En 2011, Juan de Antonio creaba una startup española que, seis años más tarde, domina el negocio de los VTC en España. El objetivo era ofrecer vehículos con conductor "que no fueran taxis" para hacer disfrutar al usuario de una experiencia "única". Así nació Cabify.
Con un logo que representa "el cariño" que la empresa pone en cada servicio que realiza, la compañía se ha hecho un hueco en un mercado difícil que cuenta con una competencia feroz por parte de Uber y de los taxis.
La receta de su éxito radica en el servicio que prestan sus conductores. Una botella de agua, elección libre de música, ventanas tintadas, precio fijo y un servicio -normalmente- más barato que el prestado por los taxistas son atractivos que cada día reclaman más usuarios y que tienen un precio que no pagan ellos. Esa tarifa va a cargo de los trabajadores, que repiten un mantra común: "Mataríamos por ser taxistas y por tener sus condiciones".
Así de sinceros se muestran varios conductores con los que Madridiario ha contactado para desvelar las condiciones bajo las que desarrollan su actividad. Las principales quejas se concentran en tres ámbitos: horas trabajadas, sueldo y precariedad.
J.L., uno de los extrabajadores de la empresa que no quiere facilitar su nombre completo, explica que "en teoría" se firman ocho horas pero que son un total de 10 y media las que deben estar de servicio. "Nosotros tenemos que tener la aplicación abierta durante, al menos, 12 horas, a las que hay que restarle un descanso de 90 minutos", declara. Completando este tiempo, las empresas que les contratan -a través de las que Cabify oferta su servicio- también les marcan un mínimo de facturación: 3.000 euros.
En este punto, si alcanzan esa cifra, Cabify se queda un porcentaje (19 por ciento). El dinero restante se reparte entre el trabajador (43 por ciento) y la empresa 'subcontratada' (57 por ciento). Si la facturación no alcanza tal nivel, el sueldo del trabajador queda reducido a 800 euros. Además, que no cumplan con este objetivo "debilita", según los trabajadores, su posición, pues cada semana se producen despidos "masivos", en los que se vieron afectados tanto J.L. como F.M., otro de los conductores consultados. El motivo fue su "lentitud", algo que ponen en entredicho ya que, según sus cálculos, "estaban cumpliendo con los mínimos".