Hablar de Roberto Verino es hablar de una de las figuras más emblemáticas y respetadas de la moda española. Con una trayectoria que abarca más de cuatro décadas, su nombre se ha convertido en sinónimo de “elegancia, coherencia y compromiso con la calidad”. Desde sus inicios en los años ochenta, Verino ha sabido construir una marca capaz de perdurar en el tiempo, gracias a su búsqueda constante por la excelencia.
La moda para Roberto Verino va más allá de las modas efímeras; su propuesta se centra en diseñar prendas atemporales que reflejen la esencia y personalidad de quien las lleva. A lo largo de su brillante carrera, Verino ha recibido múltiples reconocimientos que avalan su impacto en la industria de la moda. Entre sus premios más destacados se encuentran la Aguja de Oro (1992), tres galardones T de Telva (1991, 1994 y 1995), el Prix d’Excellence de Marie Claire (2002) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2008). El último que se suma a esta lista, el premio Toda una Vida-Constantino Mediavilla, otorgado por Madridiario en los Premios Madrid.
¿Cómo recibió la noticia del premio a Toda una vida de Madridiario?
Los premios siempre se reciben con ilusión, y este no ha sido la excepción. Para empezar, me siento muy agradecido de que os hayáis acordado de mí, de que penséis en mi trayectoria y me tengáis en cuenta para un reconocimiento tan importante como el de Toda una vida. Cuando me preguntaron si iba a acudir a la gala, dije: "¡Hombre, aunque sea de rodillas!"
Lleva más de 40 años dedicándose al mundo de la moda, ¿cómo han cambiado las necesidades de los consumidores y la moda en sí misma?
Más que haber cambiado radicalmente, diría que muchas cosas se han ido concretando, definiendo con el tiempo. Yo inicié mi andadura en un momento verdaderamente mágico, también muy especial para España. Era una etapa de profundos cambios sociales, probablemente los más significativos que ha vivido el país. Y gracias a esa transformación, creo que se me abrieron oportunidades que me permitieron hacer todo lo que he logrado hasta hoy.
Recuerdo cómo las mujeres, en aquel momento, estaban deseando incorporarse al mundo profesional y laboral en igualdad de condiciones con los hombres. La libertad económica trajo consigo una gran libertad en muchos otros ámbitos, y sin duda, la mujer fue un factor determinante en ese gran cambio social. Para mí, fue un proceso casi mágico, que demuestra que somos un país con un enorme potencial.
"Comencé mi andadura en la moda en un momento mágico"
Eso sí, también creo que a veces nosotros mismos nos frenamos. Tenemos una tendencia un poco cainita y en lugar de ayudarnos para que podamos ser el mejor país del mundo, nos medimos por debajo. En mi caso, esa lucha constante, ese impulso por avanzar, ha sido siempre parte de mi ADN. Lo aprendí desde pequeño. Soy, sin duda, un guerrero.
¿Cómo surgió esa curiosidad por el mundo de la moda?
Fue una coincidencia afortunada, como tantas cosas que ocurren en la vida. A veces las oportunidades pasan por delante, pero no todos las ven o las aprovechan. Algunos las sienten y se suben a ese tren, otros las dejan pasar sin darse cuenta. En mi caso, yo desconocía por completo el mundo de la moda, hasta que, mientras estudiaba en París, tuve la oportunidad de trabajar en una empresa del sector. Y ahí se me abrieron los ojos: descubrí el oficio, entendí su magia.
Tuve la suerte de trabajar con personas maravillosas que me enseñaron muchísimo. Gracias a ellos, no solo adquirí conocimientos, sino que también conté con su apoyo cuando decidí regresar a España e iniciar mi propio camino en esta industria.
Algunos ganan la lotería, otros nacen con un talento deslumbrante… A mí me tocó descubrir el mundo de la alta costura justo en el momento en que empezaba a surgir el prêt-à-porter, una revolución que estaba transformando la moda desde dentro. Yo estuve allí, viviendo ese cambio desde dentro, y eso me permitió conocer un universo fascinante que me lo ha dado todo.
¿Hay Roberto Verino para rato?
Si la salud me lo permite, desde luego que sí. La ilusión no me falta, y el entusiasmo que pongo en cada proyecto sigue siendo el mismo de entonces. Es verdad que ya no tengo la juventud con la que empecé, pero eso lo compensa con creces la experiencia. Y con los años uno no solo gana arrugas o kilos… también gana conocimiento, perspectiva y profundidad.
Mientras conserve ese deseo de seguir aprendiendo, de superarme y de dar lo mejor, me seguiré sintiendo activo, vivo, dinámico y con muchas ganas. Así que, mientras el cuerpo aguante, yo seguiré en marcha. Porque, sin duda, soy de los que piensa morirse con las botas puestas.
¿Qué supone trabajar en una industria como la de la moda, que evoluciona constantemente?
La gran ventaja de una industria como esta es que nos obliga a estar siempre al día, a mantener viva esa visión soñadora que hace posible que los sueños se cumplan. Pero también es cierto que hay que tener los pies en el suelo, para que esos sueños no te confundan.
Lo importante no es solo recorrer el camino, sino hacerlo con la ambición de alcanzar una posición que te permita mantenerte en lo más alto, en el pódium, por así decirlo. Eso es lo que uno busca. Yo, que soy un firme defensor de la excelencia, siempre me planteo las cosas con esa perspectiva. Para nosotros, ese afán por superarnos es incluso un motor, una fuente de motivación constante.
Creo que, si perdiéramos esa capacidad de adelantarnos a las necesidades de los consumidores, de prever cómo vamos a responder a sus expectativas, nos quedaríamos fuera de juego. Siempre he entendido esa exigencia que nos impone la moda. Y, sinceramente, me siento muy afortunado de trabajar en un oficio que me ha hecho inmensamente feliz y que, además, me permite hacer felices a los demás.
"Soy inmensamente feliz en este oficio"
Como es lógico, no todo es perfecto, pero la moda es un mundo mágico, que nos mantiene siempre con la mente joven. Y creo que ahí está la clave: seguir sintiéndose joven, seguir con ganas de aprender, de buscar la excelencia, de ofrecer siempre lo mejor a los consumidores para que te valoren. Y cuando todo ese esfuerzo se ve recompensado con un premio a toda una vida, uno solo puede sentir gratitud. Es, sin duda, un reconocimiento que valoro enormemente.
¿Cuál es la esencia de la marca Roberto Verino?
Yo siempre he defendido los valores, en todos los ámbitos de la vida. Pero en el mundo de la moda, todavía más. Porque, aunque es una industria que mucha gente puede disfrutar, también hay muchas personas que, por desgracia, la sufren.
¿Y por qué ocurre esto? Porque no siempre se defienden los valores que convierten a la moda en un elemento positivo, constructivo. La moda debería ser una herramienta para ayudarte a estar bien contigo mismo, para reforzar tu autoestima, tu seguridad, tu estilo de vida. Cuando eso ocurre, se convierte en algo poderoso. Pero cuando se vive desde al obsesión por seguir las tendencias más rabiosas, es cuando entras en una vorágine que en lugar de ayudarte de confunde y te asfixia.
La moda no debería ser una carrera por alcanzar ‘la última tendencia’, porque, en realidad, esa última moda nunca existe: siempre hay una nueva, siempre hay una penúltima. Y así entras en una rueda que nunca para.
Por eso yo defiendo la sencillez, la funcionalidad, la calidad de los materiales, y sobre todo, la autenticidad. Lo importante no es la ropa en sí, sino cómo te sientes tú con ella. Que tu personalidad esté por encima de lo que llevas puesto. Mi deseo, al diseñar, es que quien vista mi ropa se sienta bien consigo mismo, que se reconozca, que se cuide, que se acepte y, sobre todo, que se quiera.
¿Se identifica más con la tradición y la elegancia que con las tendencias pasajeras?
Sí, sin duda. Yo me siento más reflejado en la tradición, en la elegancia atemporal, en piezas bien hechas que trascienden las modas del momento. Las tendencias cambian de una temporada a otra y pueden obligarte a estar en constante transformación, muchas veces sin rumbo claro.
Es cierto que hay personas con estilo y criterio propio que saben adaptarlas, interpretarlas y hacerlas suyas. Pero también hay mucha gente que, al dejarse llevar por lo que se supone que “está de moda”, termina vistiéndose con cosas que no le favorecen o que simplemente no tienen nada que ver con su personalidad. Aciertan unas veces, pero muchas otras no. Y eso genera frustración y desconexión con uno mismo.
Por eso, para mí lo más importante es ayudar a que cada persona defienda su estilo, su elegancia y su autenticidad. Que se sienta segura con lo que lleva, que vista desde su verdad. Me interesa resaltar lo que hace única a cada persona, no disolverla en lo que dicta la tendencia del momento.
Busco materiales de alta calidad, colores versátiles y favorecedores, formas que se adapten bien, que acompañen. En el fondo, la moda es también una evolución: vamos rescatando lo mejor de cada época. A veces nos inspiramos en los 90, otras en los 80… Es parte del proceso creativo. Eso sí, la evolución tiene que ser natural, lógica. No podemos caer en extravagancias vacías, como pensar que una chaqueta necesita tres mangas para ser innovadora. La innovación no está en lo absurdo, sino en lo constructivo, en lo que suma. Así entiendo yo mi trabajo: como una evolución coherente, al servicio de las personas.
¿En qué está trabajando en estos momentos?
Ahora mismo estamos cerrando la imagen de la colección de otoño-invierno, que empezamos a presentar ya entre junio y julio. Pero, como ocurre siempre en este oficio, ya estamos también trabajando en la colección del verano que viene.
Porque, en realidad, nuestras colecciones no tienen un punto de inicio y un final claros. No es que un día empieces y otro termines. Es un proceso constante, evolutivo. Siempre estamos trabajando, corrigiendo, mejorando, buscando esa excelencia que nos obsesiona —y que también es la que nos impulsa.
La búsqueda de la excelencia no tiene un final
Observamos cada detalle, cada elemento, pensando en qué podemos hacer para ofrecer al consumidor algo mejor, algo que le aporte valor real. Es un trabajo que nunca se detiene. La búsqueda de la excelencia no empieza nunca desde cero, pero tampoco tiene un final. Justo cuando crees que has alcanzado lo que querías, te das cuenta de que aún puedes ir un paso más allá.
Y es esa búsqueda continua, ese inconformismo, lo que nos mantiene vivos, creativos, en evolución constante. Siempre intentando dar lo mejor.
¿Cuál cree que es el mayor legado de Roberto Verino?
Creo que mi legado será, ante todo, el de haber sido una persona coherente. Alguien que ha vivido con pasión un estilo de vida profundamente vinculado a nuestra cultura, a esa forma tan nuestra -tan española- de disfrutar la vida. Y dentro de eso, siempre he creído que la elegancia, la manera en que nos presentamos ante los demás, tiene un poder enorme para hacernos sentir bien con nosotros mismos.
Por eso defiendo un legado basado en la sencillez, en la funcionalidad, y especialmente en la atemporalidad. Porque una prenda bien hecha, con alma, puede acompañarte durante años, formar parte de tu armario emocional, de tus vivencias, de tu historia personal. Ese tipo de moda es también una apuesta por la sostenibilidad. No hay mayor sostenibilidad que comprar con sentido, sin despilfarrar, sin caer en la lógica absurda de desechar una prenda solo porque cuesta más llevarla a la tintorería que comprar otra nueva.
Si algo espero que se reconozca de mi trabajo es haber puesto siempre en valor a las personas. Haber pensado en ellas, en cómo se sienten, en cómo se ven y cómo se quieren ver. Y haber intentado, a través de mi oficio, contribuir a un mundo un poco mejor. Porque la moda, bien entendida, también tiene esa responsabilidad. Y ese es el tipo de huella que me gustaría dejar.
Muchas veces digo que mi interés es vestir el alma de las personas porque es lo que de verdad busco y procuro.
Digamos que la marca Roberto Verino apuesta más por la economía circular…
Eso lo he defendido siempre. Lo que me ha generado también una cierta crispación es que en estos últimos años parece que hemos descubierto la pólvora, cuando en realidad si se hace las cosas bien, son sentido común y responsabilidad es todo mucho más sencillo.
Lo que pasa es que a veces hay gente que solo piensa que tu trabajo o tu oficio debe ser para especular y para ganar por encima de lo convencional. Yo creo es mejor razonarlo todo y construir un mundo que valga la pena, que sea mejor y nos estimule.
¿Qué opina de los basureros de ropa y de esa moda efímera y contaminante?
El problema no está en que se lleve o se deje de llevar sino en la necesidad de crear, que es lo que genera ese circulo vicioso.Yo defiendo una moda que enseñe a las personas a saber qué les favorece, qué les conviene, qué les hace sentirse bien de una forma razonable. Saber invertir, saber comprar con cabeza, entender lo que significa ser sostenible: eso es lo que de verdad puede cambiar las cosas.
Si todos actuáramos con esa mentalidad (de consumo razonado, de calidad frente a cantidad), el mundo sería mucho más sencillo. Evitaríamos muchos de esos despilfarros que no benefician a nadie. Porque el problema no es solo la ropa que se desecha tras usarse una vez, sino toda esa que ni siquiera llega a venderse porque ciertas empresas tienen la obligación de que no salga al mercado para poner otras prendas en circulación.