Desde el 3 de julio de 2005, dentro del Artículo 44 del Código Civil puede leerse: «El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo».
Por fin, las parejas homosexuales ganaban una gran batalla contra la desigualdad y adquirían los mismos derechos que una pareja heterosexual a contraer matrimonio y a la adopción de niños.
La Ley del matrimonio homosexual entraba en vigor en la fecha ya nombrada tras votarse por partida doble en el Congreso de los Diputados. El proyecto de ley fue aprobado por primera vez –tras un largo camino y con varios baches que sortear todavía– el 21 de abril de 2005.
183 votos a favor sirvieron para dar el primer paso hacia la entrada en vigor de esta ley que convertiría a España en el cuarto país en legalizar el matrimonio homosexual y salvar la brecha que separaba a las parejas del colectivo LGTBI del resto.
Unió Democrática de Catalunya y Partido Popular se posicionaron en contra, pero Celia Villalobos –que acabó sancionada por su partido– decidió votar a favor y con la mayoría del Congreso aprobando el proyecto, la ley pasó a manos del Senado con los vetos de estos dos partidos y se votó el 22 de junio, adquiriendo de nuevo la mayoría suficiente para seguir adelante.
El feliz desenlace se produjo el 30 de junio de 2005 en el Congreso, donde se levantó el veto y se aprobó esta reforma del Código Civil con 187 votos a favor, 147 en contra y cuatro abstenciones, produciéndose tan solo 11 días después la primera boda entre Carlos y Emilio, que llevaban 35 años juntos, en el madrileño municipio de Tres Cantos.
Este logro se fraguó durante el mandato del PSOE gracias a la incansable lucha de Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales, que supo trasladar las peticiones del colectivo a los altos cargos de la política, primero en su partido y después al resto.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, se mostraba en su discurso orgulloso del gran avance que España estaba acometiendo, rompiendo una gran barrera que nunca debería haber existido: