Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, ha sido reconocido por Madridiario con el Premio Hombre del Año, en reconocimiento a su labor al frente del tejido empresarial español en un contexto complejo y desafiante. Al frente de la patronal, Garamendi ha sido protagonista de importantes negociaciones, pero también de debates públicos por su postura crítica ante la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y la reducción de la jornada laboral. Siempre desde la convicción, según ha manifestado, de que cualquier cambio debe hacerse desde la negociación colectiva y la realidad de cada sector. Vicepresidente de los empresarios europeos y presidente del Consejo de Empresarios Iberoamericanos, Garamendi ha reforzado el papel internacional de las empresas españolas, convencido de que solo con estabilidad, seguridad jurídica y consenso se puede garantizar el crecimiento económico y la creación de empleo.
¿Qúe significa recibir el premio al Hombre del Año?
Un honor y muy agradecido a Madridiario. Un reconocimiento a todos los empresarios y empresarias de este país. Es un honor recoger el premio en nombre ellos, a los que represento. Es poner en valor lo que significa el mundo de la empresa que son los que levantan el país. Madrid es un centro neurálgico para decisiones empresariales. Por tanto, este premio me parece un lujo y un honor.
¿Qué balance hace de su gestión en la CEOE hasta ahora?
Todo lo que hemos hecho es poner en valor el mundo de la empresa, defenderlo en momentos muy delicados. Piensa en lo que fue el Covid. Todo lo que representan en estos momentos muchas políticas del Gobierno, que no van en la dirección adecuada para las empresas, sobre todo para las más pequeñas, que necesitan mucha credibilidad. Lo que tiene que ver con el comercio, la restauración y la hostelería, sectores donde los empresarios y empresarias tienen cara y ojos y quienes suben y bajan la persiana cada día. Estamos en una situación delicada, donde, insisto, se están tomando medidas que no compartimos. Pero, al mismo tiempo, tenemos que sentarnos a firmar acuerdos. Y también debemos decir con claridad cuando no estamos de acuerdo, y aun así seguir adelante.
Desde la CEOE representamos a la mayoría de los empresarios y empresarias de este país: de todos los sectores y territorios, grandes empresas, medianas y pequeñas, y autónomos. Por tanto, yo lo que siento es un orgullo muy grande de poder, en este caso, representar a esta ciudad y a las 4.500 organizaciones de empresarios que formamos parte. De hecho, estamos presentes en más de 4.500 mesas abiertas de negociación colectiva. Y además, con todo lo que eso implica, porque también soy vicepresidente de los empresarios europeos y presidente de los empresarios iberoamericanos. Eso también es muy importante, por todo lo que supone en términos de internacionalización de nuestras empresas. Por tanto, creo que cada semana me someto a examen, y cada mes también, en nuestra junta directiva, que es donde tomamos las decisiones.

¿Qué valores considera imprescindibles en un liderazgo empresarial?
Bueno, yo creo que lo más importante es lo que podríamos llamar el renacimiento del humanismo. Y me refiero también al humanismo, que significa dar alas y de poner a las personas en el centro de todo. Hablar de equipos es fundamental, porque es ahí donde realmente aflora lo mejor de cada persona que se incorpora a la empresa. Creo que es importante poner en valor lo que representa la empresa familiar. En España, el porcentaje de empresas familiares es altísimo, y muchas de las pequeñas empresas lo son. Estamos ante un ecosistema muy particular, en el que los valores giran, por encima de todo, en torno a las personas.
“La empresa española necesita diálogo y estabilidad”
Nos guste o no, siempre surgen estereotipos. El estereotipo de que los empresarios somos malos, egoístas, fríos… Y sin embargo, ni llevamos chistera, ni somos gigantes, ni fumamos puros. Es decir, hay otra imagen, una imagen distinta, que creo que empieza a calar en la sociedad. Los empresarios y empresarias de España son personas normales, igual que los directivos, como tantos otros. El reto que tenemos por delante es ir cambiando esa imagen estereotipada que no refleja la realidad. Y por eso, de verdad, agradezco que se pueda rendir homenaje al mundo empresarial. Porque, en el fondo, es un homenaje a quienes ponen a las personas en el centro de todo.
¿Cómo evalúa el momento económico actual en España a nivel empresarial?
Creo que si miramos la parte macro, vemos que las cifras están ahí: se prevé un crecimiento del 2,6 por ciento para el año que viene y se espera la llegada de casi 100 millones de turistas. Contamos con un área de internacionalización muy potente, sobre todo en el sector servicios. Esos son, sin duda, datos positivos. Ahora bien, cuando bajamos a la parte micro, muchas veces esa realidad no se refleja en el día a día de la sociedad. Yo lo veo en las pymes, sobre todo en las más pequeñas, que sufren muchísimo porque no se les está teniendo en cuenta o se están tomando medidas que, en muchos casos, van en contra de todo eso que se dice en el plano macroeconómico.
“Hay muchos héroes anónimos que crean empleo, generan riqueza y sostienen el bienestar”
Hay dos datos que me preocupan. El primero parece positivo, pero no lo es tanto: estamos en récord de ahorro privado. Y aunque a priori puede parecer una buena noticia, también indica que la gente no se fía de lo que está ocurriendo, y por eso guarda el dinero. Eso, lógicamente, afecta al consumo. Y el segundo dato: es cierto que las cifras globales mejoran porque hay más personas en España. Hemos llegado a recaudar casi 50 millones, pero lo que me parece clave, y donde creo que siempre hay que mirar, es a la inversión. Para que haya inversión, tiene que haber estabilidad política, seguridad jurídica y estabilidad regulatoria. Cuando las normas cambian de manera constante, cuando se crean impuestos 'a la carta', cuando se modifican las reglas del juego por decreto, por ejemplo, quitando la posibilidad de negociar ciertas cuestiones en la negociación colectiva,, todo eso genera incertidumbre. Y esa incertidumbre retrae la inversión. De ahí también puede venir ese aumento del ahorro. Por tanto, ni estamos creciendo como un cohete, ni estamos en una situación catastrófica. Pero sí es cierto que hay sectores y estratos de la sociedad, como los autónomos y las pequeñas empresas, que no lo están pasando bien.
En su trayectoria como presidente de la CEOE, ¿cuál ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar?
Pues no lo sé, la verdad, porque hay decisiones bastante complicadas. Tenemos que estar tomando decisiones todos los días, y nos ha tocado enfrentarnos a muchas situaciones muy complejas. No ha sido fácil. El caso del Covid fue duro. Ahí es donde realmente se vio el valor de la CEOE, cuando conseguimos sacar adelante tantos Ertes. También en todo lo relacionado con los jóvenes y otras medidas importantes. Y llegó un momento en el que creo que muy poca gente se ha visto en esa tesitura: tuve que liderar el "no" al Gobierno en el que era, si no me equivoco, el quinto paquete de Ertes. El Gobierno tuvo que convocar otro Consejo de Ministros dos días después, porque no habían incluido ni al comercio ni a la hostelería, que justo eran los sectores más afectados en ese momento. Quiero agradecer cómo la gran empresa y otros sectores fueron muy generosos. Dijeron: "Vamos contigo, vamos a decir que no", y se la jugaron. Lo hicieron por solidaridad con los que peor lo estaban pasando: el pequeño comercio y la hostelería. Ese es solo un ejemplo, pero ha habido otros momentos duros. Pienso, por ejemplo, en lo que ha ocurrido en la DANA, como cuando nos llegó la noticia de la muerte de algún empresario. Son momentos difíciles. Pero bueno, estamos aquí para trabajar, seguimos todos juntos, tirando hacia adelante.
“No se puede hacer una reforma laboral a la carta sin contar con los afectados”
¿Qué opina de las reformas laborales impulsadas en los últimos años? ¿Qué condiciones cree que se tienen que dar para logra una estabilidad?
Nosotros firmamos una reforma laboral. Y, de hecho, en su momento me preguntaron: "Oye, si ganara otro partido y llegara al Gobierno, ¿vosotros la defenderíais?". Y respondí que sí, porque la hemos firmado. Hay que recordar que se decía que había que derogar la anterior, que había que eliminar los aspectos más lesivos, pero lo que no puede ser es que hayamos alcanzado un acuerdo tripartito con los sindicatos y el Gobierno, y que después de eso se hayan cambiado cosas varias veces. Por ejemplo, se ha dado espacio a los convenios autonómicos por razones políticas, para lograr apoyos parlamentarios. Y eso rompe la confianza en los acuerdos. Nosotros no habríamos firmado esa reforma laboral si nos hubieran dicho que iban a cambiarla tres meses después. Los acuerdos están para cumplirse, y sobre todo, los acuerdos de largo recorrido. Siempre digo que los grandes acuerdos generan paz social, y la paz social es la mejor infraestructura de un país. Por tanto, nosotros seguimos estando de acuerdo con lo que firmamos. Lo que no compartimos es lo que se ha hecho después de haberlo firmado.
Ha mostrado también reticencias sobre la reducción de la jornada laboral. ¿No cree que puede mejorar la productividad con menos horas?
Si de verdad fuera tan sencillo, ¿por qué no ponemos entonces 20 horas semanales en vez de 37,5? Es decir, nosotros no estamos diciendo que no se pueda hablar de reducir la jornada, lo que decimos es que no se puede imponer de esta manera. Para eso están los convenios colectivos, porque cada sector es diferente: hay empresas que pueden hacerlo y otras que no. De hecho, ya hay un 25 por ciento de los convenios que contemplan jornadas inferiores a las 37,5 horas. Y además, en nuestro caso siempre se negocia en base anual. Por ejemplo, imagina el caso de la hostelería en plena temporada de bodas o comuniones: ahí se concentran muchas horas. Pero en febrero, la actividad baja. Por eso, muchas empresas hacen más horas en ciertos momentos del año y luego compensan con vacaciones u otras fórmulas. Es decir, ya existen mecanismos para equilibrar.
“Los grandes éxitos siempre se sueñan, pero para alcanzarlos hay que avanzar paso a paso”
El problema de imponer esta medida de forma generalizada es que comprime los márgenes de flexibilidad. Y eso no solo afecta a las pequeñas empresas, que ya están dejando de contratar, sino también a los procesos industriales, donde hay picos de producción que requieren más carga horaria en ciertos momentos. Esta medida influye en todo, y sinceramente, creo que ha sido impulsada por personas que no conocen la realidad del mundo empresarial. Nosotros no estamos diciendo que no se pueda negociar. Al contrario, en los convenios se negocian siempre los salarios, las horas, las condiciones... Pero esto de venir e imponer por decreto una reducción de jornada, con el argumento de que así vamos a vivir mejor, no tiene en cuenta la realidad de muchas personas. Incluso hay trabajadores que preferirían trabajar algo más, por razones personales o económicas. No todos piensan igual. Lo que digo es que las horas deben adaptarse a la realidad de cada sector y de cada momento.
¿Qué le queda por hacer en la CEOE? Retos futuros pendientes
Bueno, yo creo que el reto es permanente. Es decir, en este momento, por ejemplo, acabamos de adquirir un edificio muy importante en Europa, porque hoy en día muchas de las decisiones clave se toman allí. Europa va a ser uno de los puntos estratégicos para el mundo empresarial, y yo, como vicepresidente de los empresarios europeos, sé que tenemos muchísimo trabajo por delante en ese ámbito. Se trata del trabajo diario. Para llegar al octavo piso, hay que subir escalón a escalón, planta por planta. Y eso es lo que este trabajo exige: constancia, compromiso y seguir adelante. En esta casa seguimos trabajando por y para las empresas, por y para los empresarios. Y por eso insisto en la importancia de premios como el que me concedéis. Lo recojo en nombre de todos, porque es muy importante que la sociedad valore lo que hacen los empresarios. Hay muchísimos héroes anónimos que son quienes crean empleo, generan riqueza, pagan impuestos... y gracias a todo eso, se sostiene el estado del bienestar, se mejora la seguridad, se financian los servicios públicos. No lo olvidemos: el 80 por ciento de la economía se mueve en torno a la iniciativa privada. Ese es, en definitiva, el verdadero reto: el del día a día. Porque los grandes éxitos siempre se sueñan, pero para llegar a ellos hay que avanzar paso a paso, como en una peregrinación. Ir cumpliendo etapas, alcanzar objetivos diarios, y así, con esfuerzo y continuidad, se llega al destino.