Una potente tormenta solar ha provocado que el espectacular fenómeno de las auroras boreales —reservado a latitudes altas— pueda observarse también desde la Península Ibérica, incluida el área de Madrid.
El origen del fenómeno se encuentra en una eyección de masa coronal (CME) lanzada por el Sol, que desencadenó una tormenta geomagnética de nivel G4, considerada “severa”. Esta perturbación ha alargado el llamado “óvalo auroral”, permitiendo que las auroras puedan llegar a latitudes mucho más bajas de lo habitual.
Para los residentes en Madrid o la zona centro, si bien las condiciones no son tan favorables como en el norte de la península, no es imposible observarlas, sobre todo durante este episodio de alta actividad solar.
Las mejores horas para intentar ver las auroras boreales desde Madrid son las nocturnas, sobre todo entre las 22.00 horas y las cuatro de la madrugada, cuando la actividad geomagnética suele ser más intensa y el cielo más oscuro. Las previsiones apuntan a que el fenómeno podría repetirse durante las próximas noches, mientras la tormenta solar continúe activa, por lo que conviene mantenerse atento a las actualizaciones meteorológicas y de observación astronómica.
Para disfrutar del espectáculo en las mejores condiciones, es fundamental buscar un entorno oscuro, alejado de la contaminación lumínica de la ciudad y con una buena visibilidad hacia el horizonte norte. Cuanto más lejos se esté del centro urbano, mayores serán las posibilidades de distinguir los destellos de color. También es importante comprobar que el cielo esté despejado y sin nubes, y permitir que los ojos se adapten a la oscuridad durante unos 15 o 20 minutos antes de intentar observar. Si se utiliza una cámara o un teléfono móvil, conviene activar el modo nocturno o una exposición prolongada, ya que el sensor puede captar colores más intensos —verdes, rojos o violetas— que los percibidos a simple vista.
Además, resulta útil consultar fuentes especializadas que informen sobre la actividad geomagnética y el índice Kp, un valor que mide la intensidad de las tormentas solares y permite saber cuándo las condiciones son más propicias para la observación.
Aunque desde el casco urbano de Madrid las posibilidades son reducidas, existen lugares próximos donde la contaminación lumínica es menor y el horizonte norte se abre con más amplitud. La Sierra de Guadarrama, así como zonas rurales de Castilla y León o Castilla-La Mancha, ofrecen entornos ideales para intentarlo. Bastará con mirar hacia el norte-noreste, armarse de paciencia y dejarse llevar por la expectación de un fenómeno tan poco común en nuestras latitudes.