Hoy resulta difícil imaginar que el lugar donde se levantan los edificios de Nuevos Ministerios y donde miles de madrileños pasan cada día para coger el metro o el tren de Cercanías fue durante décadas uno de los espacios de ocio más elegantes de la capital.
A finales del siglo XIX, ese punto del paseo de la Castellana albergaba el Hipódromo de la Castellana, un recinto dedicado a las carreras de caballos que se convirtió en uno de los grandes centros sociales del Madrid de la Restauración.
El hipódromo fue inaugurado en 1878, en una época en la que la ciudad empezaba a transformarse profundamente. Madrid crecía hacia el norte siguiendo las líneas del Plan de Ensanche de Carlos María de Castro, que había abierto nuevas calles y avenidas destinadas a convertir la capital en una ciudad moderna.
El paseo de la Castellana comenzaba entonces a consolidarse como uno de los grandes ejes urbanos de Madrid, aunque todavía existían amplios terrenos sin urbanizar en sus alrededores.
Fue precisamente en uno de esos espacios donde se decidió construir el hipódromo.
Un espectáculo muy popular en el siglo XIX
Las carreras de caballos eran uno de los grandes espectáculos sociales en las capitales europeas del siglo XIX.
Ciudades como Londres o París contaban con grandes hipódromos donde se reunían aristócratas, burgueses y aficionados al deporte para asistir a las competiciones.
Madrid quiso sumarse a esa tradición y creó su propio recinto.
El Hipódromo de la Castellana pronto se convirtió en uno de los lugares más animados de la ciudad.
Los días de carreras el recinto se llenaba de público que acudía no solo para ver las competiciones, sino también para participar en el ambiente social que rodeaba al evento.
Carruajes llegaban desde el centro de la ciudad transportando a familias elegantes. Las tribunas se llenaban de espectadores mientras las apuestas y las conversaciones animaban la jornada.
El hipódromo era, al mismo tiempo, un espectáculo deportivo y un lugar de encuentro social.
Durante décadas formó parte del paisaje del ocio madrileño.
El crecimiento de la ciudad
Sin embargo, Madrid no dejó de expandirse.
A comienzos del siglo XX el norte de la ciudad empezó a urbanizarse con rapidez. Los terrenos situados a lo largo del paseo de la Castellana comenzaron a adquirir un enorme valor urbanístico.
El hipódromo, que cuando se construyó estaba prácticamente en las afueras, empezaba a quedar integrado dentro de una ciudad que seguía creciendo.
Finalmente se tomó la decisión de trasladar las carreras de caballos a un nuevo recinto situado fuera del núcleo urbano.
Ese nuevo espacio sería el Hipódromo de la Zarzuela.
El nacimiento de Nuevos Ministerios
Tras la desaparición del antiguo hipódromo, los terrenos de la Castellana comenzaron a transformarse.
Con el paso de las décadas allí se desarrollaría uno de los grandes proyectos urbanísticos del siglo XX madrileño: Nuevos Ministerios.
El complejo administrativo, construido durante el siglo XX, cambió por completo el paisaje de la zona y convirtió ese punto de la Castellana en uno de los grandes centros de actividad de la ciudad.
Hoy miles de personas atraviesan cada día ese lugar sin imaginar que durante décadas fue escenario de carreras de caballos.
Descubre también la historia del hipódromo que existió en la Castellana antes de Nuevos Ministerios.