siento complacido. Pero, en fin, espero que esto llegue a buen puerto y se acabe ya la cosa, pues son muchos festejos y se ha acumulado todo.
¿Le gustan los halagos o le incomodan?
Los halagos, como todas las cosas buenas de la vida, a mí me gustan. No tengo ningún problema para aceptar todas las cosas que me vienen generosamente. Lo que pasa es que a veces esta concentración puede resultar ya un poco desmedida. Supongo que quizá hubiera quedado mejor más repartido todo a lo largo del tiempo. Pero bueno, oye, encantado de haberme conocido. Yo qué le voy a hacer.
¿Ha superado ya la resaca del Cervantes?
Yo creo que sí. No soy muy especialista en resacas, pero sí, lo voy superando con alguna contingencia por ahí de alguna cosa de enfermedad, propia de la edad, pero sin complicaciones.

¿Su mayor placer es escribir o leer?
Yo creo que leer. Lo que pasa es que al final escribir, más que un placer, ya es una pasión irremediable. También escribir es leer, tú eres el primero que lees lo que escribes, por decirlo de alguna manera. Pero bueno, si hubiese que tomar una decisión radical, yo preferiría leer, sin duda alguna. Es que, sin leer, parte del conocimiento y de las cosas fundamentales de la vida se te quedan fuera.
Y cuando escribe, ¿lo hace para usted o pensando en quien le va a leer?
Cuando escribo, lo primero es que es irremediable complacerse a uno mismo. Porque escribir es una actividad un poco ensimismada, pero creo que cuando ya llevas mucho tiempo, has publicado ya muchas cosas y hay además reconocimientos tan exagerados como los que yo estoy teniendo, supongo que están muy encima de ti tus lectores, sobre todo esos lectores cómplices que son tal vez los que más merecen todos los premios que me llegan por estas cuestiones literarias.
¿Cuál es su género más agradecido? Poesía, ensayo, relatos, novelas...
La poesía para mí es la expresión límite de la literatura. Tal vez el puro aprendizaje también de lo literario, el gusto, a mí me proviene mucho de la poesía y soy muy lector de poesía. Pero mi práctica es la narración, la novela, y en eso está la pasión de hacerlo.
"Quien no accede a los libros tiene un delito irremediable"
¿El mejor refugio es un libro?
No solo es un refugio, el libro es un elemento imprescindible de la vida. O sea, leer y el libro, claro. El libro es el bien mayor que ha inventado la humanidad para la transmisión del pensamiento, de la cultura, del arte literario, en fin, de tantas cosas. Quien no accede a los libros tiene un delito irremediable. Es así. El libro es fundamental y la lectura es una actividad imprescindible también. No sólo para el conocimiento y para la sabiduría de todas estas cosas que sabemos y que son obvias, también para el conocimiento de uno mismo.
Si hubiera un incendio y solo pudiera salvar uno de sus libros, ¿cuál sería?
No, Dios mío, no, no, me tiraría yo al fuego. Los libros hay que respetarlos. Lo de quemar un libro es una cosa terrible. Pero bueno, no hablemos de quemaduras.
Cuando uno piensa en un escritor, la última imagen que le viene a la cabeza es la de un oficinista, mucho menos la de un funcionario del Ayuntamiento de Madrid, como era su caso.
Eso es un poco como la oficina de la vida. En la oficina estaba Kafka y en la oficina estaba Pessoa. Y bueno, es una actividad como otra cualquiera.
¿Esa ocupación le inspiraba a crear?
Sí. Mi ritmo de vida trabajando en el Ayuntamiento, sin duda, para mí fue una fuente de experiencia tremenda. No podemos olvidar que, de todo el esquema del poder y de la Administración, tal vez, desde donde más se administra la realidad es desde el municipio. Mi experiencia de trabajar allí me dio mucho conocimiento de la realidad y de la vida, mucho más que si hubiese sido, no sé, un ratoncillo metido en casa escribiendo sin salir a ningún sitio.

Desde la ventana de su oficina se veía la Plaza Mayor. No son malas vistas y seguro que era menos ruidosa que cuando hay partidos de Champions.
No, hombre, ahora yo creo que está muy poblada por el turismo y por tantas actividades y cosas. Yo he vivido la Plaza Mayor a lo largo de muchísimos años y es un poco, como digo yo, el centro del mundo. La plaza es el centro de la ciudad. Todo confluye hacia las plazas. Sí, observando la plaza y viviéndola diariamente, más allá de festejos y de cosas, o incluidos también, siempre fue para mí un balcón abierto a tantas cosas.
En todas las entrevistas que le han hecho las últimas semanas a raíz del Premio Cervantes, sale inevitablemente el tema de su edad y de la vejez. ¿Lo saca usted o se lo sacan?
Yo durante un tiempo estuve un poco obsesionado con esto de la edad. No sé, decía Gamoneda en uno de esos versos misteriosos e inquietantes: “Edad, edad, tus venenosos líquidos, edad, edad, tus animales blancos”. Bueno, no lo sé. Hay un poco de mito con la vejez. Eso de que la vejez es la edad de la experiencia y demás. No estoy de acuerdo. Sí, debe serlo, pero no es nada grato ser viejo, lo que pasa es que es mejor llegar que quedarse sin verlo.
¿Para la vejez también podría haber un territorio imaginario, igual que Celama?
La verdad es que en mis novelas hay bastante presencia de las infancias, mucha de adolescencias, que es para mí un poco una edad problemática en que parece que uno ha perdido la inocencia del niño y todavía no ha ganado nada, y luego, bueno, menos personajes de una madurez y, sí, digamos viejos. Hay una novela mía que se titula, no sin intención, “Los ancianos siderales”.
"Me enorgullece muchísimo ser Hijo Adoptivo de Madrid"
Aunque es leonés de Villablino, lleva muchos años viviendo en Madrid. ¿Cree que se ha ganado a pulso el título de hijo adoptivo de Madrid?
No, yo creo que no. Es difícil ganarse un honor tan grande. Me parece un acto de gran generosidad concedérmelo. Me enorgullece muchísimo. Es de las cosas que más me han agradado cuando me han dicho que en el Ayuntamiento por unanimidad han decidido hacerme Hijo Adoptivo de Madrid, es algo que me ha conmovido y me ha agradado mucho. No creo que yo hubiera podido vivir en una ciudad tan importante para mí como Madrid, eso está claro. Soy ya madrileño de adopción, pero ya madrileño de sustancia, ¿sabes?.
Acaba de sacar nueva novela ‘El amo de la pista’. ¿Algún día se jubilará de la tarea de escribir o mientras tenga algo que contar, ahí seguirá?
Sí, yo creo que sí. Será el momento en que, de pronto, si llega, tome conciencia de que me estoy repitiendo. Cuando yo tenga ese atisbo, será cuando lo dejaré. Mientras eso no ocurra y haya un reto continuo, seguiré. Y como soy muy prolífico, mientras el reto me permita seguir profundizando e indagando en mis personajes y en mi mundo.