Hay infinidad de blogs, páginas webs o shorts en TikTok sobre planes para hacer en la ciudad. Muchos de ellos explican supuestos secretos que la gran urbe todavía guarda para turistas y nativos. Dónde encontrar el restaurante más antiguo o incluso una marca de cantería en algún enclave especial son algunos de los contenidos que recogen estas publicaciones. Pinceladas de la historia matritense adaptada a las nuevas generaciones, que en la mayoría de ocasiones se alejan de profundizar en los orígenes de la ciudad de nuestros días. Más allá de su origen histórico, mezcolanza de pueblos y cambios históricos, Madrid es también el recuerdo de los 13 municipios que tras la Guerra Civil se anexionaron a la capital y que tras varias décadas todavía quedan recuerdos que sobreviven al paso del tiempo.
Una gran operación de fusión de estos ayuntamientos a la ciudad de Madrid que supuso el aumento de territorio de la ciudad y la escalada en el número de habitantes de una capital en la que todavía pervivían los estragos de la guerra. Para apreciar la envergadura de la operación de anexión, basta con revisar los números. Entre 1948 y 1954, la superficie del municipio pasó de 68 kilómetros cuadrados a 607, multiplicándose por nueve y aumentando la población en 330.000 personas, alcanzando un total de 1.843.705 habitantes en 1955. Cifras que podrían haber sido aún mayores ya que hasta 25 municipios estuvieron en consideración de incorporarse a Madrid, entre ellos Alcobendas, Alcorcón, Pozuelo de Alarcón, Leganés o Boadilla del Monte.
Las discusiones sobre este tema estuvieron circulando por los despachos desde principios del siglo XX, pero los que finalmente fueron incorporados Chamartín de la Rosa, Carabanchel Alto, Carabanchel Bajo, Canillas, Villaverde, Hortaleza, Barajas, Vallecas, El Pardo, Vicálvaro, Fuencarral, Aravaca y Canillejas, que estos días conmemora el 75 aniversario de su anexión a Madrid con un reconocimiento a varias instituciones y agentes sociales que han vertebrado la historia de este antiguo municipio.
Ahora, son muchos quienes aprovechan las efemérides de estas uniones para reivindicar el papel y la historia de las antiguas villas. Cada vez hay más personas que no quieren que desaparezca lo que queda de los antiguos municipios anexionados. Del neomudéjar en Tetuán (que pertenecía a Chamartín de la Rosa antes de la anexión), Carabanchel o Vallecas. Hitos artísticos y naturales como la Quinta de Los Molinos y Torre Arias, en Canillejas; el palacete de Villa Rosa, en Canillas; las colonias históricas de Chamartín; el mirador del Cerro del Tío Pío, en Vallecas; el Capricho en la Alameda de Osuna y la plaza mayor de Barajas; la naturaleza de los montes de El Pardo; los vestigios rurales de Hortaleza, como su Silo y su lavadero; el pasado popular, ferroviario e industrial de Villaverde; los restos de los antiguos pueblos de Aravaca y Fuencarral, y el impresionante muestrario rural y aristocrático de los Carabancheles. Pasando por la Ciudad Lineal, que formaba parte de Canillas, que reivindica por la recuperación del legado de Arturo Soria. Muchos de estos antiguos pueblos aún conservan en gran medida sus iglesias, cementerios, colegios, edificaciones propias, restos arqueológicos y huellas de la Guerra Civil. El distrito de Vicálvaro es, además, el único que tiene un museo propio, con una gran colección de sorprendentes objetos, documentos y fotos del antiguo pueblo gracias al empuje de la asociación Vicus Albus.
Entre 1948 y 1954 se anexionaron 13 municipios
Ricardo Blanco, periodista y especialista en la historia de los municipios anexionados, señala a Madridiario que en las 13 antiguas villas todavía quedan recuerdos importantes de su pasado como municipios independientes, como muestra de ello sitúa la plaza y el casco histórico de Barajas, donde quienes se acerquen este enclave podrán adentrarse en sus soportales y columnas de granito. Un espacio que comenzó a construirse un año antes que la céntrica Plaza Mayor, “es una auténtica maravilla y la mayoría de la gente de Madrid no la conoce ni la ha visitado”, sentencia. Blanco subraya que el paso de los años ha borrado gran parte de las tradiciones de estos puntos: “La mayoría sobreviven en relación con celebraciones religiosas”, apunta a este medio. Vicalvareño de nacimiento, el periodista apunta a que el inevitable paso de los años y la muerte de las últimas generaciones que habitaron en los antiguos pueblos conllevaron la desaparición de las tradiciones vinculadas a ellos: “La gente mayor de mi barrio sigue diciendo ir a Madrid para referirse a un desplazamiento al centro de la ciudad”.
Sobre las acciones encaminadas a reivindicar la historia de los antiguos municipios, Ricardo Blanco insiste en el papel de las juntas municipales de distrito para organizar actividades encaminadas a esa tarea, “hay que trabajar con los colectivos vecinales y con los mayores de esos barrios”, indica a este medio al tiempo que señala la importancia de los movimientos vecinales para proteger el legado de las antiguas villas: “Hace años los vecinos paralizaron un proyecto urbanístico que pretendía destruir parte de la plaza de la iglesia en Hortaleza. Esos colectivos son los que más los conocen. Hay que ir de su mano”, concluye.
En pleno trabajo y poniendo a punto la caseta para sus fiestas, José Luis Mesa, presidente de la Asociación Vecinal Amistad de Canillejas, apunta a Madridiario que el el sentimiento de pueblo perdura pese al paso del tiempo: “Ahora en fiestas viene gente de fuera que solo ves una vez al año”. Este 2024 celebran varios aniversarios: por un lado ,los 75 años de la anexión de Canillejas a la capital, además de 50 años de asociación, pero Jose Luis apunta a otra efeméride menos conocida: hace 10 años el nombre de la antigua villa se incorporó al nombre del distrito, San Blas-Canillejas,“era de justicia”, sentencia. Mesa señala que lo que queda del pueblo anexionado se nota en los sentimientos de la gente y en varios edificios de cuando el barrio era un pueblo como su cementerio o la Iglesia Santa María la Blanca, catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 2019. El representante vecinal indica que desde la asociación trabajan para que el sentimiento de pueblo, ahora barrio, que acoge a todos con los brazos abiertos perdure: “Es un objetivo con el que continuamos”. La entidad, además, organiza rutas para que propios y ajenos conozcan el barrio y sus orígenes.
En la cabeza del franquismo estaba la idea de construir el Gran Madrid. Una urbe a la altura del nuevo régimen que se levantase de sus ruinas y que dejara atrás su fama de capital republicana bajo el reconocido lema internacional del no pasarán. En su libro ‘Madrid, metropolis (neo) fascista', el historiador Pablo del Hierro señala que tras la contienda, las autoridades de la dictadura “entendieron la dimensión simbólica y material” de apostar por reconstruir Madrid y darle una nueva narrativa de gran ciudad de un nuevo tiempo político. Para del Hierro, el franquismo comprendió como una “oportunidad inigualable” la posibilidad de “empezar de cero” para crear esa nueva identidad.
En la década de los 40, la ciudad comenzó a vivir años intensos de transformaciones con la puesta en marcha del conocido como Plan Bigador, un proyecto de ordenación urbana diseñado por el arquitecto Pedro Bigador. Este plan se entiende como una representación y símbolo de una particular visión de la ciudad, desarrollada según la teoría de la urbanización falangista, con elementos de alto valor figurativo que actúan como una capa destinada a cumplir con la demanda política de un contenido simbólico y emblemático. Al margen de estas interpretaciones, es el primer plan urbanístico elaborado en España que reguló de manera integral los usos del suelo por zonas y planificó su desarrollo a través de la formulación de planes parciales.
Este Plan General de Ordenación de Madrid, aprobado en 1946, fue el primer proyecto urbanístico integral que incluyó los suburbios de Madrid con objetivo de ampliar la ciudad hacia las grandes áreas vacías entre los suburbios y los límites municipales. Así nació el Gran Madrid, marcado por un enfoque de capitalidad que exaltaba los valores tradicionales y nacionalistas, una megaurbe española, que era uno de los pilares del plan. Las identidades de los antiguos pueblos se fueron desvaneciendo durante el franquismo. Con la llegada de la democracia, sus barrios, junto a otros nuevos y algunos del Madrid de siempre, jugaron un papel crucial en la lucha por conseguir viviendas dignas, parques, transporte, centros de salud e incluso semáforos.