El otoño vuelve de nuevo a Madrid dejando atrás un caluroso verano que queda ya en el recuerdo. Las altas temperaturas dan paso a la caída de las hojas, las chaquetillas y los colores marrones y amarillos.
Esta época del año es, para muchos, un espectáculo de la naturaleza que puede disfrutarse y admirarse desde muchos lugares de la región.
No se puede hablar del otoño sin mencionar el lugar más destacado de la Comunidad en esta época: el Hayedo de Montejo. Sito al noreste de la región, en plena Sierra del Rincón, fue declarado en el año 2017 Patrimonio Natural de la Humanidad.
Sus 222 hectáreas se tiñen en otoño de colores amarillos, naranjas y marrones, atrayendo a numerosos turistas año tras año. Es por ello que las visitas son restringidas, por lo que se debe reservar en la web de la Sierra del Rincón.
Cerca de Montejo de la Sierra y de su hayedo, existen también otros parajes que convierten la Sierra Norte en un lugar excepcional para disfrutar del otoño.
La pequeña localidad de Patones de Arriba, en el Valle del Jarama, se caracteriza por sus tejados de pizarra, que hacen de la arquitectura local un encanto especial. La Iglesia de San José, el arroyo o el ecomuseo de la pizarra son algunos de los sitios que pueden visitarse, así como disfrutar de la gastronomía y la naturaleza que rodea este pueblo.
La Hiruela es otro de los municipios de la Comunidad en los que el otoño se convierte en protagonista. Desde allí salen diversas rutas de alrededor de dos horas para pasear por los alrededores, pero La Hiruela alberga también interesantes proyectos como un colmenar tradicional, el molino harinero, la carbonera o el museo etnológico, los cuales merecen también una visita.
Considerado uno de los bosques más hermosos de la región, la Dehesa Bonita de Somosierra se pone aún más bella si cabe en esta época del año. Su enorme variedad de especies como acebos, robles, cerezos, avellanos, servales y abedules se puede visitar en una ruta circular de aproximadamente 4,4 kilómetros que comienza desde la depuradora de Somosierra.
También al norte se encuentra una sencilla senda por la que conocer los robles centenarios de Puebla de la Sierra. Un gran nogal es el que marca la entrada al camino, en el que el paseante encontrará estos centenarios robles que antiguamente se utilizaban para la producción del carbón.
A la capital también llega el otoño y en sus grandes parques puede disfrutarse también. La Senda Botánica de la Casa de Campo es uno de los mejores recorridos que pueden llevarse a cabo para empaparse del otoño en Madrid. Corre paralela al Paseo de los Castaños y al Arroyo de Meaques y está repleta de castaños, olmos, labiérnagos, fresnos, álamos blancos, encinas, sauces y robles, entre otras especies, que dan un color especial a este gran bosque de la ciudad.
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Al otro lado del Manzanares, y pegados al Palacio Real, los Jardines del Campo del Moro son otro de los lugares destacados para visitar. Sus 20 hectáreas, declaradas Conjunto Histórico Artístico en 1931, cuentan además desde el mes de julio con dos nuevos accesos desde la Cuesta de San Vicente y la Cuesta de la Vega.
El Retiro es parada obligatoria para todo visitante que llegue a Madrid, pero en otoño la parada en este parque es, si cabe, esencial para admirar todos sus rincones desde una mirada especial. Asimismo, pegado al parque se encuentra el Jardín Botánico, donde los árboles de hoja caduca son los protagonistas en esta época.
Al hablar del otoño no se puede olvidar una gran parte importante de la Comunidad de Madrid: la Sierra de Guadarrama. Su Parque Nacional ocupa 33.960 hectáreas en las que visitar diversos parajes este periodo.
La Ruta circular abedular de Canencia otoñal es una de las más transitadas al ser una de las pocas concentraciones de abedules que existen en la región. El suelo es durante todo el paisaje una alfombra verde, amarilla, naranja y marrón que otorga a la estampa un aire mágico.
Otro de los lugares especiales para hacer senderismo en estos meses es el Bosque finlandés de Rascafría. Su parecido con las arboledas del país escandinavo es lo que le da el peculiar nombre a esta zona, donde se encuentran el Camino del Papel y las Cascadas del Purgatorio.
Sito bajo la Bola del Mundo, recorrer el Valle de la Barranca ofrece al senderista unas vistas excepcionales del Embalse de Navacerrada. La Cuerda de las Cabrillas, el Cerro de Guarramillas y La Maliciosa son las cumbres que arropan este valle donde, cerca del río Navacerrada, se halló arte rupestre.
Desde Robledondo se puede acceder a la Cascada o Chorrera del Hornillo, otro de los lugares destacados para pasear en otoño. La senda son 4,8 kilómetros que trascurren por un frondoso bosque bañado por el río de la Aceña.
El imponente Monasterio de San Lorenzo de El Escorial luce diferente en otoño con una estampa colorida a su alrededor gracias al Bosque de la Herrería y el Monte Abantos. Esta zona es de fácil recorrido, ya que existen diversos senderos por los que pasear y llegar a la Silla de Felipe II, desde donde admirar las vistas y los robles, fresnos, arces de Montpelier, enebros y castaños que tiñen de tonos ocres esta zona.
Mención especial requiere el Castañar de Las Rozas de Puerto Real, el bosque de castaños más grande de la Comunidad de Madrid y que puede recorrerse en una ruta de unos nueve kilómetros que llega hasta el Embalse de los Morales. La dificultad de esta ruta es fácil y puede recorrerse en unas cinco horas en las que admirar desde distintas perspectivas la grandeza de estas 3.000 hectáreas de castaños.
En el sur de la región el otoño se vive también con intensidad. Aranjuez, ciudad palaciega cuyos jardines son un gran atractivo para el visitante, se llena de hojas en sus paseos y cambian de tonalidad sus zonas verdes.
Las principales postales otoñales en Aranjuez se sitúan en el Jardín de la Isla, el Jardín del Parterre o el Jardín del Príncipe, con su estanque chinesco en el jardín sexto.