Todos los años, poco antes del 8-M, se dan a conocer diversos estudios sobre igualdad que miden el pulso de la sociedad. Según CCOO, las mujeres en España tendrían que ganar un 18,6 por ciento más para igualar su salario medio actual (23.301 euros) al de los hombres (27.642 euros). Por otro lado, un estudio de UGT sitúa a la Comunidad de Madrid como la región con mayor brecha salarial de España.
Estos preocupantes datos evidencian que el reto de alcanzar la igualdad sigue todavía lejos de cumplirse y, por desgracia, esto se ve agravado en el medio rural. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación llevó a cabo en 2021 una actualización del primer Diagnóstico de la Igualdad de Género en el Medio Rural, realizado en 2011 por el entonces Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino.
Este documento recoge que, dentro de la precariedad laboral del sector, las mujeres lo tienen incluso más complicado para sobrevivir dentro de él. El Diagnóstico indica que el mercado laboral en el medio rural sigue registrando una baja tasa de empleo (56,8 por ciento), comparado tanto con el total nacional (65,7 por ciento) como con los datos de 2011 –cuando la tasa de empleo del medio rural era del 61,9 por ciento–.
“Para las mujeres rurales, el mercado laboral se muestra más inaccesible todavía: la tasa de empleo femenina en el medio rural es del 51,6 por ciento y la masculina del 60,6 por ciento, por lo que la brecha de género es de nueve puntos porcentuales a favor de los hombres”, señala.
No obstante, la situación ha mejorado mucho en comparación con 2011, cuando la brecha laboral de género en el medio rural se situaba en 23,3 puntos porcentuales.
A pesar de estos datos poco halagüeños, y del hartazgo de los agricultores y ganaderos ante las condiciones de trabajo con las que cuentan, existen numerosos casos de éxito que son un faro para aquellas mujeres que buscan emprender lejos de las ciudades.
Laura Martínez, veterinaria y ganadera es una de estas mujeres que, apasionada por el mundo de los animales, decidió tras estudiar Veterinaria apuntarse a la Escuela de Pastores para probar suerte en el mundo rural. Un curso de emprendimiento le llevó a Concha, su socia, y ambas sacaron adelante en 2018, junto a la pareja de Laura, La Caperuza, una quesería sita en Bustarviejo que, a pesar de su corta vida, ha sido galardonada con varios premios por sus productos.
“Por diversas circunstancias, Concha se había quedado sola porque sus dos socios se habían ido. Ahí es cuando me incorporé yo al proyecto en la quesería y le compramos mi pareja y yo todo el ganado. Eso fue en 2018, y desde entonces hemos ido desarrollando el proyecto poquito a poco”, cuenta Martínez a Madridiario.
Los tres se encargan de la elaboración de los quesos, el cuidado de las 180 cabras que dan la leche para crear estos productos y de las 60 vacas y machos ‘Angus’ que pastan en sus campos. También cuentan con alrededor de 160 gallinas ponedoras, por lo que, además de los quesos, desde La Caperuza venden carne de ternera y carne de cabrito lechal y huevos de corral.
“También tenemos unos pequeños huertos que, con el estiércol de las vacas, cabras y gallinas vamos cultivando diferentes variedades de frutas de temporada, y hacemos diferentes actividades y visitas guiadas, tanto con particulares como con colegios, universidades y otro tipo de entidades”, añade esta joven ganadera.
El inicio, como la mayoría, no fue fácil. Tuvieron que hacer frente a una gran inversión para construir la quesería, al igual que enfrentarse a las trabas burocráticas, concretamente al retraso de su registro sanitario. “Eso dificultó muchísimo el avance del proyecto porque no se recibían ingresos de ningún tipo y es una de las razones por la que los dos primeros socios se marcharon y costó bastante sacarlo adelante”, explica Laura.
El acceso a la tierra, los ataques del lobo y el papeleo administrativo –una burocracia “infinita, tediosa y complica bastante el trabajo”– son otras piedras en el camino que sortean a diario para sacar su negocio adelante, así como las propias desventajas que trae consigo el vivir en el medio rural: “Los servicios, el tema del pediatra, por ejemplo, la conexión a internet, y las conexiones de transporte, que suelen ser bastante escasas”.
El hecho de ser una mujer joven –se inició en el proyecto con 25 años–, llegar de nuevas a este mundo y querer innovar, llamó la atención de los ganaderos de su entorno y la puso en el punto de mira. “He tenido siempre las ideas super claras y me da bastante igual lo que me diga la gente a mi alrededor, ya sean ganaderos o no. Yo siempre digo que recojo lo bueno que me dicen y lo demás lo desecho sin más”, aclara.
"Me apasiona lo que hago"
“Sí que se nota esa falta de confianza por parte de otros ganaderos, sobre todo, cuando empiezas, pero también cuando intentas hacer cosas diferentes. Nosotros tenemos una visión completamente de seguir adelante, de tecnificar, mejorar, aprender y optimizar todo lo que tenemos en el proyecto. Hemos implantado los GPS de vallado virtual, hacemos un manejo diferente, hacemos mucho estudio de datos, y eso la inmensa mayoría de ganaderos no lo suelen hacer y les llama la atención”, agrega.
A pesar de ello, Laura no cambiaría por nada su estilo de vida, condicionado por la pasión que ella tiene por los animales: “Las ventajas son muchísimas. Para empezar, la calidad de vida no tiene nada que ver, vas a un ritmo completamente diferente. Mi pareja y mi compañera al final hemos podido desarrollar un proyecto que ha pasado a ser nuestra forma de vida y además podemos vivir de ello. En mi caso, me apasiona lo que hago. Me fascina el tema de la ganadería y de estar con los animales”.
La crianza de sus dos niños en este entorno, en plena Sierra Norte de Madrid, es otro plus para esta empresaria: “A la hora de criar a los peques, me parece un entorno espectacular para poder hacerlo. Ahora que tengo a los dos peques estoy deseando que el segundo eche a andar para poder llevármelos a la finca y pasar allí el día con los animales”.
En el extremo opuesto de la región, concretamente en Chinchón, otras dos mujeres se encargan de sacar adelante Val Azul, una bodega que, tras mucho trabajo, dio sus frutos con la llegada de su primer vino en 2005, y que lleva el mismo nombre que la bodega que lo alumbró. Tras él, han llegado otros caldos como Fabio y Saborea Madrid, joyas de la casa que captan la esencia de la bodega.
Detrás de Val Azul están Eva Rodríguez y Blanca Pérez de Camino, caras visibles de este negocio y que convirtieron la pasión de la familia de Eva en una de las bodegas punteras en la Comunidad de Madrid.
“Venimos de familia de viticultores. Mi abuelo materno fue una gran inspiración. Tras acabar mi carrera de ICAI descubrí que lo que realmente me interesaba era seguir sus pasos y poder aplicar mis inquietudes de consumidora en lo que realmente me gustaría: cultivar, oler, beber… Soy inquieta y una esponja aprendiendo cuando algo me entusiasma”, apunta Eva a Madridiario.
Este sueño “inimaginable” echó a andar a finales de los años 90 y, hoy en día, ambas llevan por bandera estos vinos Denominación de Origen (D.O.) Vinos de Madrid, subzona de Arganda. Pero ello ha llegado con mucho esfuerzo a sus espaldas. “Creo que la dificultad mayor fue y sigue siendo el posicionamiento que tienen los vinos de Madrid en nuestro propio mercado”, lamenta.
“Tenemos una oferta brutal y un desconocimiento de nuestra propia tierra. En Madrid tenemos unos vinazos; un campo maravilloso; una historia que contar en nuestros caldos, en cada región, en cada bodega. Tenemos que pedir vinos de Madrid en Madrid en los restaurantes, en los bares, en nuestras tiendas. No tenemos nada que envidiar al resto de D.O., y el que lo prueba lo sabe. A mí me gusta viajar y en cada lugar degustar sus vinos y gastronomía. En Madrid, y como madrileña, cada vez que salgo lo intento y es una pena que el 75 por ciento de los sitios a los que voy no tengan en su carta nuestros vinos”, defiende.
Su pasión por la viticultura les anima a seguir adelante, a pesar de las trabas. Al igual que Laura Martínez, habla del problema de la burocracia: “El tema de la burocracia ya es algo de locos, en eso estamos toda la gente del campo de acuerdo, pero nosotros, los pequeños productores, es ir a pérdidas desde el inicio. Es soñar con que un día lo rentabilizarás”.
“Es tremendo la cantidad de trámites, de pagos, de certificaciones, de procesos, mil historias que ralentizan y encarecen las producciones y que, a mi modo de ver, se podrían simplificar. El abordarlo desde mimadas y pequeñas empresas como la nuestra es amor a la tierra, en nuestro caso, hacer del vicio un oficio”, comenta Rodríguez.
Sobre ser mujeres emprendedoras en el sector del vino, Eva y Blanca hacen hincapié en que cada vez hay más bodegueras y que Madrid es una región en la que las mujeres son una pieza clave en el sector.
“Cada vez las mujeres nos estamos haciendo más importantes en este mundo. Es cierto que históricamente es predominante la figura masculina, pero en eso Madrid creo que también ha sido pionera. Cada vez somos más las mujeres las que nos estamos haciendo un hueco importante en este mundo y nuestra sensibilidad, matices y nuestra manera de entender el vino están aportando una calidad, espontaneidad, belleza y sofisticación cada vez más necesaria para los consumidores y los amantes del vino”, destacan.
Para ellas, haber emprendido en el mundo rural es una “montaña rusa llena de emociones de la que nunca te quieres bajar”. Recuerdan con cariño los inicios de este “sueño”, la llegada de su primer vino en 2005 “con nuestro esfuerzo y nuestras manos, arriesgando a tope” y a todas las personas que les ayudaron en los inicios, a las que definen como “un regalo de la vida”. “Somos pequeños, y somos mujeres, ¿quién se lo iba a creer?”, sentencian.
Con motivo de la Semana de la Mujer, Val Azul participa este jueves en el evento #RecetasconMdeMujer de la Asociación de cocineros y reposteros de Madrid (ACYRE) que tendrá lugar en el Mercado de San Antón a las 11:00 horas, donde Eva Rodríguez dirigirá una cata de vinos D.O. Madrid. Esto no es nuevo para ellas, ya que en su bodega también invitan a todos los apasionados del vino a probar sus caldos, e incluso celebran bodas.
Por suerte, cada vez las mujeres que buscan emprender cuentan con más manos a las que acudir para pedir ayuda para iniciar su viaje empresarial. Desde el Gobierno de España, concretamente desde el Instituto de las Mujeres, existen numerosos planes con este objetivo, siendo uno de ellos el programa Desafío Mujer Rural.
Esta iniciativa, cofinanciada por el Fondo Social Europeo, está destinada a mujeres del mundo rural con una idea de negocio que necesitan elaborar su Plan de Empresa, o que ya tienen su negocio y quieren ampliarlo o consolidarlo. Uno de estos cursos es el de ‘Emprendimiento Desafío Mujer Rural’, de 120 horas donde las asistentes pueden aprender y compartir con otras compañeras con más experiencia o que se encuentran con las mismas dudas y plantean diferentes soluciones.
“Su objetivo es promover el emprendimiento de mujeres en el medio rural, facilitando el acceso a información, asesoramiento, acompañamiento y formación específica, que les permita crear o consolidar sus propios negocios, así como dinamizar el tejido empresarial femenino en el ámbito rural, para superar las brechas de género en materia de empleo y emprendimiento”, recalcan desde el Instituto de las Mujeres.
Esta formación es especializada, ya que, además de contar con la perspectiva de género, incorpora los aspectos característicos del mundo rural y la situación de las mujeres que en él viven. “La formación se acompaña de tutorías individuales que permiten a cada alumna el desarrollo de su propio plan de negocio”, informan.
Asimismo, el curso de marketing y comunicación digital permite a las participantes adquirir conocimientos básicos y competencias digitales para la comunicación de sus productos y/o servicios a través de Internet y aplicarlos a su modelo de negocio.
Desde el Instituto de las Mujeres cifran en más de 3.500 las mujeres que se han beneficiado de las consultas y asesoramiento de este programa y más de 90 organizaciones. “En los encuentros grupales han participado casi 400 mujeres; el número de horas de formación impartidas se eleva a 3.000; la plataforma de formación cuenta con más de 1.250 mujeres inscritas y el número visitantes del portal está por encima de las 47.000 y las visitas realizadas superan las 151.000”, inciden.
Son conscientes de las dificultades a las que se enfrentan estas emprendedoras. Una de las soluciones para alcanzar la igualdad en el mundo rural pasa por realizar “cambios profundos, así como del apoyo de diferentes administraciones”.
"Persisten unos roles y estereotipos de género muy marcados"
“En el medio rural persisten unos roles y estereotipos de género muy marcados tradicional y socialmente, que requieren no solo de una mayor corresponsabilidad en los cuidados, sino de servicios accesibles y adecuados, sino también y específicamente en el ámbito rural, para que se reconozca el talento y la capacidad de las mujeres para desarrollar oficios y profesiones que hasta ahora solo realizaban los hombres. Esto ha dado pie a que la población rural esté muy masculinizada, pues ellos sí encontraban salidas laborales que las mujeres no tenían”, afirman desde el Instituto de las Mujeres.
Otros retos a los que se enfrentan estas mujeres es revertir el envejecimiento de la población en las zonas rurales o el déficit de servicios en estos lugares, algo que, reiteran desde el Instituto de las Mujeres, requiere la intervención de las administraciones para conseguir que la población femenina pueda prosperar en ellos.
“La mayor formación de las mujeres y su apuesta por volver a los pueblos para desarrollar lo que han aprendido será fundamental para recuperar un equilibrio del medio rural y garantizar su sostenibilidad, la de un territorio donde ellas sean también protagonistas y fundamentales para la fijación de población”, pronostican.
Muchas asociaciones también brindan ayuda y canalizan las subvenciones del Gobierno y otras Administraciones Públicas. Una de ellas es Unión de Mujeres Agricultoras y Ganaderas. Su presidenta, Rosa Arranz, enumera a Madridiario las diferentes actividades y talleres que promueven desde la Unión, destinados a todo tipo de negocios, sean del sector primario o relacionados con el mundo rural.
Floristería, artesanía, ganadería, agricultura, vinos, alojamientos rurales… Las mujeres pueden encontrar en esta organización la ayuda que necesitan. Arranz subraya la importancia de adaptar estos cursos a las zonas en las que son impartidos para aprovechar al máximo los fondos que reciben.
“Se adapta a los diferentes lugares porque si no, no tendría éxito. Cuando se destina dinero a estas convocatorias por parte de las instituciones, hemos de ser responsables –como entidad que llega más cerca de las personas que van a participar en esta formación– de que los recursos sean lo más eficientes posibles y lo más pegados a las necesidades del territorio y de las mujeres. Es una forma de hacer un buen uso de estos recursos para los que todos, a través de nuestros impuestos, contribuimos”.
Para Rosa, la igualdad sobre el papel es posible de alcanzar, solo que en la realidad queda mucho camino por hacer, y no solo en el mundo rural, sino en multitud de ámbitos: “La lucha que tenemos como mujeres es mucho más intensa en ese logro de derechos porque estamos permanentemente cuestionadas”.
“También seguimos teniendo muchas más cargas. Aunque nos pongan una línea para subvencionar las cuotas de la Seguridad Social en empresas si se contrata a mujeres, probablemente el beneficio final redunda en la familia, porque la mujer va a necesitar tener recursos a su alcance y es ella la que los busca”, critica.
Pone el foco, como el resto de mujeres, en los servicios del mundo rural, escasos en comparación con las ciudades en los que, para desarrollar un negocio, es necesario, por ejemplo, guarderías para poder dejar a los niños al cuidado de alguien, tiendas para poder comprar e incluso buenas carreteras y conexión a internet rápida para poder vender los productos. “Todas estas cosas están en las cabezas de las mujeres mucho más que las de los hombres”, sostiene la presidenta de la asociación, que ensalza la capacidad de estas mujeres de emprender a pesar de todos estos escollos.
“Esa parte de creatividad o de empuje, constancia o insistencia la tenemos mucho más arraigada las mujeres que los hombres precisamente por los obstáculos que se nos han puesto. Hay veces que a los hombres les tira para atrás, por ejemplo, el manejo de las tecnologías del ordenador más que del tractor o asumir responsabilidades familiares y domésticas y a las mujeres esas cosas no nos echan para atrás y cuando hay que asumir las otras, tampoco. En ese aspecto creo que somos más valientes”, opina.
“Puede que las mujeres no tengamos una fuerza física necesaria en algunos momentos o algunas habilidades, pero tenemos muchas otras y lo que sabemos es darle la vuelta a las cosas como para ser capaces de llegar tan lejos como pueden llegar los hombres”, apunta.
Rosa, Laura, Conchi, Eva y Blanca son solo cinco de los millones de mujeres que un día se atrevieron a emprender en el mundo rural. Son, también, un gran ejemplo a seguir y esperanza para todas aquellas que deseen montar su negocio en el mundo rural.
“Creo que somos nosotras mismas las que muchas veces nos cortamos las alas y nos da mucho miedo dar el salto al vacío y dejar nuestra zona de confort. Siempre considero que de los fracasos se aprende, por lo tanto no son fracasos, son aprendizajes. Creo que hay que dejar de tener tanto miedo a lo que digan, a lo que puedan pensar y a aprender del camino que estás desarrollando. Que la gente se lance”, anima Laura.
“Hay que tener paciencia y luchar por las cosas que una no ve claras, y unirse, porque una voz quizás no se oye pero muchas juntas sí. Estar unidas y comprometidas con nuestro trabajo y tener “alma” de campo, ese sería nuestro mensaje”, subrayan Eva y Blanca.
“Las mujeres del medio rural son personas formadas, capacitadas, innovadoras, capaces de conciliar su vida laboral y personal a pesar de la escasez o falta de servicios, mujeres fuertes y valientes que se mueven con una idea de negocio o empresa y que no paran hasta conseguir desarrollarla, que están en todos los sectores y que velan por un cuidado del medio ambiente y por la sostenibilidad del territorio de forma natural, pues saben que de ese cuidado depende su futuro y el de sus familias”, defienden desde el Instituto de las Mujeres.
“No podemos parar de hacer una lucha constante y de reivindicar aquello que nos acerca más a esa igualdad. Si paramos, empezamos a retroceder. Las conquistas de los derechos nunca han sido fáciles y a las mujeres nos ha costado mucho más. Vi una vez en una frase que decía que a una mujer se la cuestiona el doble y se le permite la mitad”, apostilla Rosa Arranz.