Las infraestructuras de seguridad son aquellos centros concebidos para responder ante las emergencias de un barrio, como comisarías o parques de bomberos. Pues en el barrio del Pilar, a día de hoy, no hay ni lo uno ni lo otro.
El caso más visible es el de la antigua comisaría de la calle Ginzo de Limia, a pocos metros del centro comercial La Vaguada y en evidente estado de abandono desde hace años. La imagen del edificio, demoledora, descubre entre ladrillo y hormigón la estructura de la antigua sede en uno de los tramos de mayor tránsito del barrio.
Su historia es difusa y está poco documentada entre el tejido vecinal. Fue en noviembre de 2012 cuando la antigua sede en la que se atendían denuncias y se tramitaban DNI dejó de prestar servicio tras el traslado de la actividad a un nuevo edificio en Arroyo del Fresno. Entonces se justificó el cambio como necesario por las condiciones de acondicionamiento, salubridad y adecuación del espacio que presentaban instalaciones.
Así se mantuvo durante años: sin uso, aunque por el camino han surgido varios intentos de darle una segunda vida al bloque, sin éxito. En 2014, los vecinos propusieron convertir el espacio en un centro autogestionado para el distrito, mientras que desde la Subdirección General de la Policía se barajaba la idea de la reapertura del inmueble como archivo policial y un centro de denuncias. Ninguno de los dos proyectos llegó a materializarse.
Fue en medio de la pandemia, en 2020, cuando el edificio parecía encaminado por fin hacia una recuperación definitiva. La Dirección General de la Policía impulsó un proyecto de rehabilitación energética financiado parcialmente con fondos europeos.
Dicha renovación contemplaba la modernización de las instalaciones, nueva iluminación, paneles solares y mejores de accesibilidad mediante un ascensor, con fecha de finalización prevista para 2021 y con una inversión superior a los 821.000 euros. De hecho, las imágenes difundidas por la propia Policía mostraban el edificio desnudo: parcialmente desmontado, con el cableado visible y los cimientos al descubierto. Sin embargo, años después la situación no ha cambiado.
Desde entonces, se ha dado una paradoja difícil de ignorar: aquel edificio que recuerdan los vecinos como un símbolo de seguridad ha acabado por convertirse en un verdadero dolor de cabeza y en una carta de presentación poco deseable para el barrio.
El traslado a la nueva sede de Arroyo del Fresno no ha estado exento de críticas entre los vecinos durante todos estos años. Asociaciones y residentes llevan tiempo señalando la incomodidad de desplazarse hasta la nueva localización tras la pérdida de la comisaría de Ginzo de Limia.
Mientras tanto, el deterioro progresivo del inmueble ha aumentado durante años la sensación de abandono en el entorno. Según relatan algunos vecinos, el edificio llegó incluso a estar okupado en el pasado, motivo por el que actualmente el recinto está tapiado.
A diferencia de la antigua comisaría de Ginzo de Limia, el parque de bomberos de Monforte de Lemos sí mantiene un proyecto de rehabilitación en curso, aunque comparten un denominador común, según las versiones de los vecinos: "Allí no se avista un alma".
Tras el inicio de las obras en 2023, el servicio fue trasladado provisionalmente a un nuevo parque temporal habilitado en Arroyo del Fresno, desde donde actualmente opera el cuerpo de bomberos de la zona norte, antes ubicado en Monforte de Lemos.
El Ayuntamiento justificó el traslado por las importantes carencias que presentaban las instalaciones originales, construidas en 1981. El objetivo de la reforma, según el Consistorio, es convertir el complejo en uno de los parques de referencia de la capital.
El proyecto contemplaba inicialmente la ampliación y modernización de las instalaciones dividida en varias fases debido a la envergadura del proyecto. Así, en 2024 se dio luz verde a una segunda fase con una inversión de 1,68 millones de euros que se sumaban a los más de 3,7 millones ya destinados en la primera partida.
Sin embargo, la fotografía actual del parque y los pocos cambios que se observan alimentan las dudas entre los vecinos sobre el cumplimiento de los plazos previstos para el segundo semestre de 2026. De hecho, según la versión de los vecinos, apenas se aprecia movimiento visible desde el exterior, creciendo la percepción de abandono entre la comunidad.
De hecho, desde la Asociación Vecinal La Flor apuntan a una posible explicación para esta sensación de inactividad y falta de avances en estos dos años. Según información trasladada desde la Junta Municipal, las obras se estarían realizando mediante partidas económicas fragmentadas, por lo que habría que esperar a que llegue la nueva partida para que se reanuden las obras.
Fuentes municipales consultadas por este diario rechazan, sin embargo, la idea del abandono y sostienen que la ampliación del proyecto a una tercera fase responde precisamente a la voluntad de acometer una rehabilitación integral del parque tras el buen funcionamiento del recinto provisional durante estos últimos años.
Aunque a cuentagotas y por fases, todavía parece escribirse el futuro del parque de bomberos de Monforte de Lemos. No se puede decir lo mismo de la antigua comisaría de Ginzo de Limia, que, a pesar de su privilegiada ubicación, ya acumula más de una década de abandono en el Barrio del Pilar.