Inspirado en el edificio de la Bolsa de Viena, el arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas proyectó la sede oficial de la más importante institución bursátil del país. Las obras comenzaron en el año 1978 en un solar cedido por el Estado en pleno corazón del icónico Paseo del Prado, en la anexa Plaza de la Lealtad.
María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII y reina regente en la época, inauguró el Palacio de la Bolsa el 7 de mayo de 1893. Atrás quedaban años de itinerancia que comenzaron en 1831, cuando José I, hermano de Napoleón, instauraba la actividad especulativa en España después de más de 200 años de funcionamiento en Ámsterdam para facilitar las transacciones de los comerciantes de Brujas.
Un templo para la economía
Repullés diseñó un edificio de estilo neoclásico que seguía la línea de otros palacios madrileños construidos a finales del siglo XIX como el Banco de España o la Biblioteca Nacional. La nave principal se sustenta sobre una base piramidal por el objetivo del artista de crear un "templo de la economía".
En el exterior, un atrio con relieves que representan el Comercio, la Industria,la Agricultura y la Navegación. En el interior, un reloj de envidiable precisión llegado desde Estrasburgo de donde cuelga la campana que marcaba el inicio de las sesiones. También unos imponentes techos decorados con pinceladas que plasman las diversas provincias ejecutadas por los pintores Luis Taberner y Luis Imbrol, encargados de la ornamentación de las salas.
Uno de los elementos más importantes, un Caduceo compuesto por dos serpientes que se miran simbolizando la oferta y la demanda y una vara que las separa como si de un medidador se tratase (la función de la bolsa). Para coronar la escultura, dos alas que aluden a la rapidez en la toma de decisiones a la hora de comprar y vender.
En conjunto, un palacio reconocido como Bien de Interés Cultural en 1992 que, sin embargo, dejó de prestar servicio en 2006.