En la Comunidad de Madrid viven alrededor de un millón de jóvenes de entre 15 y 25 años, de los que se calcula que 58.200 se encuentran en situación de desempleo, lo que supone una tasa de paro del 24 por ciento en la región. Sin embargo, uno de los indicadores más preocupantes es el riesgo de exclusión social, una problemática que afecta al 22 por ciento de los jóvenes en la Comunidad.
Con este dibujo de la situación de los jóvenes madrileños, destaca que la región cuenta con 273 centros de juventud: uno por cada 4.000 jóvenes. Para Gonzalo Sarmiento, director de programas de La Kalle – asociación que trabaja con jóvenes en riesgo de exclusión social –, la juventud necesita “espacios de participación, hay que generar alternativas”. Sarmiento asegura que los recortes en las actividades dedicadas a los jóvenes son cada vez mayores, algo especialmente grave en distritos con carencias socioeconómicas.
En la mayoría de municipios madrileños existe al menos un centro joven, incluso en aquellos más grandes como Fuenlabrada, que cuenta con seis lugares de encuentro para ellos. Poniendo el foco en la capital, existen un centenar de espacios repartidos por los diferentes distritos; sin embargo, a día de hoy, algunos no cuentan con ninguna Casa de Juventud. Es el caso de Puente de Vallecas y del barrio de Almendrales en Usera.
Almendrales fue uno de los barrios que durante los años 80 se remodeló bajo los conocidos PAU (Proyecto de Ampliación Urbanística). Se construyeron viviendas para sustituir las casas bajas imperantes en la zona, centros de salud, parques… Sin embargo, una deuda histórica ha quedado en esta colonia: la apertura de un teatro que lleva construido 30 años y que nunca se ha llegado a poner en marcha.
“Estamos muy decepcionados con los políticos, llevamos más de 30 años esperando este centro social”, cuenta Marisa Díaz, una histórica del movimiento vecinal en el barrio de Almendrales en Usera.
“No queremos que se convierta en un cajón de sastre"
El teatro se llegó a construir. De hecho, el responsable de su diseño, Antonio Lopera, cuenta a este Madridiario que el edificio, después de tres décadas, “sigue teniendo una utilidad social”. En 1991 comenzaron las obras, pero con el cambio de gobierno en la Comunidad de Madrid y la quiebra de la empresa constructora, se paralizó y nunca ha llegado a abrirse al público.
“La estructura está, hay un escenario, un foso, el palco… además tiene una sala polivalente que podría dar acogida a la asociación de vecinos”, explica Lopera. Este teatro tendría una función social más allá de la propia de la dramaturgia. Marisa Díaz cuenta que podría “ser un sitio donde estar, para los jóvenes que están en la calle sin hacer nada”.
"El teatro tendría una función social"
Para esta histórica dirigente es una deuda que espera ver saldada. Desde el 91 se han producido algunos intentos para su apertura, el más reciente en 2019 cuando se alcanzó un acuerdo en el Pleno del Ayuntamiento para su ejecución. Según fuentes del área de distritos del Consistorio, consultadas por Madridiario, “hay complejas circunstancias urbanísticas que impiden avanzar”, por lo que están valorando “otras opciones” para dotar al distrito de “un centro social tan demandado”.
Sin embargo, para Marisa esta no es la solución: “No queremos ocupar otro espacio teniendo ya este construido”. Por su parte, el arquitecto asegura que “la estructura está, lo que hay que hacer es adecuarlo y darle un equipamiento”.
Siguiendo por los barrios del sur, la situación en Puente de Vallecas no dista mucho de la vivida en Usera. A pesar de las dificultades que atraviesa el barrio, con altas tasas de paro y con rentas medias especialmente bajas, Puente de Vallecas no cuenta todavía con un centro juvenil propio. Para Mercedes Arquero, vocal y coordinadora de Planes de Barrio -de la asociación de vecinos Alto del Arenal-, se trata de una reivindicación que lleva activa años, la de conseguir “un espacio abierto al barrio y sobre todo a los jóvenes”.
En el año 2019 se planteó el proyecto y comenzaron las obras, que tenían previsto finalizarse a mediados de 2021. Sin embargo, el centro sigue cerrado y desde el colectivo vecinal temen que se le de un uso diferente al que ellos esperan. “No queremos que se convierta en un cajón de sastre. Nuestra idea es crear un espacio cogestionado entre el Ayuntamiento y el tejido asociativo”, cuenta Arquero.
Por su lado, desde el área de distritos han trasladado a este digital que se destinará a un “uso polivalente enfocado a la formación de jóvenes del distrito”, aunque se contempla la posibilidad temporal de realojar aulas del Centro de Mayores -cerrado actualmente por obras-.
Mercedes destaca que en el distrito de Vallecas viven 33.000 jóvenes y adolescentes con un nivel socioeconómico desigual, en los que influyen factores como la brecha digital agudizada durante la pandemia. Por ello, para la coordinadora de Planes de Barrio es importante crear un “centro atractivo y activo” para ellos.
Sin embargo, más allá de las condiciones específicas de cada barrio, la necesidad de espacios que permitan mejoras en la calidad de vida o el disfrute de un ocio saludable se extienden por toda la Comunidad de Madrid. “En general, la juventud necesita estos espacios per se, más allá de las situaciones de cada barrio”, explica Gonzalo de La Kalle.
Distritos que se sienten abandonados por la Administración y cuya situación socioeconómica reclama este tipo de atención. La renta media en Vallecas es de 18.049 euros al año mientras que la de Usera ronda los 20.169, un indicador que pone de manifiesto la situación de los vecinos en estos barrios.
En cuanto a los datos de los más jóvenes preocupa especialmente el absentismo en Usera y Vallecas, con un 1,19 por ciento y 1,27 por ciento de absentismo, un porcentaje que puede resultar bajo pero que sobresale respecto a la media de la capital, que se sitúa en el 0,65 por ciento. Se calcula que en el curso 2018-2019 casi 300 alumnos se saltaron las clases en estos barrios.
“Bajo el pretexto de que los jóvenes no votan se ha desatendido a la juventud”, señala Gonzalo que considera muy necesarios los cauces de participación para que los jóvenes “ejerzan estas prácticas y luego puedan aportar a la sociedad”.