La polémica -y mediática, con hasta 50 medios y más de un centenar de periodistas acreditados- comisión de investigación que, desde la Asamblea de Vallecas, aspira a aclarar si hubo o no “irregularidades” o “trato de favor” hacia la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, en el diseño, asignación y funcionamiento de los programas de posgrado que esta encabeza en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha arrancado este miércoles, con algo de retraso sobre la hora prevista, las diez de la mañana, en la sala 'Caserón de San Bernardo'.
Lo ha hecho, además, tal y como cabía prever: con un fuerte dispositivo policial, abundante presencia de medios de comunicación en los pasillos de la Cámara y tensión más que evidente, ejemplificada en las múltiples llamadas al orden por parte de la presidenta de la comisión, Susana Pérez Quislant, entre los parlamentarios que integran el grupo de trabajo. También, claro, con ausencia de respuesta alguna, en base a su derecho a no declarar al encontrarse la causa judicializada, por parte de la propia Begoña Gómez.
Las preguntas diseñadas por los grupos con representación en Entrevías -PP, Más Madrid, PSOE-M y Vox- se han encontrado así con el silencio supulcral de Begoña Gómez, con cara de póquer durante la práctica totalidad de la sesión. Su participación, más allá de la mera presencia física frente a los diputados, se ha limitado al 'paseíllo' desde el ascensor que comunica el aparcamiento subterráneo de Entrevías con la sala designada para la comparecencia y una breve defensa de su inocencia sobre cualquier responsabilidad, ya sea política o judicial, en el caso.
"Más pronto que tarde la verdad pondrá las cosas en su sitio"
Tras aguantar estoicamente los primeros envites de la representante designada por el Partido Popular para el interrogatorio, Mercedes Zarzalejo, Begoña Gómez ha querido destacar el "evidente objetivo político" que, a su juicio, persigue la comisión, subrayando asimismo lo extenso de una trayectoria profesional marcada por el "esfuerzo" y que ha estado ligada a la 'Complu' desde el año 2012. "Hace 12 años que inicie una colaboración con la Complutense como codirectora de títulos propios para formar a profesionales especializados en proyectos sociales y de sostenibilidad. Es en 2020 cuando esta colaboración se amplía con la cátedra extraordinaria, una práctica habitual dentro de las universidades públicas", argumentaba, sumamente calmada, al inicio de su exposición.
La "colección de denuncias judiciales" y "bulos" vertidos a este respecto persiguen así, al menos a su parecer, un "objetivo político evidente": "Solo tienen que fijarse en la lista de denunciantes". No ha habido, por ende, sorpresa, y la decisión, acompasada a las recomendaciones de su equipo legal, ha sido la esperada: abrazar su derecho a no declarar. "En esta situación, asesorada por mi letrado, me voy a acoger a mi derecho a no responder tras cumplir con la obligación de personarme. Más pronto que tarde la verdad pondrá las cosas en su sitio", zanjaba contundente Begoña Gómez. De ahí en adelante, ni una sola palabra.
El argumentario expuesto por los distintos partidos tampoco ha dado lugar a sobresaltos de ningún tipo. A estas alturas es, de hecho, de sobra conocido. Las fuerzas conservadoras, PP y Vox, se darían en esta ocasión la mano para lanzar continuos ataques o, al menos, menciones veladas, a la influencia de Pedro Sánchez sobre el despegue de la carrera de su esposa. Más aún teniendo en cuenta que esta carece, de acuerdo con lo publicado por diversos medios, de la formación académica superior necesaria para ostentar la coordinación de posgrados en la UCM. Un refuerzo, en definitiva, a las acusaciones de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, intrusismo y apropiación indebida -del software- a las que Begoña Gómez se enfrenta en sede judicial.
"O bien, ante tantas evidencias, no tiene defensa; o bien, tiene una falsa"
"Su silencio solo puede justificarse en dos cosas: o bien, ante tantas evidencias, no tiene defensa; o bien, tiene una falsa (...). Es indignante que no haya dado ni una sola respuesta a los profesionales del mundo universitario que se esfuerzan durante años para alcanzar una cátedra", lanzaba Zarzalejo. Palabras ratificadas, instantes después, por la diputada de Vox Ana Cuartero, para quien Pedro Sánchez sería, en último término, el "autor intelectual" de la supuesta "trama de corrupción".
En la trinchera contraria, la de Más Madrid y el PSOE-M, destacaba, como era factible adivinar, la defensa, a capa y espada, a la figura de Begoña Gómez. También, claro, al Ejecutivo central y su líder. A tal fin, ambas fuerzas han tratado de desviar -con escaso éxito fruto de la rigidez mostrada por Pérez Quislant- el "objeto" de las comparecencias hacia el "rodillo" que la mayoría absoluta Popular trae consigo en el transcurso de la actividad parlamentaria.
Un intento frustrado en buena medida pero que por momentos ha logrado centrar el tiro en aspectos como la designación Popular de la totalidad de citados del día -Begoña Gómez, el rector de la 'Complu', Joaquín Goyache, y la interventora de la institución, María Elvira Gutiérrez-Vierna de Molina-, la imposibilidad de abrir otra comisión de investigación sobre las muertes de mayores en residencias durante la pandemia o la negativa a discutir sobre la "infrafinanciación" de las universidades públicas madrileñas. Todo con un objetivo último: "Estamos aquí porque hay una persecución política orquestada por la derecha y la ultraderecha para desgastar al Gobierno",
"Estamos aquí porque hay una persecución política orquestada por la derecha y la ultraderecha para desgastar al Gobierno"
Versiones para todos los gustos y que han estado bañadas por la tensión perenne entre los diputados designados por las fuerzas progresistas y la presidencia de la comisión. En concreto, Más Madrid y PSOE-M señalaban el doble rasero de Pérez Quislant a la hora de intentar "censurarles" mientras admitía expresiones controvertidas en boca de Zarzalejos y Cuartero. Entre ellas, tildar a Pedro Sánchez de "autócrata". También se registraron protestas en torno a la presencia de fotógrafos y cámaras en la sala instantes antes del inicio de la sesión, zanjadas con un sonoro "vamos a dejarles hacer su trabajo".
El balance definitivo, numerosas llamadas al orden hacia la socialista Marta Bernardo e incluso la retirada de la palabra a la líder de la oposición, Manuela Bergerot, en los compases finales de su réplica.