El festival internacional de arte lumínico 'LuzMadrid', que ha programado intervenciones artísticas en distintos enclaves de la ciudad del 12 al 14 de marzo, ha generado críticas por parte de vecinos y ecologistas. En particular, la instalación ‘Nadar la noche’, prevista sobre el cauce del río Manzanares a la altura de la presa 8, ha provocado el rechazo del tejido vecinal, que ha denunciado que el Ayuntamiento contribuye a convertir el espacio en un “escenario” para eventos y espectáculos.
Durante los últimos años, el tramo urbano del río Manzanares ha experimentado un proceso de recuperación ecológica, que ha permitido la reaparición de numerosas especies de fauna y flora. Por ese motivo, ecologistas y asociaciones de residentes han alertado de que el uso del río como soporte para instalaciones lumínicas podría poner en peligro la presencia de seres vivos en el ecosistema.
Susana de la Higuera, miembra de la Asociación Vecinal Pasillo Verde Imperial, ha explicado que esta actuación no se limita a una intervención puntual, sino a un “suma y sigue del Ayuntamiento”, que utiliza el “río como un escenario”. “Hoy son unas esculturas y ayer eran unas luces. Mañana, ¿qué nos van a poner ahí? ¿Un concierto en medio del río? Es una tendencia contra la que estamos”, ha advertido la portavoz vecinal. Según ha señalado, los vecinos han percibido un incremento de iniciativas vinculadas a convertir el entorno del río en un espacio para actividades culturales y turísticas.
"Mañana, ¿qué nos van a poner ahí? ¿Un concierto en medio del río?"
“La renaturalización del río es un espacio fluvial con una biodiversidad que necesita que se proteja y no que se intervenga en él con estas actividades que tienen una finalidad turística”, ha manifestado De la Higuera. La preocupación vecinal subyace también en el valor ecológico que ha adquirido el río tras su renaturalización. Según los residentes, esa transformación debería generar nuevas formas de uso ciudadano del río, vinculadas a la observación de la naturaleza y no al consumo de ocio masivo.
Además, desde la agrupación consideran que el río se ha convertido en un refugio de biodiversidad dentro de un entorno urbano cada vez más afectado por el cambio climático. hace poquito aparecieron unas nutrias. “Esto es una maravilla en sí, es un éxito de ciudad”, ha subrayado De la Higuera.
Otro de los problemas que ha trasladado la vecina de Arganzuela a este periódico ha sido la presión inmobiliaria en su barrio, a causa de la “turistificación”. En este distrito, donde se encuentra buena parte del parque Madrid Río, el aumento del turismo ha provocado un incremento del precio de la vivienda y la expulsión de algunos de los residentes por el encarecimiento de los alquileres en la zona. “Yo creo que el principal impacto que estamos viviendo en Arganzuela con la turistificación es el impacto que está teniendo la vivienda y la gente que se está viendo expulsada del distrito”, ha destacado.
Las inquietudes vecinales han coincidido con las advertencias de la organización medioambiental Ecologistas en Acción, que ha denunciado los posibles efectos de la contaminación lumínica sobre la fauna del río. Noemí González, miembra de la organización, ha explicado que las luces instaladas sobre el cauce pueden alterar los ciclos naturales de muchas especies. “Al final, tanto las aves que vienen, que algunas son aves migratorias, como los propios peces que están en el río al tener las luces por la noche no permiten su descanso”, ha contado a Madridiario.
“Muchas de estas aves puede que dejen de pasar por aquí. También puede afectar a la reproducción de las mismas”
La iluminación nocturna puede interferir en los ritmos biológicos que regulan la actividad de los animales. Según González, ese impacto puede traducirse en cambios en el comportamiento o incluso en la desaparición de algunas especies. “Muchas de estas aves puede que dejen de pasar por aquí. También puede afectar a la reproducción de las mismas, tanto de los peces como de las aves, por no respetar los ciclos biológicos de día y noche”, ha avisado la ecologista.
La organización medioambiental ha considerado que la ciudad dispone de otros espacios más adecuados para albergar este tipo de intervenciones culturales. En el entorno del río se encuentra el centro cultural Matadero Madrid, un complejo que habitualmente acoge eventos artísticos y que, según los ecologistas, podría concentrar las actividades del festival sin afectar al ecosistema fluvial. “Teniendo en cuenta que además tienen Matadero al lado y que pueden utilizar toda esa zona que es un espacio cultural, que se puede ceñir a ese espacio, no tienen por qué ir a la parte del río”, ha dicho la representante.
El conflicto en torno al uso del Manzanares también ha exigido la necesidad de reforzar su protección jurídica. Algunos colectivos ciudadanos han impulsado en los últimos meses iniciativas para reconocer derechos propios al río, inspiradas en experiencias como la legislación aprobada para el Mar Menor. González ha defendido que ese tipo de herramientas legales podrían contribuir a evitar conflictos entre actividades culturales y conservación ambiental. “Se ha hecho un trabajo muy tedioso, muy fuerte, para renaturalizar el río, que llevamos desde el 2016, quiere decir que son casi 10 años para construir, para hacer un trabajo de conservación”, ha recordado.
En ese contexto, ha señalado que dotar al río de una protección más sólida permitiría garantizar que el esfuerzo realizado durante la última década no se vea comprometido por intervenciones puntuales.